22 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Anda la caverna mediática vertiendo bilis por sus teclados y micrófonos porque la CUP ha afirmado que se está planteando acudir al homenaje por las víctimas de los atentados en Cataluña si encabezan la manifestación el Rey Felipe VI y otros oligarcas españoles.

Es de sobra conocido que la monarquía española ha jugado un papel fundamental en los negocios armamentísticos de España con Arabia Saudí, país que capta, financia y adoctrina a los yihadistas. En los mentideros políticos y periodísticos (no a nivel oficial, por supuesto) la Casa Real era y es concebida como un intermediador muy sólido, más que probablemente interesado, de estas operaciones.

Lo que ha señalado la CUP no es nada nuevo, su rechazo no ha sido el único, ni debería escandalizar a nadie mínimamente informado en política internacional. Sencillamente es una verdad que escuece al patriotismo de pulserita y bandera, estos días más hipócrita y feroz que nunca.

Poner un altavoz al lucro armamentístico de la Casa Real y de ciertos empresarios españoles en un momento de plena actualidad terrorista es algo insólito en un país acostumbrado durante la Transición a besar la alfombra por la que pasaba la corona y nuestros dirigentes o silenciar y escurrir todas sus corruptelas. Como en el capitalismo nada es gratis, el precio de la osadía de la CUP, ha sido una avalancha de ataques liderados por El País, que los califica de antidemocráticos, y secundado por la cadena de los obispos y el Partido Popular, que, en un alarde de inteligencia, ha llegado a calificar a la formación independentista como “guarros”.

La CUP, como movimiento que se declara abiertamente independentista, republicano y antisistema, no ha hecho nada que vaya a sorprender a sus votantes y en cambio, ha conseguido un rédito espectacular con apenas unas declaraciones —no tan beligerantes— de su diputada Mireia Boya. Indudablemente ha colocado el foco mediático en los viajes de la Casa Real con el fin de pelotear a los mismos jeques que paralelamente avivan la llama del yihadismo.

Con un acto simbólico y a cambio de muchas injurias, la formación independentistas ha logrado que algunos españoles, solo los más curiosos, lean sobre esta lucrativa relación y la pongan en entredicho. Ha reforzado su papel de oposición y nadie le ha sabido rebatir sin caer en la descalificación. La izquierda más pura ha aplaudido su clarividencia. Sus votantes permanecen satisfechos. La caverna reaccionaria aún se encuentra digiriendo la jugada, refugiada en los insultos. Felipe VI, por su parte, no volverá a pisar Arabia Saudí en una temporada y su gabinete de comunicación apostará por actos benéficos de perfil bajo para limpiar su imagen.

Es imposible sacar más con tan poco.

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