24 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



 No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.

Virginia Woolf

 

Como si fuera una señal, acudo a la manifestación tomando la línea morada de metro. Los vagones, con cada parada, se van tiñendo de camisetas moradas, gorros morados, bufandas moradas y sonrisas moradas hasta ocuparlo todo. Pienso en que no traigo mi sudadera morada y me resigno. Algo así debe ser el plan del feminismo, ir extendiéndose hasta convencernos a todos, como un feliz motivo. El color morado es arte y pasión, alternativa, posicionamiento. El feminismo no es lo contrario al machismo, como muchas personas siguen pensando, es la toma de conciencia de un colectivo ante la opresión, la lucha por la igualdad de género. Hoy es ocho de marzo y se celebra el día de la mujer trabajadora. La batalla tiene más sentido que nunca, pues la crisis ha impulsado el escenario ideal para rearmar el muro de las diferencias, y los poderosos han desplazado aún más a las mujeres de los puestos directivos, aprovechando que el gobierno fomenta las diferencias con sus políticas anticuotas y antiparidad, que definen como un “torpedo contra la democracia”.

Para preparar esta crónica recogí los datos acerca de la brecha salarial en España a través de un dossier elaborado por la Unión Europea, donde se instaba a la lucha contra las diferencias de género en el ámbito laboral. Una paradoja si se tiene en cuenta que en los puestos directivos de la Unión Europea, dos de cada tres personas son hombres y no hay una gran voluntad de cambio. El poder tiene esa extraña costumbre de dar consejos que luego no se aplica a sí mismo. Hace unos meses, la fotografía de los dirigentes europeos como repulsa a los atentados de Charlie Hebdo en París resultaba esclarecedora. Una pandilla de amigos cariacontecidos simulaban encontrarse junto a los manifestantes, pero la toma aérea desvelaba que no era así. Estaban aislados, acordonados por un inmenso dispositivo de seguridad y apenas había mujeres. Los datos del dossier europeo quedaron obsoletos esta misma semana, con la actualización por parte de Eurostat y un informe demoledor de la UGT. En 2008, la brecha en España era del 16,1%, esto es, que una mujer cobraba 84 euros por cada cien que cobraba el hombre. A finales de 2012 la brecha ha ascendido hasta el 23,93%. La mujer tiene que trabajar 79 días más para percibir el mismo salario que un hombre. España ha sido, junto a Portugal, el país que más ha visto incrementada la diferencia estos últimos años, retrocediendo a niveles de principios de siglo. En el informe del Fondo Económico Mundial, España tiene peor nota en todas las variables cuantificables de igualdad. Pese a todo, la misma organización fija la posibilidad de una igualdad real en el territorio español para 2095.

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En la calle y a diferencia de las últimas manifestaciones, luce un sol revitalizante y esperanzador. Por fin una jornada con el cielo teñido de azul, pienso, y es que me he convertido en un funcionario de las protestas, un funcionario feliz, de esos que aman su trabajo. La crisis trajo consigo la habitualidad en la ocupación de las calles, algo que desde el gobierno se esfuerzan en tratar como un pasado remoto, cuando sigue siendo una realidad palpable. La manifestaciones son menos numerosas que en el estallido de la crisis pero están mejor organizadas y su calado es hondo, los ciudadanos, que desde el 15M han ido interiorizando el make yourself americano, articulan plataformas que planean con esmero la magnitud de sus protestas. Es consecuencia de la habitualidad, la especialización y persistencia en la lucha significa, por otra parte, la triste persistencia de los problemas.

No es la meteorología la única diferencia que encuentro respecto a las concentraciones pasadas, también hay una afiliación más potente. En las demás manifestaciones la pertenencia a un colectivo concreto estaba por encima del motivo de la protesta. Tú podías ser de la Pah y estar en contra de la Ley Mordaza, pero fundamentalmente eras de la Pah o de Cocacola en lucha o del colectivo de afectados por la Hepatitis C. Lo mismo sucedía con el 3+2 o en las marchas de la dignidad, el colectivo figuraba en un primer plano identitario. Ahora no. Los protestantes son antes que nada, mujeres. Eres mujer de la Pah, eres mujer de Cocacola, eres mujer del colectivo comunista o eres mujer de la asociación de víctimas de la violencia machista. Pero antes que nada, eres mujer. Incluso los hombres se sienten hoy mujeres. La mujer es un motivo supremo, pues el género tiene que ver con la misma esencia del ser humano.

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La batucada llenó de alegría el 8 de Marzo.

 

Buñuel aprobaría la banda sonora de esta agradable mañana del ocho de marzo, día Internacional de la Mujer Trabajadora desde que la ONU lo aprobara en 1977. Dos batucadas regalan su arte y se distribuyen a lo largo de una manifestación numerosa, donde la mayoría de los asistentes son jóvenes o personas mayores. Parece que la lucha de género es una cuestión de juventud o un viejo sueño que se arrastra en el alma. Pancartas con la serigrafía de algunas de las grandes luchadoras de la historia bailan al son de los tambores: la activista italiana Silvia Federici, la comunista alemana Clara Zetkin o la miliciana Marina Ginesta, popularmente conocida por la fotografía que le tomó, Hans Gutmann “Juanito”, en la que figuraba con su rifle al hombro en una terraza de Barcelona. Hay una coincidencia fundamental en todas las figuras reconocidas históricamente, todas se salían del estereotipo, todas fueron mujeres avanzadas a su tiempo, todas fueron cabezonas, testarudas, terriblemente persistentes. Por eso la revolución por la igualdad no vendrá de Cospedal, ni de Soraya Sáenz, ni de Esperanza Aguirre ni de Susana Díaz. La historia no reconoce a las sirvientas del poder.

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Las grandes del feminismo estaban presentes en la protesta.

 

La capacidad reclutadora de esta simbólica fecha pone de acuerdo, sobre unas líneas maestras, a grupos disímiles, algunos de los cuáles sostienen discursos enfrentados. Acuden los pro-abortistas, la comunidad de mujeres cristianas, las mujeres pro-velo (“¡Con velo sí se puede!”, gritan), la asociación de mujeres empleadas en labores del hogar, la asociación de prostitutas del Raval, las víctimas de la violencia machista, todas en un mismo espacio y con un respeto invisible. Sólo cuando una prostituta se desnuda para acentuar su protesta, le increpan dos señoras de avanzada edad, viandantes que pasan por la acera contraria: “¡Guarra, marrana, asquerosa!”. La prostituta se arropa con una bandera mexicana y continua su paso firme Rambla abajo.

La Rambla de Barcelona se desnaturaliza como en pocas ocasiones. Es domingo y el buen tiempo invita a los turistas a ir a la playa o la montaña. El carril central está vacío, muchos comercios cerrados y la marea humana acaba gobernando un espacio sagrado de la economía turística. Una tregua inédita que apenas durará unas horas.

La violencia machista es otro de los puntos fuertes de la protesta, y los lemas se ceban contra la cobardía del maltratador, con su hombría malentendida, su desfachatez, su vergüenza. En el terreno de las palabras, sin vocales ni consonantes, los gritos del que maltrata se ahogan en su vacío. Desde 2003 han muerto 750 mujeres como consecuencia de esta lacra social, que los sindicatos y las asociaciones feministas se esfuerzan en poner encima de la mesa. Y es que la violencia machista engloba problemas adyacentes que configuran un todo, por eso es necesaria una acción comunitaria que abarque todos los frentes sociales. Actuar en bloque, desde la política a la justicia, pasando por la educación o la burocracia, es una de las asignaturas pendientes de nuestra sociedad. La lucha feminista exige de actores involucrados en cada frente.

Las directoras de orquesta de la protesta joven feminista.

las directoras de orquesta de la protesta joven feminista.

Las jóvenes feministas, por ejemplo, engloban el feminismo en la lucha de clases. Eso remarca sus cánticos. La lucha sigue, dicen, la lucha es la única forma de vencer, siguen, sin lucha no se vencerá al capitalismo. La juventud es experta en identificar enemigos. Tres chicas jóvenes encabezan su división con un folio repleto de cánticos y un altavoz de mano. Andan de espaldas, dirigiéndose a su grupo con naturalidad. Ellas gritan una frase y el grupo repite sistemáticamente. Gritan con esa fuerza descomunal que solo entiende la juventud. Después de varias avenidas y calles, sus gritos persisten. Su acción de protesta es integral. A veces, se miran, sonríen y siguen. Una protesta. Otra. Y otra. Entre todas enarbolan un discurso de igualdad y justicia social que ya quisieran para sí la mayoría de partidos políticos. ¿Qué sería para mí el feminismo a los dieciocho años?

Cuando abandono el tumulto camino a casa, los gritos de los diferentes colectivos caminan hacia el Ayuntamiento. Ahora se confunden en un murmullo inabarcable. Me pierdo entre viandantes y veo cómo se dispersan, poco a poco, los puntos morados. Su ruido y su color son absorbidos por el espeso gris de una ciudad impía. Me pregunto si viviré el final de esta batalla que el feminismo ganará al tiempo. Pienso esto mientras resuena de fondo el estruendo de los tambores. O no, o quizás solo esté en mi cabeza.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    2 Réplicas

  1. Atenagoras

    Bonita crónica, Javi, como todas las tuyas. Casi sin darnos cuenta nos colamos en el interior de la manifestación, y nos sentimos actores activos de esta llamada a la igualdad que nos une a todos los presentes. El buen día meteorológico parece vaticinar un futuro, duro y difícil, pero lleno de esperanza hasta ir consiguiendo lo que todos los manifestantes añoramos: el que se vaya haciendo realidad la igualdad en todos los aspectos entre hombres y mujeres. Esperemos ir viendo algunos destellos de ese día radiante que añoramos.

  2. Aldo García Sánchez

    Javier, me ha gustado mucho tu crónica, me hubiera gustado estar presente en la marcha o que aquí se diera una marcha similar. Pienso que todos los días deben ser igualitarios, y no sólo un día al año. Cuando mencionabas la diversidad de las mujeres, pensé en lo que me dijo una amiga: “Las mujeres son un colectivo muy diverso , que no cabe dentro de una sola forma de ser ‘mujer'”, y que por tal razón, no le gusta que se intente minimizar la diversidad de las mujeres con la palabra mujer, pues la lucha por sus derechos no serían los mismos si hablamos de una mujer que luche por su derecho a decidir sobre su propio cuerpo o de una mujer cristiana muy creyente o de una mujer pro-velo. Sobre la pregunta que te haces, al igual que tú, me gustaría presenciar un mundo igualitario.

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