28 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Este artículo son unos apuntes al artículo de Iñigo Errejón “Abriendo brecha: apuntes estratégicos  tras las elecciones generales” con el ánimo de debatir y construir entre todos y todas, desde una perspectiva más activista que teórica.

El artículo explica, con el estilo difícil y dialécticamente encriptado de Errejón (en parte por el papel electoral que siempre juega lo que escribe y en parte por su intento de construir un lenguaje nuevo lleno de resignificados), la adaptación de Laclau que trata de llevar a cabo Podemos de la parte del sector que él mismo representa en la dirección.

Esto se ve especialmente en este parrafo: “Efectivamente, seguía y sigue habiendo condiciones para un discurso que articule transversalmente demandas frustradas de muy diversa índole -territoriales, democráticas, sociales, morales- en torno a referentes de alto poder simbólico y un horizonte de refundación como país, democratización y redistribución de la riqueza.Y la virtud de ese discurso es tanto ser capaz de fijar los términos de la disputa para los otros como navegar entre el sentido común de época y sus posibilidades de expansión progresista.”. Y más culminado con el HT que acompaña en redes al artículo #FundarUnPueblo2016. Cadenas de equivalencia, construir sujeto.

El artículo de Público que origina este debate.

El artículo de Público que origina este debate.

No es sorprendente esta visión heredera de Laclau y Mouffé, con la estoy en gran parte en desacuerdo aunque valoro mucho su aportación. Lo que sí me sorprende es la exposición de manera explícita de la adaptación suigeneri de estas ideas que Errejón está haciendo al contexto español. Me preocupa especialmente cuatro aspectos en los que difiero:

1) Habla de la sustitución del concepto “Pueblo” por “lo ciudadano”, renunciando en parte (ya vemos que no del todo) a construir un concepto comunitario, en plural, que lleve de manera inherente al conflicto con los valores del neoliberalismo. Un pueblo puede ser relleno de un contenido rupturista, que represente a los de abajo, y que lleve hacia el conflicto inherente en una sociedad de clases. “Lo ciudadano” conecta mucho mejor con el sentido común de época, claro que sí, porque no deja de ser un concepto profundamente individualista, de sujeto como portador de derechos inviduales, independiente de su contexto, su comunidad, su gente, su colectivo. Creo que no habría que adaptarse a ello, sino buscar conceptos que aglutinen y tengan más potencialidad. Y en este sentido, tratando de avanzar, la dicotomía clases populares-oligarquía me parece más interesante, por la capacidad de describir el conflicto socioeconómico inherente a la vez que aglutina.

Clarin

2) La inclusión de la meritocracia como un elemento más del discurso (recuerdo aquello de la defensa de las listas electorales como algo similar al “MIR” en medicina). En esto encontramos lo mismo que en el anterior punto. Es un aspecto que conecta perfectamente con las ideas de la mayoría, cargadas de las ideas neoliberales del “American way of life” o “si te esfuerzas mucho podrás ganar un millón de dólares”. El problema es que es mentira. Sirve para darle un barniz a Podemos de fuerza respetable, de gente seria, de no ser perroflautas, que es muy útil en lo electoral. Pero otra vez hipotecamos el medio y largo plazo, renunciando a disputar el campo de lo político, de las ideas, de generar un sentido común transformador. No se trata de renunciar a técnicos y especialistas, que son imprescindibles, sino a introducir un sesgo culturalista y academicista, por el que determinados saberes profesionales de clase media y alta son más valorados que lo popular, lo de abajo, lo de la gente corriente. Nuestra cultura política no puede ser eso, y desgraciadamente se ha impregnado de eso. Nuestra dirección no puede ser ocupada solo por gente post universitaria, cargadas de másteres y doctorados, porque la mayoría de la población no es así. Y porque eso (y los procesos de burocratización material), indefectiblemente, llevan a que muchos de ellos estén cargados de sentimientos de recambio de élites, del discurso de “el problema ha sido que los han gestionado era inútiles, y ahora llegamos la juventud preparada para hacerlo bien”. No, para recambios ya tuvimos el 78. Ahora se trata de que la gente tome las instituciones para cambiarlas por unas que estén al servicio de la mayoría. Pero en plan de verdad, no solo como discurso.

3) La continua alusión al letimotiv “los de arriba han roto el pacto social”. No dejo de reconocerle la importancia de la permanencia imprescindible del conflicto arriba-abajo, pero tiene dos aspectos relacionados que me preocupan. Por un lado, esconde una defensa del “pacto” social anterior, como si lo anterior al 15M fuera una sociedad defendible. Entiendo que esto conecta con un sector de clases medias que tiene la esperanza de volver a 2006, pero creo que de nuevo aquí habría que disputar el sentido común. Como muestra un botón: en el año 2007 la provincia de Cádiz ya tenía más desempleo del actual en las provincias vascas. La pobreza y la precarización no llegaron en 2008 y además son fruto de lo que pasó anteriorimente. De aquellos barros, estos lodos. Y por otro lado, la defensa de un nuevo “pacto”, que posiblemente dirá que habrá que rellenar de contenido, pero que deja entreveer una perspectiva conformista que tiene como objetivo último una reedición de una especie de pactos de la Moncloa, en el que renunciamos a transformar a cambio de pequeñas mejoras temporales. La cuestión es que me da a mí que el capital no tiene ahora el margen que podía tener en el 77.

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Los círculos, la clave para el autor del artículo.

4) Y por último, y creo que la más importante, hay una alusión constante a que la población objetivo son las cases medias y profesionales. Esto se basa en que el núcleo errejonista entiende que la gente no vota por lo que es, sino por lo que quiere ser. Es significativo este extracto de la entrevista de Jorge Lago a Pablo Iglesias en “La Circular”: Interpela Lago “a las clases populares se llega desde las clases medias, o lo que es lo mismo, a la gente no se le habla por lo que es, sino por lo que desea ser.” Responde Iglesias: En su momento, la clave del éxito del PSOE fue que supo crear un concepto de clases medias, que en buena parte de los casos son asalariados, pero que se perciben como trabajadores medios pues aspiran a una mejora de sus condiciones de vida. Ahora bien, ¿podemos nosotros emular ese tipo de éxito del Partido Socialista? La respuesta es no. Nosotros somos un fenómeno de la excepcionalidad. Jugando a ser la fuerza política de las clases medias, habrá otros actores que resulten más creíbles que nosotros. Si lo que se impone es que las clases medias vuelven a ser el eje articulador, el núcleo irradiador, entonces habrá otras formaciones políticas con las que no podremos competir aunque nos disfracemos. Nosotros no podemos ser el PSOE porque somos un fenómeno de la excepcionalidad, surgimos como consecuencia de la ideologización de esas clases medias empobrecidas, somos fruto del 15-M.” Sin duda, Iglesias acierta en su visión mucho más transformadora que Errejón. La clave son las clases populares, los de abajo, los que nunca se integraron en el sistema, lo que , por un lado, nos mantenga la posición de fuerza excepcional que permite ganar unas elecciones, mientras que además nos ancla en la realidad como fuerza antirégimen . Si copiamos, siempre nos ganarán. Una de las  claves está en los barrios, en los excluidos, en el altísimo porcentaje que ni siquiera vota.

En resumen, hay una constante que es separar lo político de lo real, de lo material, de la vida cotidiana de la gente, como si fuera un ente abstracto que se construye solo en el discurso. Eso es rentable porque permite estirar todo lo que se quiera, girar y adaptarse una y mil veces, pero no deja de ser un artificio más cercano a la poética que a la capacidad de transformar en lo profundo. El problema es que se separa tanto de la realidad que deja de representarla. Y eso nos lleva a que lo político acaba supeditado a lo comunicativo, que es algo imprescindible y cargado de herramientas cruciales, pero que si no está al servicio de lo político se pierde en su mismo bucle.

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Fotografía – Reuters.

De esto se sigue,por tanto, que el conflicto (reducido a mero discurso) solo se da en el campo de la representación, de las instituciones, de lo electoral, ignorando todas las demás parcelas de la vida impregnadas de lo político y en constante politización. Frente a esto, necesitamos ahora más que nunca implantación social, redes comunitarias y que el cambio que comienza a llegar a las instituciones se extienda en la vida cotidina de la gente: plazas, barrios, centros de trabajo, asociaciones, centros de estudio,…

Y para terminar, separar lo político de lo real, primando lo comunicativo, necesita que esto último esté fuertemente controlado por un grupo pequeño. Eso nos lleva a renunciar a la construcción colectiva,  al “modelo Vistalegre” de organización, a ser un partido más que un movimiento, a los refrendos telemáticos de decisiones ya tomadas. En definitiva, es renunciar a aumentar el nivel de conciencia de la gente, a que alguien llegue a un círculo y vaya aprendiendo y creciendo, es renunciar a disputar las ideas de la mayoría por unos nuevos valores que permitan construir. Es, en la práctica, renunciar al 15M. Y no se trata de una idea romántica, nada más lejos de la realidad, sino a la única forma real de hacer cambios de verdad, que a la vez que tomamos posiciones de poder (limitado) en la instituciones, vayamos generando gente con capacidad de ir tomando el poder real, el que controlan los que no se presentan a las elecciones. La muestra: los círculos y las candidaturas del cambio por todo el país. Gente corriente que, sin grandes recursos y con muchas ideas, se remangó para coger el futuro con sus manos.

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Jose Ignacio García Sánchez

Orientador educativo y psicólogo. Activista. "En un mundo en que los perdedores comenzamos a jugar en el teatro de sombras para colarnos por rendijas que nos permitan ganar, recordar que el pensamiento es lenguaje y el lenguaje es pensamiento se hace indispensable. Colocarnos en la zona de desarrollo próximo, con la gente, nunca enfrente, nunca detrás, nunca escondernos ni claudicar, sino junto a la mayoría para hacer avanzar".
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    Una Réplica

  1. Jesús Alonso

    Jose Ignacio,desde mi posición de mero integrante de un círculo pequeño, al que tú visitas con cierta regularidad, he de decirte, que no puedo estar más de acuerdo en tu exposición, que más que eso,es un trabajo doctoral, muy razonado y a la vez, razonable.
    Quisiera con estas cuatro letras, animarte a que continúes en esta línea, y nos reúnas a todos aquellos que piensen que algo habrá que hacer, respecto a todo lo aquí expuesto, para poder debatir tranquila y serenamente,de todo aquello que nos preocupa y ocupa, a la gente llana del pueblo.
    Quedo a la espera de que ocurra algo en ese sentido, ánimo José Ignacio,pues detrás existe un clamor popular que hay que exteriorizar, adelante….

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