15 de junio del 2018
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Pues sí, en este año 2018 seguiremos teniendo una Administración impropia de un Estado moderno. No me cansaré de repetirlo, la Administración española está corrompida por el nepotismo, el amiguismo y el clientelismo. Bajo el rimbombante nombre de “cargos de confianza”, que, por cierto, en la mayoría de ocasiones carecen del rango de “cargo”, miles de funcionarios afiliados a partidos logran cada año sacudirse el yugo del servicio público para pasar a servir su interés personal, es decir, logran plaza donde no se les necesita y donde, por consiguiente, apenas hay trabajo.

Tanto el Partido Popular como el Partido Socialista son responsables de este desgobierno y, en Cataluña, cabe decir lo mismo de la antigua CIU. A través de estas maniobras se obtienen logros tan apreciables como malgastar dinero público, potenciar el servilismo y triturar el talento de los empleados públicos. Al funcionario responsable no le queda otra salida que tragar saliva, hacer de su capa un sayo y resistir con dignidad sin abandonarse a la vida adocenada propia del enchufado o del vago. No es tarea fácil, tras mi primer trienio como funcionario he podido constatar que en España jamás un empleado público resultará favorecido por trabajar bien, antes le rentará ser familiar del politicucho de turno o amiguete de conveniencia.

En este contexto, preguntarse por el servicio público no solo resulta un ejercicio meramente retórico sino que carece de trascendencia, sobre todo porque, aun cuando no se ha logrado engañar al ciudadano hasta el punto de que este considere que los funcionarios merecen más respeto, se ha logrado desactivar cualquier intento de control ciudadano de la Administración. Y la falta de control asegura el descanso eterno, nunca mejor dicho, el vuelva usted mañana y el exilio de la moralidad en el ámbito administrativo. Promesas del régimen del 78, que parece haber afianzado una burocracia de genética decimonónica. Así que solo tenemos dos soluciones: la imaginaria y la realista. La realista consiste en pedirle a la Virgen que mejore el funcionamiento de nuestro país; la imaginaria exigiría que todos los empleados públicos empezáramos a trabajar para conseguir un país más decente.

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David Condis Almonacid. Escritor y letrado de la Seguridad Social. España no puede caer en una espiral autodestructiva. Replicar forma parte del proceso dialéctico que debe conducirnos a soluciones equitativas.

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