22 de agosto del 2017
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Como afirma George Orwell en su famosa novela 1984, “la opinión que puedan tener o no las masas se observa con total indiferencia. Pueden tener garantizada la libertad intelectual porque carecen de  inteligencia”. Si bien Orwell circunscribía su crítica distópica al régimen genocida de Stalin, sería un grave error no darse cuenta de que, en el mundo tecnológico actual, la máxima adquiere una vigencia inusitada. En un sistema que propugna el hedonismo, la codicia y la satisfacción inmediata de cualquier aparente necesidad, el potencial irreflexivo está asegurado. Anular cualquier capacidad intelectiva de cierto calibre resulta muy fácil, pues si aceptamos como cierto que el cultivo de la inteligencia exige tiempo y reflexión y que, en consecuencia, se opone a la irreflexividad, al ruido y a las respuestas inmediatas; si, repito, damos por cierto que solo la calma, el silencio de una biblioteca o de la propia habitación pueden abrir el camino hacia las respuestas argumentadas, entonces, convengamos, la argumentación ha muerto o agoniza.

Sobre esta línea de pensamiento los medios de comunicación tradicionales, es decir, los que cuentan con fuertes tensiones económicas en sus consejos de administración y sirven, por consiguiente, al poder establecido, haciendo de la ley del más fuerte su única divisa, trazan un camino de servidumbre que, al contrario que el propugnado por Hayek, no tiene su origen en el estado sino en la infamia ética de un sistema financiero procaz y genocida. Y en este sistema, convengamos, como convenía Orwell en su novela, la esclavitud es libertad, la guerra es paz y la ignorancia es fuerza. En este camino de servidumbre, la precariedad es abundancia y la inteligencia es idiotez.

ABC no sacará nunca una portada sobre cómo viven sus dueños.

ABC no sacará nunca una portada sobre cómo viven sus dueños.

Si aceptamos que en una fecha tal como 14 de marzo de 2015, uno de los periódicos de mayor lustre de este país, el famoso ABC, entienda que la gran noticia del día, la que justifica su portada, la síntesis del estado del mundo, es una foto de Varoufakis con su esposa en el patio de su “piso burgués”; si aceptamos y damos por buena esta interpretación del mundo, la única conclusión que podemos extraer de todo ello es que para este “ilustre” periódico, los ciudadanos ya no tienen capacidad de raciocinio, que la inteligencia ha muerto y que, en consecuencia, “Dios está más vivo que nunca”. No el dios cristiano, amortizado por su propia Iglesia, sino el dios mercado y su especulación plana y cruel, plana como la tierra del Medievo y cruel como la “Historia criminal del cristianismo”.

Más, pese a todo, que no es poco, pese a estar viviendo el tiempo más totalitario desde la muerte de Franco y su cohorte de tecnócratas elitistas, afirmo sin rubor que la elección última sobre la alineación del ser humano corresponde al “ser humano”. Si en España no se asesina ni se encarcela a nadie por pensar libremente, todavía; si retrotayéndome en el tiempo y abriendo un armario de mi despacho puedo acariciar un pequeño volumen, resumen de “El Capital”, que leyó mi abuelo en los años 30, y que me legó no sin antes advertir de la necesidad de actuar usando la razón y, por consiguiente, sin copiar la barbarie de las elites nacionales y republicanas en la Guerra Civil; si acepto esta historia y esta lección de intrahistoria, no puedo más que hacer un llamamiento a todos los jóvenes de este país, para que, alejándose del ruido y apreciando los beneficios de la civilización, reivindiquen un tiempo de reflexión donde al pensamiento de Marx puedan oponer a Popper, y donde Hayek sea rebatido por las ideas de Keynes. Donde quepa la lectura de Max Weber, de Braudel, de Durkheim o de Gramsci. Donde quepa la argumentación, de donde se expulse la ignorancia voluntaria y la mala fe de los medios de comunicación que la exaltan. Donde la auténtica libertad sustituya la precariedad de las ideas y la generación del posfranquismo construya una auténtica democracia para todos. Donde digamos no a la dictadura de los mercados, sí a la vida en libertad.

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Escritor y letrado de la Seguridad Social. Leo, reflexiono. Me disgusta el clasismo, muestra de superficialidad e ignorancia. Mi referente es la honestidad, mi fin el comportamiento ético. La Administración española es estructuralmente corrupta. Replicar es más necesario que nunca.
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