21 de marzo del 2019
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Han asesinado a Berta Cáceres. La han asesinado con sucinta premeditación. La han asesinado por defender los derechos de los indígenas y de la Naturaleza. La han asesinado a tiros hasta que ha terminado de desangrarse.

Usted no sabe quién era Berta Cáceres. Usted no sabe quién es el presidente de Honduras. Usted sí sabe quién es el presidente de Venezuela. Hágaselo mirar.

Hace un año, la BBC describía a Berta Cáceres de la siguiente manera:

Ni las amenazas de violarla y lincharla. Ni las amenazas de atacar a su madre y secuestrar a sus hijas. Ni el asesinato de sus compañeros. Nada ha podido detener la lucha de una mujer hondureña, madre de cuatro hijos, cuya campaña contra un polémico macroproyecto sobre río Blanco de la mayor constructora hidroeléctrica mundial, la empresa china Sinohydro, le valió el prestigioso premio ambiental Goldman el pasado abril, y también su muerte en la tarde de ayer.

Berta Cáceres organizó al pueblo lenca, la mayor etnia indígena de Honduras, en su lucha contra la represa de Agua Zarca, que iba a ser construida sobre el río Gualcarque, sagrado para las comunidades indígenas y vital para su supervivencia.”

Berta Cáceres estaba anoche en su casa. Un grupo de sicarios entraron y acabaron con su vida a quemarropa. Precisamente, la semana pasada, Berta dio una rueda de prensa para denunciar el asesinato de varios dirigentes de la comunidad indígena, así como las repetidas amenazas que venían sucediéndose.

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Según un comunicado del Gobierno, “equipos de la Policía Nacional, de la Dirección de Inteligencia e Investigación, del Ministerio Público, de la Agencia Técnica de Investigación Criminal, de la Unidad de Delitos Violentos y de la Dirección de la Policía de investigaciones están dedicados completamente a la zona para poder dar con los responsables”. Por su parte, Carlos Reyes, líder sindical hondureño, calificó lo sucedido como un asesinato político. “Su muerte es fruto de la lucha que siempre tuvo por defender la naturaleza y a los indígenas y de la inacción del Gobierno cuando era necesario su apoyo”.

Hoy, con el cadáver de Berta, el Gobierno hace gala de todo su elenco institucional y policial para averiguar algo que pudo haber evitado concediendo protección y seguridad a Berta mientras estaba viva. En contraposición a ello, la secretaria de Seguridad de Honduras asegura que las medidas cautelares que se habían establecido para la protección de Berta Cáceres desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos habían sido llevadas a cabo, pero la activista, en el momento del asesinato, se hallaba en una casa distinta a la que había acordado su vigilancia.

Berta debía dar nota de dónde estaba para su protección y vigilancia al Gobierno. Si alguien quería estar viva, era precisamente Berta. A Berta hoy, desde el Gobierno, indirectamente y con el cuerpo aún caliente, se le culpa de no haber comunicado dónde se hallaba. Quizás Berta no podía fiarse de un Gobierno que ante el Banco Mundial y multinacionales cedía fácilmente. Quizás por eso no comunicó dónde se encontraba.

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Hoy, los hondureños más pobres, sus pueblos indígenas y todos los ambientalistas lamentan su pérdida. Hoy, resulta inevitable recordar y honrar la memoria de Chico Méndez.

Dijo una vez Neruda que podrán cortar las flores, pero no podrán detener la primavera. Quién sabe si, con esta nueva flor que han arrancado de Honduras y con otras tantas tan solo desde 2014 (en torno a 140 ambientalistas asesinados solo en Latinoamérica según la organización británica Global Witness, con Brasil y Colombia a la cabeza), algún día, la primavera sólo será algo que se conozca por los libros.

Hoy, en un alarde de conmoción, el mundo nos demuestra que siempre habrá quienes traten de hacerlo un lugar más miserable. Y también nos demuestra que prevalece la cobardía, a la que jamás se sometió Berta.

Desde La Réplica, descanse en paz. Que la tierra te sea leve.

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Alejandro García Maldonado

Licenciado en Derecho por la UMA, ha colaborado en medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno y Cubainformación. Autor de las obras "Testigos cegados" (2011) "Transcripción del Manifiesto Comunista" (2012), "Tra due anime" (2015) y "Al resguardo del tilo rojo" (2018). Ha cursado estudios a distancia sobre antropología biográfica en la Bernard Lievegoed University (Zeist, Holanda) y dirige el proyecto literario "Etreso Biografías". Diplomado en Periodismo por el National Council for Training of Journalist de Londres, actualmente escribe un libro de relatos cortos que verá la luz a finales de 2019 y reside en Suecia.
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