21 de agosto del 2017
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1) Podemos acudía con un misión difícil a esta moción de censura que, como dijimos hace meses, nació muerta. Hacerla creíble y necesaria. Anestesiados por el efecto Pedro Sánchez, tocados en las encuestas e ignorados por el gobierno, la misión no era sencilla. Pero la dureza de Irene Montero contra la corrupción y un discurso constructivo de un Pablo Iglesias con perfil institucional han devuelto un optimismo moderado a la formación morada.

2) Irene Montero abrió el debate y quizás firmó su mejor intervención hasta la fecha como parlamentaria. Dio una imagen sobria, elegante pero dura, de ideas claras y de haber pulido mucho el discurso. Como detalle brillante, se metió al público feminista en el bolsillo subrayando la importancia del papel de la mujer en el cambio político. Es cierto que no tuvo momentos de espontaneidad, pero sí un momento de gloria de 90 eternos segundos para el Partido Popular en los que enumeró todos los casos de corrupción de este partido durante su gobierno. Un recuento que retrató una evidencia: no son casos aislados, se trata de un sistema cleptócrata y corrupto.

3) Rajoy, por su parte, rompió el guión establecido y adelantó su intervención tras el contundente paso de Montero por el atril. Todo un logro. El presidente utilizó las armas ya conocidas del Partido Popular, pero en esta ocasión no estuvo especialmente socarrón, como en otros episodios recientes en el Congreso. Aludió a su propia experiencia de gobierno y a su condición de invicto e irreductible. No quiso dar explicaciones sobre la corrupción (el saqueo no tiene explicación) e intentó dibujar a un Pablo Iglesias con vaivenes ideológicos, poco fiable, nunca presidenciable. La táctica del miedo y del caos. Venezuela, inestabilidad, inexperiencia… nada nuevo bajo el sol, pero efectivo para su hinchada. Y la sempiterna caricaturización del adversario: “¿en qué pensáis? ¿Cómo podéis decir eso? ¿En qué cabeza cabe?”.

4) Pablo Iglesias cambió su imagen para la ocasión: utilizó una vestimenta sobria y un tono serio de claro perfil pedagógico. Mélenchon´s style. Iglesias tiene que lidiar con su escasa popularidad, sobre todo entre las personas más mayores para los que cuentan las formas y la imagen. Aunque fuera una prueba de fuego para él, es cierto que después del paso de Montero le bastaba con una actuación ceñida al discurso elaborado en la calle Princesa para conseguir el aprobado. Y así lo hizo. Iglesias sacó su faceta de profesor y firmó una actuación especialmente didáctica, ambiciosa, excesiva y liosa en sus referencias históricas pero intelectualmente estimulante. Quizás su mejor parte fue las medidas concretas, con referencias a los 8 sectores que necesitan un diálogo social, aunque algunas voces aplauden sus 11 medidas para proteger la democracia.

5) El discurso de Podemos ha presentado un proyecto de país, con especial tacto con las minorías, plurinacional, con más gasto social y protección sobre las clases populares. Una visión en las Antípodas del actual modelo de país.

6) Dos momentos populistas ha tenido el discurso, recuperando la esencia errejonista, la enumeración de los gremios laborales de La otra España y la enumeración de las Comunidades Autónomas, sus dificultades y un plan de integración y modernización de las mismas.

7) Para expulsar al Partido Popular del Gobierno, Podemos va a tener que entenderse, ya sea con una posición de superioridad, ya sea con inferioridad, con el Partido Socialista. Al menos con el ala menos retrógrada que sigue identificándose con la palabra “izquierda”. La formación morada ha rebajado el tono contra ellos y ha tenido menciones amables (incluso un reconocimiento a Felipe González).

8) La corrupción es el asunto que más daño le hace al Partido Popular. Ideológicamente tiene presa a su parroquia, que solo ante la deslealtad del saqueo hace amago de abandonarle. Con lo que ha llovido estos meses, el Partido Popular solo ha perdido 3 puntos en intención de voto. Pero si algo pierde es, efectivamente, cuando se visibiliza su corrupción. Por todo lo demás, es difícil arrancarles un solo voto.

9) En el complejo asunto catalán, el factor tiempo ha ayudado a Podemos. Pese a que Rufián dice que le chirría el discurso, con más tiempo para explicar su posicionamiento, la formación morada ha mostrado más sensibilidad, cercanía y respeto hacia Cataluña y los demás pueblos de España que el bipartidismo en todos estos años.

10) La sensación es que a Podemos le ha ido mejor de lo esperado esta frustrada moción de censura, pues afianza a los suyos y podría seducir a potenciales votantes, pero al mismo tiempo Rajoy ha tirado de manual y se ha sacudido la presión como si fuera un juego de niños, el tablero político sigue enquistado y las opciones de una moción con un Pedro Sánchez presidenciable son prácticamente nulas. Al PSOE le viene bien esperar, al país, no.

 

La imagen es un montaje de EFE
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