21 de septiembre del 2018
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Después de muchos años sin pisar una cancha de Streetball o Street Basketball, este verano he vuelto a coger mi viejo balón, calzarme las zapatillas y recortar las mangas a viejas camisetas para volver a sentir la adrenalina callejera. Tras varios días más perdido que Kawi Leonard en Toronto, he sacado algunas conclusiones de mi experiencia, que quizás ayuden a los que vuelven a este apasionante, económico, multiétnico y exigente deporte que puedes practicar en cualquier barrio de tu ciudad.

En el Street Basketball no gana el mejor sino el que mejor se maneja en la cancha

Las canchas de la calle son muy particulares, cada una tiene su propio idioma. La canasta puede estar más alta o más baja, tener cuerdas bajo el aro o cadenas, incluso estar ligeramente ladeada. Por otra parte, cada pavimento es un mundo. Desde cemento puro y duro hasta una superficie granulada o algo parecido a las pistas de fútbol sala, de todo hay si sales ahí afuera. En ese contexto, el que mejor se adapta, sobrevive en la cancha. Si te enfrentas a jugadores que han nacido, crecido y se han hecho adultos en esas canchas, olvídate del asunto. Se sabrán todos los trucos, tendrán sus posiciones favoritas y su grado de fiabilidad será altísimo. No les hará falta ser los más fuertes ni los más altos ni tener la mejor mecánica, simplemente sabrán el camino más fácil para meter la pelota en el aro. Y no lo podrás evitar.

Se juega a 7 o a 11 puntos

Esto puede variar si no hay equipo esperando, pero en un principio, si hay varios equipos jugando a rey de pista, el partido se juega a 11 puntos, contando como dos puntos la canasta cerca del aro y como tres puntos el triple. Hasta aquí nada raro, pero en determinados barrios se juega a 7 puntos, donde el triple vale 2 puntos y la canasta normal vale 1 punto. Sea como fuere es raro que se juege a 15 o a 21 puntos si hay uno o varios equipos esperando. Con este tipo de conteo, una buena racha del contrario te deja directamente fuera de la cancha, y de eso precisamente se trata, de penalizar al máximo cualquier tipo de error.

Las faltas las pita el que la comete

El Street Basketball destaca por su honestidad a la hora de practicarse. En la calle, los fulleros no tienen futuro. Un jugador que hace falta (popularmente conocido como “palo”), tiene el deber de reconocerlo. El jugador que ataca no canta “palo” si no se trata de una falta de proporciones dantescas. Si en algún lance del juego, dudas si has cometido palo o no, mira de reojo a tu adversario y si tiene cara de Shaquille O’Neal nada más despertarse, entonces es que has hecho falta. No te alarmes, en la cancha se da un margen de uno-dos segundos para llegar a una conclusión si el asunto es dudoso, pero por lo general la sabiduría popular suele tomar decisiones justas.

Los equipos se hacen a ojo o tirando tiros libres

Las canchas suelen tener sus propias leyendas del barrio que conoce todo el mundo, así que los equipos se intentan hacer de forma equilibrada. Lo contrario no supone un reto para nadie y es absurdo jugar sin competición de por medio. Si nadie se conoce, entonces son los tiros libres los que determinan quiénes juegan. El método es sencillo, todos los jugadores tiran un tiro libre o un triple, los primeros que aciertan son los que juegan. El Street Basketball es un juego democrático y abierto, pero también exigente y duro. Algo de lo que hablaré en el siguiente punto.

No se llora

En el Street Basketball no se llora por haber recibido una falta, ni por algún lance del juego consideres injusto ni porque te haya tocado en el equipo más malo. En el Street Basketball se juega y punto. Si te has caído, te levantas. Si te has hecho daño, ya te curarás. Si te han metido ocho canastas en la cara, vuelves a por la novena. Si te cuesta defender a tu par, aprietas el culo. Pero nunca, nunca, NEVER, llores y te lamentes como un niño de papá. El Street Basketball no es apto para llorones.

Las rachas se respetan

Esto es muy sencillo, si un jugador está enrachado, hazle llegar el balón como sea. Uno va a las canchas de la calle a sentirse McGrady en pleno estado de ebullición y hacer realidad viejas fantasías, si ves que un compañero está en plena racha, déjalo que siga con su cuento de hadas hasta que se agote la racha. Con un poco de suerte, liquidará al contrario y continuarás en la pista, que ya es bastante más que si le aguas la fiesta tirando una piedra del tamaño de un asteroide.

Los buenos con los buenos

El street basketball sin pique no es street basketball, es una pachanga de amigos que está molestando al resto. Por lo general, los partidos se autorregulan proponiendo emparejamientos lógicos. Los buenos se cubren entre sí, los malos también. Los pívots se emparejan y se muelen a palos, y los bases corretean los unos detrás de los otros. En ese sentido, es un deporte muy equitativo. Tendrás que soportar mucho ego y Kobe Bryant de Serie B, pero es gran parte del encanto del juego.

Asume tu rol

En esencia, la calle es como la NBA pero en un contexto reducido. Cada jugador desempeña un rol, tiene determinadas licencias y puede ayudar a su equipo de una u otra manera. Más o menos con la ronda de calentamiento ya se ve quien domina el tema, quien tiene buen tiro, quien destaca por su físico o quien debería valorar el parchís como alternativa lúdica. Si eres bueno o muy bueno, tendrás mucho tiempo el balón en tus manos pero también la responsabilidad en los momentos calientes, te tocará bregar con la estrella rival y sentirás el aliento en el cogote del mejor defensor del equipo contrario. No es poco. Si eres malo o bajito (o las dos cosas, como yo), entonces te tocará abrir el campo y hacer labores de intendencia (acudir siempre al rebote, cortar infinitas veces, cambiar de marca si la ocasión lo requiere, hacer bloqueos, ayudas, etc.). De una forma u otra, asume cuales son tus cualidades y actúa en consecuencia. Y sí, a la calle no le gusta nada que alguien se sobrevalore.

No se mancilla la camiseta de tu ídolo en vano

Si tu ídolo es Ginobili pero juegas como Rudy Fernández un día de resaca, mejor no te lleves la camiseta de tu ídolo, llévate otra. En la cancha se pueden hacer analogías a escala con los jugadores, pero dentro de un límite racional. Un pívot delgado con algo de mano puede llevar la camiseta de Gasol y un base habilidoso la de Kyrie Irving, pero convengamos que un interior tosco que bota la pelota como si llevara una sandía entre las manos no puede llevar la camiseta de Ricky Rubio. Los ídolos merecen un respeto.

Un deporte democrático con una idiosincracia particular

Si por algo me resulta apasionante este juego es que tiene un espíritu muy democrático, cualquier persona, sin condición de sexo, raza, religión o manera de pensar, puede jugar. Nadie te puede impedir que ingreses en la cancha -como mucho tendrás que esperar tu turno-, pero al mismo tiempo, sobrevivir cuando estás dentro es todo un reto de adaptación, inteligencia y superación. La esencia misma del deporte.

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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