18 de diciembre del 2017
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Hacia la segunda década del siglo XXI, la Unión Europea seguía conducida por las doctrinas del liberalismo económico, bajo la tutela del FMI, la Troika, lobbies y especuladores. El escaso eco de las voces que alertaban del nefasto devenir de esas consignas, se perdía entre la inoperatividad del parlamento y la complicidad de los medios de comunicación. Los políticos en puestos de relevancia se caracterizaban por un bajo sentido de la responsabilidad y el deseo de prolongación de las condiciones de austeridad, en pos de salvaguardar sus privilegios. El periodismo tradicional jugó un papel cómplice con las élites, perdiendo su valor primigenio y significancia de cara a la ciudadanía. Es entonces cuando surge una complicada reconversión de los medios, de su logística y su condiciones de viabilidad. Surgen las publicaciones de socios, los crowdfunding y el pago por pieza.

Pero si algo marcó el cambio sociopolítico en Europa fue la crisis de los refugiados (2015-2017), que tuvo tres etapas bien diferenciadas. Una primera, donde los líderes europeos intentaron organizarse para el reparto de refugiados en su mayoría Sirios, guardando las apariencias y actuando con un ojo en lo económico y otra en la imagen vertida a los medios. La segunda, mucho más cruda, donde los refugiados deambulaban por las fronteras de Europa, se aglutinaban en Grecia o morían en aguas del Mediterráneo. A esta etapa se le ha llamado “el bienio de la vergüenza” y es punto de inflexión respecto a los cambios que estaban por llegar.

La ciudadanía Europea, fatigada en lo anímico, ahogada en lo económico y hundida en lo moral, comenzó a organizarse. Los cambios en la política de partidos que comenzaron en los países del sur, tuvieron su eco en otros países europeos, pero no fue hasta que las Protestas en las plazas lo potenciaron y la articulación del Plan B se hizo efectiva, que no adquirió verdadera dimensión de cambio. La cooperación en red y los nuevos movimientos contra el TTIP y por los derechos humanos sirvieron de motor de arrastre. Los nuevos medios de comunicación filtraron las vergüenzas de Europa, en una suerte de espectacularización de la miseria.

Mientras los dirigentes europeos intentaban recular, asumiendo nuevos compromisos que incumplir y tratando de suavizar su imagen a través de sus medios, el empuje social y el aparato político surgido de sus reivindicaciones ganaban terreno. Peso moral, pero también músculo institucional. Paso a paso, el neoliberalismo se enfrentaba a una amenaza que nunca había conocido, la de la dignidad de los pueblos que habían conseguido, diversificando sus frentes, bajo diversas formas y manifestaciones, actuar como eje común contra sus dictados.

Europa tuvo que verse en el espejo de los refugiados Sirios para advertirse su indecencia. Los cambios propulsados desde las plazas, desarrollados en red y ejecutados en las instituciones, condujeron a otra etapa, la de La Europa Digna (2017-2025), de la que hablaremos en el siguiente apartado histórico.

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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