22 de agosto del 2017
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Este mes ha muerto un hombre asfaltando la A-406 en plena ola de calor. Busco su nombre en la prensa ortodoxa y me cuesta encontrarlo. Mucho. Los periódicos de postín se referían a él como «un hombre de 54 años». Nada más. Debo remitirme al blog Cofrades de Arahal o a la Zona crítica de eldiario.es para saber que se llamaba Rafael Luque.

El día 12 de julio, Rafael Luque, un mileurista más de esta próspera California europea llamada España, murió de un golpe de calor trabajando por encima de sus posibilidades para sostener a su familia y a su país. A 45º a la sombra, asfaltando carreteras con un aglomerado que supera los 170º y sin caer en la tentación de robar a los parados, a los jubilados, a los estudiantes o a los enfermos. Era un tipo humilde que tocaba el tambor en la banda de la Victoria de Arahal y disfrutaba con la música, la familia y los amigos. No tenía cuentas en paraísos fiscales ni las necesitaba para ser feliz. La vida, como para muchos españoles, no era para él una cuestión de avaricia, sino un placer prioritario y natural.

Pero lo natural parece incompatible con este capitalismo salvaje que ordena nuestras vidas y decide nuestros destinos. El dinero se antepone a la humanidad, a los principios, a las ideas, a las leyes, al sentido común. En esta teoría política y económica depredadora todo se remite a una cuestión de precio. El ser humano es una mercancía, un número, un instrumento destinado a engrosar cuentas de resultados y balances financieros. El neoliberalismo ha convertido a España en una jungla peligrosa y perderse en ella cada día para sostener honestamente a una familia resulta una epopeya de alto riesgo.

Muchos, como Rafael Luque, mueren en el intento, estafados, abusados, ninguneados, exprimidos y despreciados por el poder, manoseados por economistas, banqueros, políticos y mafiosos. El sudor de la frente, las grietas de las manos, la sangre de los pies, ya no son referentes de nada y valen poco en este país envilecido por la vorágine devastadora del neoliberalismo. Un hogar sólo es un contrato hipotecario, un héroe una herramienta barata y un principio una idea peligrosa. Mercaderes sin escrúpulos compran nuestros valores a precio de saldo y nos da igual. Caen nuestros héroes en el tajo, los auténticos, y ni siquiera recordamos su nombre. No sé de qué nos asombramos, España va exactamente como tiene que ir.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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