22 de agosto del 2017
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En menos de una semana hemos conocido dos informes de la OIT y la OCDE en los que se alerta del aumento de la desigualdad en España durante estos años de crisis. Estas organizaciones, nada sospechosas de querer subvertir el orden internacional constatan el enorme fracaso de las políticas de austeridad en España.

¿Fracaso? Depende de desde donde miremos, si miramos con nuestros ojos, con los de la clase trabajadora, en efecto estas políticas que intentan apuntalar el capitalismo en su mayor crisis desde el año 1929, constituyen un estrepitoso fracaso que, curiosamente, suponen un gran éxito para la oligarquía del país.

Las reformas laborales, tanto del PSOE como del Partido Popular dejan un panorama desolador en España. Dice el informe de la OIT que, en lo que atañe a los salarios (principal, cuando no único ingreso de la clase trabajadora), la brecha entre la parte más rica y la parte más pobre de la población se ha incrementado entre un 40 y 50 por ciento, convirtiendo a España en el país desarrollado con más desigualdad salarial después de los Estados Unidos, país que lleva la desigualdad en su ADN desde hace más de dos siglos.

Añade también el informe de la OIT que la parte más pobre de la sociedad ha sufrido un 43% de reducción en su poder adquisitivo, que, ya de por sí, era bien escaso. Por su parte, la OCDE ha advertido de que “la desigualdad es un lastre para el crecimiento” y para ello muestra datos como el hecho de que en España la renta del 10% más rico de la población es 14 veces superior que el promedio del 10% más pobre, diferencia que no ha dejado de aumentar desde el inicio de la crisis capitalista de 2008.

Así, después de gigantescos recortes, reformas laborales, privatizaciones, rescates bancarios, y, como no, la corrupción, que han producido el mayor trasvase de rentas entre clases de la historia de la humanidad en el mundo y en España, podemos decir que la desigualdad es el balance, triste, de la guerra existente entre las clases sociales con intereses enfrentados e irreconciliables que componen la sociedad, guerra que, dicho sea de paso se caracteriza, hasta el momento, por una imparable ofensiva de la clase dominante.

Esto se entiende mucho mejor cuando vemos que a la vez que la clase trabajadora, la mayoría social de este país, se está viendo abocada a la precariedad, la pobreza, la exclusión social o la emigración, conocemos que el número de millonarios en España creció un 24% de 2013 a 2014, llegando a las 465.000 personas, según un informe del Credit Suisse.

Ante este panorama, sólo una propuesta organizada, rupturista, marcadamente anticapitalista, que tenga a la clase trabajadora como sujeto político protagonista del cambio, podrá empezar a cambiar esta terrible tendencia que busca completar la esclavitud, de facto, de las mayorías sociales del país.

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Periodista. Apasionado por la información y la política. Escribe para Mundo Obrero. "C'est la lutte finale"
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