19 de septiembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Todos los derechos y libertades que tenemos las hemos conseguido luchando, desde la jornada laboral de 8 horas a los servicios sociales, pasando por la libertad de expresión. Por eso gritamos en las calles que “¡la lucha es el único camino!”.

En la lucha de personas lesbianas, gays, transgénero, bisexuales, intersexuales y queers (LGTBIQ) nos queda mucho por avanzar, muchas luchas que ganar. Aún se castiga y penaliza los comportamientos LGTBIQ en decenas de países; ¡hay mucho que avanzar a nivel internacional! En el Estado español, tenemos que pasar de la igualdad legal a la real. Con este objetivo necesitamos una Ley Integral de Transexualidad a nivel estatal similar a la que hemos conseguido luchando en Andalucía. También necesitamos una Ley que castigue duramente y de forma especial a los delitos de odio a LGTBIQ. Además, hay que forzar al gobierno a que acoja como refugiada a toda persona que huya por delitos de odio de su país. Es más, tenemos que impulsar un frente de toda la izquierda contra el fascismo, el racismo, la islamofobia y la LTFGBifobia que pare a la ultraderecha en las calles. Hay que acabar de raíz con agresiones como las recientes de nazis a la manifestación del Orgullo LGTBIQ de Murcia y a varias personas durante el Orgullo en Madrid. Ejemplos como Unitat contra el Facisme y el Racisme (UCFR) en Catalunya muestran el camino para frenar a la ultraderecha.

Si no seguimos ganando derechos y profundizando en los que tenemos, de manera que queden enraizados en la gente trabajadora y ejercidos desde abajo, corremos el riesgo de retroceder. Repito frente a quienes piensan que ya está todo hecho: aún hay mucho que avanzar. Los adolescentes LGTBIQ, especialmente Trans, son víctimas de numerosos suicidios inducidos socialmente, sufrimos agresiones de odio en las calles, son discriminan laboralmente, nos enfrentamos continuamente a comportamientos LGTBIQfóbicos, las personas Trans siguen patologizadas, las personas Queers son apartadas socialmente, no contamos con acceso a trabajo y vivienda que nos permitan una vida autónoma e independiente, etc.

Gracias a la luchas, hemos avanzado mucho desde que en 1869, el plena Revolución Industrial, un psiquiatra alemán acuñara la palabra “homosexualidad” para referirse a una enfermedad. La patologización de LGTBIQ en los inicios del capitalismo es un símbolo de algo que fue mucho más allá: la construcción de un sistema de opresión masivo contra las mujeres y LGTBIQ. Aunque ambas opresiones habían existido previamente en lugares y momentos concretos, el capitalismo las hizo suyas, las expandió, las remodeló y las utilizó para su supervivencia. Las clases dirigentes construyeron, en los inicios del capitalismo, las bases materiales e ideológicas para discriminar a mujeres y LGTBIQ. La opresión de las mujeres utilizó y utiliza a la institución de la familia tradicional como base fundamental donde las mujeres se encargan de reproducir a la siguiente generación de mano de obra aleccionada y, además, realizan el trabajo de cuidado de enfermos y ancianos. Unos trabajos de cuidados que de no hacerlos las mujeres sin reconocimiento social y sin remuneración, deberían realizarlos los servicios públicos estatales. ¿Y por qué construir opresión a LGTBIQ al mismo tiempo que contra las mujeres?  Pues porque las relaciones no heterosexuales normalizadas eran, y pueden seguir siendo, una amenaza para el mantenimiento de la familia tradicional, imprescindible para la opresión de la mujeres sin la cual los capitalistas no se imaginan a ellos mismos. En un momento en el que quieren acabar con los servicios públicos necesitan, más que nunca, a mujeres oprimidas realizando los trabajos de cuidados.

Contra las opresiones masivas de los capitalistas, estallaron las luchas por la liberación. Ya en 1917, durante le Revolución Rusa, se avanzó de forma muy profunda por los derechos de mujeres y LGTBIQ: se pusieron en marcha lavanderías, comedores y guarderías populares, se legalizaron el aborto y el divorcio, se despenalizaron las relaciones homosexuales e, incluso, se reconocieron matrimonios de LGTBIQ. Estos avances se perdieron, en gran parte, con la contrarrevolución estalinista, pero nos demostraron que cuando el pueblo toma sus vidas en sus propias manos revoluciona la sociedad desterrando las opresiones y las divisiones impuestas desde arriba.

Las luchas por la liberación continuaron y, en 1969, el levantamiento de Stonewall en Nueva York podría decirse que lanzó el movimiento LGTBIQ moderno. Mujeres transgénero, y otras personas LGTBIQ, se enfrentaron a la policía opresora en las calles. Un movimiento de liberación inspirado en la lucha por los derechos civiles de afroamericanos, las protestas masivas contra la Guerra en Vietnam, etc. En 1977, Harvey Milk fue la primera persona abiertamente LGTBIQ que fue elegida como representante político en Estados Unidos, en el ayuntamiento de San Francisco. El mismo movimiento por la liberación autodenominó “gay” (alegre, en inglés) a los hombres homosexuales durante las luchas de los años 70 en San Francisco.

En 1977, hace ahora 40 años, tuvimos la primera manifestación LGTBIQ de la injusta Transición española, la cual fue reprimida por la policía franquista. Un año más tarde, en 1978, tuvo lugar la primera manifestación LGTBIQ en Andalucía. Las mujeres Trans, que sufrían especialmente la Ley de Vagos y Maleantes y el encarcelamiento y sus torturas, estuvieron a la cabeza de estas luchas. La lucha por la democracia y la justicia social era, y sigue siendo también, una batalla por la liberación.

En 1984-85, Lesbians and Gay support de Miners nos mostraron en el Reino Unido que unir las luchas sociales es clave para golpear juntas y avanzar en derechos y libertades. Grupos LGTBIQ apoyaron a comunidades mineras en su huelga contra el gobierno neoliberal de Thatcher y sus recortes. El apoyo acabó siendo mutuo, consiguiendo, por ejemplo, que el Partido Laborista defendiera, por primera vez en 1985, la igualdad para LGTBIQ gracias a la presión de sindicatos, especialmente del sindicato de mineros.

¿Cómo luchamos ahora contra la opresión LGTBIQ? Estamos en una fase de alta maduración del sistema capitalista en la que los capitalistas, utilizando el neoliberalismo, vienen a por todas. Quieren hacer negocio con nuestras cosas más básicas, como nuestra salud y nuestra educación. Esta maduración de un capitalismo en crisis se refleja en multitud de fenómenos: aumenta la represión policial (véase la Ley Mordaza), crecen las tensiones imperialistas y las guerras (especialmente en Oriente Próximo y Medio), el cambio climático sigue acelerándose, la explotación laboral  se profundiza, los servicios públicos se mercantilizan, etc. Y por si todo esto no fuera poco, el capitalismo mercantiliza también la liberación LGTBIQ mediante el Mercado Rosa: si tienes dinero suficiente puedes pagarte espacios sin opresión, pero si eres una persona LGTBIQ trabajadora, que no puedes y/o quieres permitirte el acceso al Mercado Rosa y su forma de vida, quedas excluida de la liberación convertida en negocio para unos pocos.

En este contexto de capitalismo maduro inmerso en una profunda crisis que lo hace ser tremendamente agresivo con la gente trabajadora y su entorno, la lucha por la liberación de LGTBIQ es ahora, más que nunca, parte de la lucha de clases. El capitalismo está en el origen masivo de la opresión LGTBIQ actual y se enriquece mercantilizando una liberación ficticia e inestable, al tiempo que sigue construyendo opresiones. Opresiones que van de la mano de la explotación laboral, pues tienen el objetivo de dividir a la gente trabajadora y mantener la familia tradicional (familia privatizada) como núcleo central de la opresión de las mujeres.

Hagamos que la lucha LGTBIQ y sus reivindicaciones estén presentes en todas las luchas, especialmente en las luchas del movimiento de los y las trabajadoras. Visibilicemos a las personas LGTBIQ que luchan para romper así estereotipos y prejuicios. Golpeando juntas desde el anticapitalismo estaremos poniendo las bases materiales e ideológicas para superar la explotación y las opresiones; ambas caras de la misma moneda capitalista.

Como gritamos en las calles con Orgullo: “Maricas, trans y bolleras, la misma clase obrera”. “Placer anal contra el capital, placer clitoriano contra el Vaticano”. “Contra la opresión: ¡revolución!

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Profesor de Ecología, delegado del S.A.T. en la Universidad de Sevilla y miembro del círculo Macarena y miembro del Colectivo Acción Anticapitalista.
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