27 de julio del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Conozco a gente “muerta de hambre” que se cree que Podemos y el resto de fuerzas de izquierdas y/o del cambio van a confiscarle un piso en la playa que no tendrán en su vida. Gente leída y con gran formación preocupadísima por la situación política de Venezuela, un país americano situado a 7.000 kilómetros de su casa y cuya onda expansiva, por mucho que pasaran por allí los siete jinetes del apocalipsis, nunca iría a notar. Gente ingenua que cree que Podemos va a terminar, si llega al poder, con una tradición centenaria y arraigadísima como la Semana Santa. Gente que se traga que de un plumazo abolirán las fuerzas del orden, situación que no ha sucedido jamás en ningún país del mundo. Gente inocente que teme que ETA, una organización muerta, resucite de la noche a la mañana y asesine concejales. En definitiva, conozco gente de toda clase y color instalada confortable y descaradamente en la mentira, que viven una ensoñación que parece dictada por 13tv o Carlos Herrera.

Es hora de admitirlo, la derecha y los poderes fácticos están ganando la batalla ideológica. Tienen el bolígrafo y están escribiendo el relato. Sobre el eje Venezuela-ETA-piso de la playa-ateísmo-feminismo han conseguido infundir el terror en los intereses económicos y/o sentimentales de la gente, sobre todo en las personas mayores, para dibujar un escenario en el que la oposición política, la disidencia y el contrapoder nos haría bajar a los infiernos.

El establishment sabe que ha jugado, juega y jugará sucio. Sabe que no tiene argumentos para explicar que todo siga igual con media población sumergida en la pobreza, la exclusión social y la precariedad laboral, con la hucha de las pensiones vacía, la corrupción disparada a hasta niveles groseros, la justicia secuestrada, la sanidad herida de muerte y los medios de comunicación desinformando. Saben que tienen todo controlado excepto la verdad.

Llegado a un punto de no retorno, solo cabe discutir su relato. Aceptar el cuerpo a cuerpo y asumir el reto. Por duro y extenuante que sea, va siendo hora de decirle a nuestro cuñao y nuestro suegro que Venezuela está muy lejos, preguntarle si conoce al concejal de bienestar social de su pueblo o se plantea las razones por las que le suena el nombre de Leopoldo López y no el del presidente de nuestro país vecino que lucha contra los incendios (por cierto, se llama Marcelo Rebelo de Sousa). Es hora de preguntarle a nuestra vecina por qué no se preocupa por el presente de sus hijos en paro o la pensión de su madre y sí por otras cosas que no le afectan. Si de verdad cree que Podemos va a quemar su capilla. Hay que preguntarle a nuestros abuelos por qué temen a ETA y no por el futuro de sus nietos. En un escenario de violencia simbólica y un sistema que miente y difama ante cualquier signo de rebeldía, ya no queda margen para una pedagogía buenista. El relato hay que discutirlo con argumentos sólidos, con una pedagogía diferente, acciones políticas, conciencia de clase, debate, inteligencia colectiva, construyendo pueblo, puliendo el discurso en clave social, señalando sin temor las mentiras cuando las escuchemos y las leamos. En otras palabras, habrá que arremangarse y bajar al fango. Porque la hegemonía cultural la están ganando, es de ellos, de las élites. Y tenemos que arrebatársela.

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.
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