18 de abril del 2018
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Se está llevando a cabo en Jerez una potentísima campaña mediática a favor de los centros de educación privada, concertada y/o diferenciada. Es una ofensiva propagandística a golpe de talonario que busca realzar los beneficios de estas escuelas para que el modelo crezca e implantar en la ciudad un sistema de educación privado-concertado, dirigido en la mayoría de casos por la Iglesia Católica y en el que prevalecen conceptos neoliberales como la “excelencia”, la “competitividad”, la “firmeza” o el “aprendizaje del éxito” o religiosos como la “caridad” o la “oración”.

Trata, el tea party jerezano, de matar dos pájaros de un tiro: el primero, consolidar y expandir un modelo de educación privada y competitiva cuyo mayores beneficios se los están embolsando los dueños (en masculino) de estos centros. Y el segundo, inculcar la visión católica de familia heteropatriarcal, antidiversa y tradicionalista que promueven los sectores más conservadores de nuestro país.

En los últimos meses hemos visto despliegues publicitarios tremendos, como ese publirreportaje especial de 28 páginas llamado “Preparados para el futuro” en el Diario de Jerez, en el cual ensalzaban las virtudes de centros privados como el colegio María Medianera, el Altillo School o el centro marianista Nuestra Señora del Pilar, entre otros muchos. Se trataba de un cuadernillo publicitario en el que solo aparecían niños blancos (rubios y morenos) todos sonrientes, todos felices, “aprendiendo habilidades y adquiriendo competencias”.

¿El objetivo de esta brutal ofensiva mediática? Convertir Jerez al modelo de nuestra ciudad vecina, Cádiz, donde más 60% de las matrículas del alumnado pertenecen a los centros privados y/o concertados, cuna de la segregación por clases.

Pero volvamos a Jerez, el último y flagrante caso de propaganda de la concertada y la privada ocurrió hace unos días, cuando la plaza de la Asunción se llenó de niños y niñas de los colegios católicos que jaleaban (y cantaban) lemas como “No tengas miedo de soñar a lo grande” o “Estudiar con el señor”, al ritmo de la música de Manuel Carrasco. La plaza estaba repleta de frases del papa Francisco y del mismísimo Jesucristo.

Me pregunto a quién se le ocurriría la idea de hacer propaganda de la educación católica en horario lectivo utilizando a menores de edad tras las pancartas. ¿No resulta poco ético utilizar a niños y niñas en plena pubertad para un acto publicitario cuando deberían estar dando clases? Ojo, que muchas de las personas que promueven este tipo de manifestaciones luego aluden rápidamente al adoctrinamiento cuando hablamos otros casos como el de Cataluña. Ojo al doble rasero.

Y no nos hagamos trampas al solitario; la mitad de esos niños y niñas no estarían en el Cabildo Viejo si la manifestación se hubiera convocado fuera del horario lectivo, más la otra mitad venderían su alma a Belcebú si con ello se ahorraran las clases de matemáticas. Pero el truco era efectivo y ahí los teníamos: cantándoles al Papa, tan felices ellos.

No es mi intención señalar la perversión política del acto, que la tiene, sino la de alertar sobre la tremenda ofensiva proeducación privada-concertada que estamos viviendo en Jerez. En un momento en el que las matriculaciones en la pública están a la baja (debido en gran parte al descenso de la natalidad) y hay listas de espera en algunos centros privados, conviene articular un frente común, sólido y desbordante para defender nuestra educación pública, que encierra no pocos valores. Frente a la segregación, la alienación, el individualismo y el negocio de lo privado tiene que erigirse una ciudadanía organizada que apueste por la inclusión, la multiculturalidad, la democracia y la calidad de la educación pública.

Es el momento de dar un paso al frente por la igualdad de oportunidades en nuestra ciudad. Yo lo doy, ¿y tú?

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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