19 de noviembre del 2017
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1. La ausencia

En un momento político de cambio, con media España pendiente del televisor y muchas y diferentes propuestas encima de la mesa, Mariano Rajoy decidió… irse a Doñana. Una decisión controvertida muy en la línea a la que nos tiene acostumbrado el gobierno en esta legislatura. Desde allí, felicitó a Soraya en un mensaje que parecía programado por su Community Manager días atrás. El Partido Popular ha decidido alejar a Rajoy del primer plano mediático, situarlo en cómodos contextos, y lo que en primera instancia pudiera parecer una buena decisión, podría volverse en su contra. La reincidente desaparición del presidente de la escena política puede situarle precisamente ahí a la hora de que los españoles voten: Fuera de juego.

Experiencia, equipo, certidumbre y defensa de España, la esencia del @PPopular. ¡Enhorabuena, @Sorayapp! #7DElDebateDecisivo #EquiPPoGana MR

 

2. Las otras ausencias

Uno porque no quisieron y otros porque no le dejaron. No son pocas las voces que se han pronunciado en contra de no invitar a otros actores políticos al debate. Cuesta entender que el mismo grupo mediático que en las elecciones catalanas invitó a siete partidos políticos a debatir, reduzca ahora la batalla a cuatro. Da la sensación que los principales afectados, Alberto Garzón y Andrés Herzog, (o Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia), han hecho la guerra cada uno por su cuenta, cuando quizás juntos hubieran conseguido mayor resonancia en su protesta. En cualquier caso, el déficit democrático de este formato recién estrenado, su talón de Aquiles, tiene que ver con estas injustificables ausencias. Nos quedamos con ganas de escuchar a Alberto Garzón, un muy buen orador, exponer sus propuestas. Y es que tiene delito que en pleno siglo XXI, haya que reivindicar que el ciudadano merece conocer todas las opciones que pueden representarle.

 

3. Un debate inédito Con un formato moderno y ordenado, los candidatos parecieron empezar titubeando, tirando de memoria y con poca o nula naturalidad. Lo que empezó encorsetado y con una evidente rigidez discursiva (se notaba la mano de los asesores), se fue transformando con el paso del tiempo hasta liberar el debate, espacio donde se pudieron ver las diferencias programáticas de las opciones políticas. Comparado con la época de los cara a cara entre González y Aznar o Zapatero y Rajoy, parece que salimos ganando todos. 4. Candidatos nuevos La política del espectáculo, de los discursos en Prime Time y la participación en programas de televisión, ha traído consigo la necesidad de que los candidatos desarrollen nuevas habilidades, que entrenen su capacidad de reacción y sepan leer cada formato y las audiencias que lo soportan. A veces, parecen camaleonizarse, lo que puede llevar a contradicciones. Pero en este contexto, muchas veces discutible, también parece que la política en España ha salido ganando. John Carlin escribió al respecto de este tema en El País esta misma semana. 5. Soraya contra el mundo Pese a tenerlo todo en contra, podemos decir que Soraya salió medianamente bien parada del debate (los mismos presentadores dijeron en la previa que temían una encerrona que distorsionara el debate). Y decimos medianamente porque es muy complicado defender esta gestión del país. La vicepresidenta personifica como nadie el argumentario clásico del Partido Popular. Nunca se sale de la línea. Recuperación económica, solidez, seguridad, experiencia… Si alguien podía calcar el discurso que fijan los asesores, no era otra que Soraya, que se enrocó en los argumentos ya conocidos (ayudándose de algunas falsedades). Arrinconada cuando la corrupción salió a la palestra y asumiendo errores como pocas veces, Soraya evitó el desastre absoluto y se sitúa en un buen lugar para suceder a Rajoy. No es poco.     


6. A vueltas con el contrato único

Uno de los puntos clave del debate giró en torno al contrato único. Ahí Rivera se quedó sólo y mostró la faceta más liberal de su partido. El contrato único es indisociable del despido libre, (igual que el complemento salarial es indisociable de una ayuda al empresario), y pese a que Albert Rivera haya estudiado como defenderlo, lo demás candidatos lo desmontaron con cierta facilidad. Y es que desmontarlo ya no depende de Rivera, un excelente político explicándose en torno a cuestiones específicas, uno de los ejes discursivos de Ciudadanos. Resolver cada problema independientemente de la ideología conecta con mucha gente que siente que “vivimos un mundo complejo que exige soluciones concretas a problemas concretos”. Y aunque suele estar lúcido en su postulados, ayer Rivera pareció querer abarcarlo todo y solucionar el país en apenas dos horas. Se le vio nervioso y gesticulante, a menudo precipitado. Igual que la sensación en el debate con Pablo Iglesias en Salvados era que las cosas le fueron bien, ayer dejó sensaciones más tibias. Aún así, quiso ser protagonista y, de alguna manera, no sólo lo fue, sino que lo seguirá siendo. Y eso es mucho mejor que permanecer ignorado. Que le pregunten si no a Pedro Sánchez.

AtresMedia

7.  Partida de Póker

Los cuatro candidatos tiraron de unos y otros para buscar socios en determinadas argumentaciones. Pablo Iglesias hizo varios guiños a Albert Rivera en torno a asuntos de regeneración política y democrática. Pedro Sánchez buscó el apoyo de todos para desmontar a Podemos con la Amnistía de Varoufakis como dardo envenenado, y Soraya aludió varias veces a los estropicios del PSOE y a la célebre “herencia recibida”, dejando la puerta abierta por si algún otro candidato quería sumarse a la fiesta. ¿Es esto una señal a navegantes para cuando se formen hipotéticos acuerdos de estado? ¿Pactarán los unos y los otros según cada caso?

8. Pedro Sánchez, tocado

Ha sido señalado por todos como el gran perdedor de los presentes en el debate (el perdedor total es Rajoy). A Sánchez se le vio tenso, con una tremenda obsesión por hacer promesas electorales, un poco a la vieja usanza. Mientras todos dialogaban con mayor o menor fortuna, Sánchez hacía la guerra por su cuenta, como si presentar propuestas muy concretas le fuera a dar más credibilidad. Y en España sabemos ya, por experiencia, que las propuestas luego se las lleva el viento o se transforman, y lo que queda es una determinada idea de país y de gobierno. Entre que no parecía muy distintivo su modelo y que fue constantemente atacado por Iglesias, que olió sangre y pasó a la ofensiva, el debate se le hizo largo. Decía Colau en twitter, ¿Pedro estuvo? Sí, pero de ir tan a su aire, se autodesconectó.

9. Guiños a sectores de la población

Los autónomos a los que aludió Rivera, el 15M de Iglesias, los pensionistas que aseguran sus pensiones con el Partido Popular de Rajoy Soraya o la “mayoría trabajadora del país” a la que se refería Sánchez, cada poco tiempo, los candidatos intentaban seducir a segmentos poblacionales concretos. Recordaba un poco a eso tan americano de hacer guiños a la comunidad latina o a los militares. En cualquier caso, cada uno se arrimó a los sectores que ya se le presuponen afines y quedó algo caricaturizada la política española, y los españoles con ello.

10. ¿Ganó Pablo Iglesias? 

Cuando más falta le hacía a Podemos, después de unos meses de descenso en las encuestas de opinión, su líder se “soltó la melena”. Todos los recuentos post-debate han dado por ganador a Pablo Iglesias, mucho más cerca de la versión que impactó a la sociedad hace un año y medio que de la cara soberbia de su persona(je). Y tampoco es que hiciera una demostración de facultades más allá de un minuto memorable, simplemente, pareció más alegre y menos conflictivo (aquello de que funcionan bien los discursos en positivo). Quizás le deje una lección importante, cuanto más se acerca al discurso primigenio de Podemos, cuanto más vuelve al 15M, a la gente corriente y a los movimientos sociales, mejor le va a él y al partido, pues deja entrever un cambio no sólo honesto, sino también posible. Al fin y al cabo, lo mejor de Podemos nunca ha sido Pablo Iglesias, sino su gente y la respuesta que quieren dar ante la situación política que ha vivido España los últimos años.

Debate

La mejor medición del resultado del debate viene de consultar fuentes que no simpaticen con la formación morada. Y tanto en El Mundo, como en ABC y hasta en los corrillos del PP, se cree que ganó el líder de Podemos. Mucha gente se pregunta si no será esto sólo un espejismo surgido de la tremenda actividad en la red que tienen los simpatizantes de Podemos, pero cabe recordar que cuando Jordi Évole realizó el debate entre Rivera e Iglesias, en la misma pregunta que realizó Podemos en su cuenta de twitter, ganó Rivera.

En cualquier caso, quien gana un debate no gana las elecciones, se trata de un simple termómetro político, aunque de convertirse la campaña en un estado de ánimo cualquier detalle podría tener más relevancia de lo que parece. Con Iglesias al alza y Pedro Sánchez a la baja, la opción de triple empate en el segundo puesto podría sucederse y eso dejaría una situación insólita en este país, tan insólita que sería difícil contradecir que la nueva política ha llegado para quedarse.

La viñeta de El Último Mono sobre ayer.

La viñeta de El Último Mono sobre ayer.

 

La imagen de Portada es de Raúl Guerrero, de ACN.

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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