19 de septiembre del 2017
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Mi primer recuerdo relacionado a alguna elección es del 89. Era la hora de Menem, y paseábamos con mi papá por el centro de San Francisco viendo la caravana de festejos del partido ganador. Nos paramos en un quiosco, me compró una gaseosa; caían papelitos por todas partes y le pregunté si Menem era un buen tipo. “Qué sé yo si es bueno”, me contesto, “pero es tan lindo ver a la gente festejar”.
La noticia más importante del lunes, es que la democracia sigue viva, porque nos ha vuelto a poner ante una instancia de prueba, un desafío histórico ante el cual tenemos que demostrar que estamos a su altura. Porque la democracia, muchachos y muchachas, no tiene dueño.

Ya viene siendo hora de que cierto kirchnerismo –ese que hoy habla de voto “autoflagelo” de los sectores populares, y que ayer, reiterando su actitud pedestre, retaceó datos que no son patrimonio de nadie más que de la población votante– comience a debatir si no ha sido su altanería la responsable de poner a Macri en un territorio que no imaginaban ni los opositores más optimistas. Un terreno que presenta una cuesta arriba durísima para el oficialismo. Es decir, es hora de que reflexionen sobre el costo de no dejar elegir a su propia militancia y obligarla a votar por un candidato mediocre, insulso; y es hora de que comiencen a madurar el alto precio de gambetear indicadores sobre la situación social e institucional del país, que ayer quedaron reflejados en las urnas.

Porque son ustedes, muchachos, los que se han cargado el sueño que muchos de nosotros tuvimos cuando Néstor comenzó a despuntar sus primeras políticas de gobierno: el sueño de superar, de una vez por todas, la pesada etapa transicional de nuestra democracia, para avanzar hacia la construcción de un país más transparente.

Por suerte, creo, ayer la población en general demostró que algunos de sus funcionarios no le llegan a los talones. Lo que resta para el futuro es una cuestión que sigue pendiente. Hace varios meses le pregunté a Héctor Schmucler qué aspecto era, a su criterio, el que aún debíamos evolucionar como sociedad democrática, y me contesto: “la duda, es si estamos preparados para aceptar todo lo que la democracia exige como cultura, todo lo que implica”. El país que viene, en gran medida, va a tener que ver con eso.

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Gabriel Montali. Argentino (Cordobés), periodista e hincha de hincha de Sportivo Belgrano, un club de segunda división de su país desgraciadamente propenso a las derrotas quijotescas. Su filosofía: “el periodismo no es una herramienta para exhibirse, sino un instrumento para pensar”, tomada de Tomás Eloy Martínez.

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