12 de octubre del 2018
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Hablemos claro, España tiene un problema grave con el auge del fascismo. Dicen los expertos que no es significativo, que su margen de crecimiento es limitado, que no da para más. Pero cualquier crecimiento entre quienes fomentan la intolerancia debe hacer saltar las alarmas. No hay plaga más eficaz en la historia de la humanidad que el odio.

No hay peor arma de destrucción masiva.

Y es que el auge de la extrema derecha no puede ser tomado a la ligera. Cabe reflexionar cómo hemos llegado al punto en el que una formación como VOX (abiertamente xenófoba, homófoba, antifeminista y ultranacionalista) haya llegado a llenar un espacio como Vistalegre. Porque para hacerlo hace falta empresarios, donantes y masa social. Han sido muchas las voces estos días que han señalado al independentismo como causa principal del brote fascista, pero es un reduccionismo que ayuda poco a analizar la situación en la que nos encontramos. Hay mucho más detrás.

Analizamos, en 10 claves, el auge de la extrema derecha en España.

1) El papel de los medios de comunicación

Ahora se lavan las manos o se las echan a la cabeza, pero los medios de comunicación en España han ayudado, y mucho, a sustentar y difundir el discurso xenófobo (El Mundo tuvo un verano de gloria), transmitiendo una sensación de miedo y descontrol en las fronteras este verano.

También se les ha visto blanqueando a Savini, equiparando antifascismo con fascismo como si fueran lo mismo, dando voz a los personajes de la Fundación Franco a diario, llamando a concentraciones por la unidad de España lo que eran concentraciones neonazis, ignorando los verdaderos problemas de este país en sus contenidos o dando espacio a personajes infames en horarios de máxima audiencia.

Es hora de recuperar la agenda mediática y ponerle un poco de sentido común. Sin olvidar lo que es noticia de alcance, unos clics de más no merecen la pena si generan odio tras de sí. Lo explicaba muy bien Pedro Vallín en Twitter, hay que reinventar la agenda. También Raúl Solís habló al respecto, ¿y si no ganan espacio mediático? ¿Y si se silencia el odio?

Lo cual lleva a la siguiente reflexión. ¿Y si este mismo artículo es, en sí, un error?

2)  El Independentismo Catalán

Es cierto que el independentismo catalán ha convulsionado al nacionalismo español, pero tomarlo como único motivo del auge de ultraderecha es  obsesionarse con una sola parte del cuadro. Lo que se ha llamado en Cataluña la “mayoría silenciosa”, en el fondo, ni es tan mayoría ni es tan silenciosa. En España hay miles de personas a los que el conflicto catalán les queda lejano y no forma parte de sus preocupaciones, y sin embargo, simpatizan con la extrema derecha. En Europa florece la ultraderecha en países sin conflictos identitarios.

Pero es obvio que la vía unilateral decidida por el sector independentista ha polarizado a su antagonista, precursora del “A por ellos, oe”. Que Torra y los suyos persistan en un camino que va a ninguna parte no hace sino radicalizar el escenario. A más persistencia, más resistencia.

Con el problema catalán encallado y las vías de diálogo muertas, cada bando permanecerá felizmente en su trinchera, y la fractura social lejos de sanarse. 

3) La escasa erótica de la izquierda española

Pese a que nos cuentan que ha pasado la crisis y hay más desigualdad que nunca, pese a que las condiciones de vida de muchísimos españoles siguen siendo difíciles o extremadamente difíciles, pese a que la necesidad de la gente pasa por una redistribución de la riqueza y una mejora del estado del bienestar, pese a todo, la izquierda no capitaliza ese desencanto en forma de votos en España. En número de votos, son más la gente de derechas en este país. Su discurso ni seduce ni aglutina. La izquierda ha abandonado a la clase obrera y la clase obrera ha abandonado a la izquierda, de mutuo acuerdo.

Alejarse de una caricatura que le enmarca en luchas absurdas, y aparcar la guerra de siglas y la batalla de las familias por los sillones, es decir, afrontar la conquista del espacio político desde la pedagogía, la generosidad y la pluralidad debería ser ejes de la acción de la izquierda. Pero no lo es, o al menos, no lo ha sido el tiempo que la izquierda tuvo la oportunidad de liderar un cambio de gran calado social.

Con el tiempo, algunos mirarán atrás con nostalgia, preguntándose qué hubiera sido de aprovechar aquel momento histórico.

4) El aumento de la desigualdad

Como sucediera en EEUU con Trump, hay una parte de la población que no ha visto satisfecha sus reivindicaciones durante y después de la crisis. Es el obrero de derechas, infelizmente reconvertido a obrero de ultraderecha. La desigualdad le azota y levanta en su ánimo una tremenda sensación de injusticia, que ha vehiculado hacia postulados más radicales. 

La intolerancia se ha establecido como forma de resistencia. 

La sensación de incertidumbre y el miedo a lo desconocido ha empujado a mucha working class a encontrar cobijo en un discurso que promete mirar primero por la patria y luego por quienes vengan de fuera, que promete devolver las ayudas destinadas a los extranjeros al pueblo español y que quiere restringir el paso fronterizo, evitando el colapso del estado del bienestar. La ultraderecha le ofrece una hoja de ruta sencilla, con soluciones concretas, fáciles de asumir.

Pese a que páginas como Stop Rumores o algunos periodistas se esfuercen por explicar la cantidad de bulos que hay en torno al fenómeno migratorio y desmonten una y otra vez sus mitos, la idea persiste. Las redes sociales han hecho parte del trabajo sucio. Visten de xenofobia lo que es aporofobia, un virus difícil de erradicar.

5) La exhumación de Franco como síntoma

Un asunto que parece obvio, que un dictador no tenga ningún trato de favor por parte del estado, ha servido para enaltecer el fascismo en España. Quién lo diría. Dicen que en España sigue latente el franquismo a modo de franquismo sociológico y que cuando se tocan sus símbolos, se retuercen. Esta es una muestra de ello.

Pero lo más sorprendente es que hasta en los espacios más nobles encuentras personas que consideran la exhumación de Franco una forma de reabrir la herida, cuando lo cierto es que ni siquiera han cicatrizado. Cuando menos lo esperas, alguien asegura que la exhumación reverdece viejas rencillas, en lugar de mostrar solidaridad con quienes aún tienen familiares en las cunetas. Hace falta mucha pedagogía en este país y que los libros de texto expliquen bien el antes y el durante de la dictadura.  

Cómo se ha dejado comer la tostada la izquierda, para que un tema que avergonzaría a cualquier otro país del mundo, sea aquí tomado por un asunto baladí, prorrogable o una anécdota incómoda, será estudiado en el futuro. 

6) El auge del feminismo

La conquista del espacio público por parte de las mujeres ha sido una espina clavada en el esófago patriarcal.

La semilla de la venganza estaba ahí. Si bien nadie se ha atrevido explícitamente contra el movimiento que ha tambaleado los cimientos de medio mundo (del #metoo al 8M), sí que la ultra derecha reclama combatir la ideología de género y se toma al feminismo como lo contrario del machismo. Los misóginos y machistas redomados tienen en la ultraderecha el refugio perfecto y, enmarcados en una apelación a la totalidad, dan rienda suelta a su fantasía de parar un movimiento que está, poco a poco, devorando sus privilegios.

Lo van a tener muy difícil. Son muchas, son guerreras y están mucho mejor organizadas.

7) Los vasos comunicantes europeos y el efecto Trump

Europa ha tenido recientemente varios repuntes fascistas. Primero fue Polonia, Suiza o Dinamarca, y luego, Francia, Alemania, Austria o Italia. La extrema derecha es un fenómeno continental que va ganando terreno en una suerte de nuevo parasitismo. España no iba a ser una excepción.  

Al otro lado del Atlántico, el presidente norteamericano se erige como un ídolo para la ultra derecha. Un outsider que protege la economía local y mira por América por encima de todo (una América, eso sí, sin centroamérica ni latinoamérica, blanca, rica y privilegiada). El magnate norteamericano fue capaz de enarbolar un relato ganador para miles de de personas insatisfechas. Cabe preguntarse qué pasará cuando vean que sus vidas no cambian o lo hace para peor.

Hacer recuento de los actores políticos que simpatizan con Trump, pone los pelos de punta. La flor y la nata del neofascismo, modelos execrables que jamás apostarán por un mundo más justo e igualitario.

8) La crisis del Partido Popular

Durante años la extrema derecha encontró amparo en el Partido Popular. Jose María Aznar y su “derecha sin complejos” casaba muy bien con la ideología de ultraderecha, para los que demostrar carácter siempre ha sido, más que una virtud, una exigencia.

Pero la corrupción en el Partido Popular acabó con ese idilio. Podían soportar muchas cosas, los tejemaneje con la justicia, la manipulación de las radios y televisiones públicas, los enchufes en puestos estratégicos, la restricción de derechos y libertades, eso sí, que no que les roben. El saqueo institucional quebró de alguna manera la confianza entre la ultraderecha y los populares, que vieron también en Rajoy un líder blando, incapaz de plantar cara a los independentistas. 

No es casualidad que Casado y Rivera se hayan lanzado a degüello a por ese segmento de votantes, mostrando dureza con el independentismo y radicalizando su discurso. No son muchos votos, pero cada vez son más y podrían marcar la diferencia.

9) El discurso del rey

No ha ayudado mucho el rey Hooligan a serenar los ánimos y a fomentar la concordia. Cuando más necesitaba este país una apuesta por el diálogo, la conciliación y el hermanamiento entre sus partes, el rey Felipe VI salió a la palestra crecido, con el ceño fruncido, pronunciando un discurso que hubiera firmado el líder de VOX respecto a Cataluña.

Y si el Rey es el ejemplo, qué no pensarán ciudadanos anónimos en sus casas. La patria por encima de todo.

Nunca fue un ejemplo la dinastía borbónica, capaces de irse de cacería en lo peor de la crisis, de ocultar su riqueza en paraísos fiscales a través de testaferros o de subirse el sueldo este mismo año, pero la gestión de la crisis con Cataluña ha sido tan incendiaria para la población como podría serlo la de la extrema derecha. Tal para cual. 

10) La ausencia de un compromiso antifascista 

Se nombra muy pocas veces en los medios de comunicación, los espacios de debate o la política local y nacional. Nadie -o muy pocos- habla de antifascismo abiertamente, nadie se muestra intolerante con el intolerante. 

La paradoja de la tolerancia, de Karl Popper, viene más a cuento que nunca.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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    3 Réplicas

  1. Francesca

    Problema catalán, único motivo, camino que va a ninguna parte. ¿Esto és un articulo de información inparcial o uno de opinión sin demasiada información y bastante mala intención?

  2. Javier López

    Es el artículo de opinión que he querido escribir Francesca, ni más ni menos.
    Todo lo demás, es la opinión tuya sobre mi artículo de opinión, igualmente respetable.

  3. E-S

    A ver que me entere

    El PP es franquista y extrema derecha

    Ciudadanos son falangistas

    Y ahora resulta que VOX son fascistas?¿

    Qué hacemos entonces con España 2000, FE de las JONS, MSR, Alternativa Española y Democracia Nacional… cómo los catalogamos?

    Lo más fácil es decir que son todos malos, fascistas, extrema derecha, ultraderecha, franquistas. Así, todo junto

    Todo lo que no sea pensar como nosotros, es fascismo

    Salud camaradas, hasta la derrota final

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