30 de abril del 2017
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La andadura de la educación bilingüe en España comenzó hace aproximadamente una década en la Comunidad de Madrid, que en el próximo curso contará con unos 181.000 alumnos matriculados en 494 centros públicos bilingües (359 colegios y 135 institutos). Desde entonces el bilingüismo se ha extendido por todo el país gracias al apoyo institucional y normativo que, tanto a nivel autonómico como central, reciben estos programas.

De forma frecuente la extensión de los programas bilingües en los centros educativos españoles ha venido acompañada de un eco legitimador que pretende adecuar la educación española a la que supuestamente recibe el alumnado europeo. Lo cierto es que en el resto del continente son contados los Estados que albergan modelos educativos bilingües. Tras un ejercicio de simplificación, en Europa podemos encontrar dos modelos lingüísticos. El mayoritario es el que se organiza mediante una doble red escolar que permite a los ciudadanos escoger la lengua en la que estudiarán sus hijos de entre aquellas que son oficiales en sus territorios. De este modo, en Finlandia existe una red de escuelas en finlandés y otra en sueco, también en Gales (galés-inglés), en Eslovaquia (eslovaco-húngaro) o en Irlanda (irlandés-inglés). Frente a éste encontramos un modelo minoritario de educación multilingüe, que puede ser bilingüe o trilingüe. Éste sólo se da en territorios con herencias histórico-lingüísticas compartidas como Alsacia y Lorena con Francia y Alemania o en países como Francia, Polonia u Holanda únicamente en etapas superiores equivalentes a nuestros 4º de ESO y Bachillerato, pero en ningún caso en Primaria, como ocurre en España con una repercusión curricular muy limitada.

Como observamos, el modelo bilingüe español es una rara avis en el marco europeo. En España, los programas bilingües se estructuran como currículos escolares complementarios que tienen como objetivo reforzar el conocimiento de una lengua extranjera (fundamentalmente el inglés y en menor medida el francés y el alemán), a través de la impartición de áreas de conocimiento distintas de las lingüísticas (Geografía e Historia, Ciencias Sociales, Matemáticas…).

Ilustración aparecida en 2014 en El Pais en torno las lenguas en España.

Ilustración aparecida en 2014 en El Pais en torno las lenguas en España.

La puesta en práctica de este modelo hace surgir mil y una paradojas. La clase se imparte en un idioma que los alumnos apenas dominan, en buena medida por el excesivo peso que las metodologías docentes dan a la gramática en detrimento de la expresión oral y el sometimiento a la dinámica de los libros de texto, cuyas editoriales configuran un auténtico lobby de presión. El profesorado que imparte la sesión, salvo en honrosas ocasiones, no cuenta con la soltura lingüística de un nativo dado que, en aras de la extensión a macha martillo del bilingüismo, las administraciones educativas aceptan como acreditaciones lingüísticas (B2), a falta de plazas suficientes en las Escuelas Oficiales de Idiomas, certificaciones privadas, como la del Trinity College, que se hallan lejos de cualificar adecuadamente al docente. En una carta dirigida al ex ministro de Educación José Ignacio Wert, profesores de centros bilingües de la Comunidad de Madrid, se expresan en este sentido: “No es posible implementar un verdadero programa bilingüe sin un número importante de profesores nativos que impartan las materias. Es cierto que existen algunas personas no nativas cuyo dominio del inglés les permite una fluidez cercana a la de un nativo, necesaria para ser capaz de transmitir contenidos en un aula de manera eficaz (lo que en el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas se clasifica como hablante competente C1). Pero éstas no abundan en España (requiere haber vivido largo tiempo de inmersión en un entorno anglosajón) y no suelen ser profesores”.

Esta fiebre por la obtención del tan ansiado B2, que permite a funcionarios de carrera obtener destinos definitivos y a los interinos vacantes en centros bilingües, tiene además como daño colateral que la formación docente no vaya dirigida de forma preferente a la profundización científica en su materia o a la adquisición de nuevas pautas metodológicas, mermando la necesaria actualización de los profesionales de la enseñanza.

Fotograma de Toy Story. Efe.

Fotograma de Toy Story. Efe.

 

Analizando lo anterior y reduciéndolo a los elementos del lenguaje concluiremos que, si el emisor tiene limitada su capacidad como comunicador y el receptor limitada su capacidad como oyente, el mensaje que se transmita no puede sino estar limitado precisamente porque el código (el lenguaje) utilizado no es el propio. De ahí, que una de las inmediatas consecuencias que este modelo tiene es la de plantar la semilla del similingüismo, al convertir las clases bilingües en caldos de cultivo del spanglish en las que la expresión oral en castellano se adoba con contadas palabras o expresiones en inglés.

Asimismo, la puesta en marcha de los programas bilingües en los centros educativos públicos desvela importantes carencias de inversión que ha llevado a que en territorios como Andalucía, una de las comunidades autodenominadas “rebeldes” a la LOMCE pero en la que la aplicación de esta nueva norma está siendo más rígida, la implantación en Educación Primaria  a partir del curso que viene del segundo idioma extranjero, en este caso francés, se hará a costa de horas procedentes de maestros generalistas y no aumentando las plantillas, como realmente sería más adecuado.

Aunque, sin duda, la consecuencia más grave de la implantación de este modelo de bilingüismo es la segregación del alumnado. Especialmente explicativos son los datos que arroja un estudio comparativo de la FEDEA[1], a partir de las pruebas de 6º de Primaria del curso 2010-11, entre centros madrileños acogidos a los programas de bilingüismo desde 2004 y centros que carecen de ellos. Los resultados de las materias que se imparten en castellano (Lengua y Matemáticas) mejoran en hasta un 5% mientras que aquellas que se imparten en inglés, como Cultura General (asimilable a las Ciencias Naturales y Sociales), empeoran en un significativo 11%. No obstante, el dato más alarmante que se extrae del estudio es el aumento en estos programas del porcentaje de alumnos con padres con estudios universitarios y profesiones liberales frente a la disminución del alumnado inmigrante y de necesidades educativas especiales. La triste realidad es que para muchos alumnos de programas bilingües la única forma de superar adecuadamente el curso es asistiendo a clases particulares de inglés, de lo contrario se encuentran con importantes dificultades, avanzando hacia un modelo de escuela cada vez más elitista en el que parte del alumnado tendrá la posibilidad de pagar clases particulares y otra que no.

Educación

Esta segregación no es solo visible a nivel de centros, donde al margen de las líneas no bilingües se crean grupos-clase “bilingües” con alumnado perteneciente a entornos familiares con mejor preparación educativa y ratios ligeramente más bajas, sino también a nivel local, en el que habitualmente conviven centros educativos públicos bilingües y con otros no bilingües que, por las características socioeconómicas y/o raciales de parte de su alumnado, son estigmatizados como centros de segunda categoría tanto por las familias del lugar como por los docentes, que intentan esquivarlos en los concursos de traslados.

Resulta del todo evidente que con el actual modelo de bilingüismo, inviable desde su propia concepción, las administraciones educativas están ofertando servicios que no están en disposición de satisfacer, lo que, para de un buen número de profesionales de la enseñanza, padres y madres de alumnos así como para los propios alumnos, es visto como una auténtica estafa.

 

 


[1] Evaluación de un programa de educación bilingüe en España: El impacto más allá del aprendizaje del  idioma extranjero. Brindusa Anghel, Antonio Cabrales, Jesús M. Carro. Fundación de Estudios de Economía Aplicada, 2013

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Sara Madrigal Castro

Licenciada en Historia (2006), profesora de Geografía e Historia en Enseñanza Secundaria.
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    5 Réplicas

  1. Gema González Fernández

    Soy profesora de bilingüismo en un colegio público de la Comunidad de Madrid. Yo no estoy de acuerdo con el bilingüismo tal y como está planteado, pero tampoco es para atacarnos de la forma en que lo haces. Yo estoy muy preparada, como mis compañeros, en el área que me corresponde y he de decir que la mayoría de los alumnos salen con 12 años hablando inglés y siendo capaces de seguir una ESO también bilingue. Así, pues te ruego que muestres un poquito más de respeto y te insto a que si no estás de acuerdo vengas a mi centro y nos veas en vivo y en directo. En lo que si te doy la razón es que no tenemos apoyo de nadie. Es muy bonito ponerse las medallas del bilingüismo en la Consejería, cuando si éste sale adelante es gracias a los “lomos” de los profesores bilingües. Y del B2 nada, de Advance para arriba, además de aprobar la oposición hablando en inglés.

  2. Tecno

    Otro artículo contra el bilingüismo de la Educación Pública, y defendiendo y justificando una alternativa de bilingüismo low cost/low profile que es el que han adaptado en la concertada. Sólo refuerzo de inglés y con nativos, que los sueldos de los profes cuestan mucho y formar al personal docente en idiomas también.
    Enhorabuena escuelas católicas!
    Defiende la pública!

  3. Montserrat Riera i Llobet

    En Catalunya nuestros alumnos acaban la ESO o el batchilerato sin ningún tipo de problema y todos dominan el catalan i el castellano. Aquí hay un ejemplo muy cercano de bilinguismo.

  4. Fer

    El bilingüismo ni es ni más ni menos que otra invención de los políticos que usan el dinero de los contribuyentes en pagar asesores y asesores que nos están hundiendo en la estupidez social…fácil lo tendrían su preguntaran al profesorado sobre lo quite se necesita para un proyecto educativo. El bilingüismo es una forma más de dividir a las personas en .dos grupos, los LISTOS(L) y los ”MENOS LISTOS(ML)”.
    Es una forma de quite papá y mamá digas que su hijo debe ir por bilingüe y no con los grupos ”menos listos”. E un programa basura y está demostrado, no digáis que vuestros alumnos salen hablando perfectamente español y otro idioma ( y tampoco nos quieras hacer idiotas al resto estos catalanistas que dicen que sus alumnos hablan el español perfectamente) el bilingüismo ni funcionará mientras segregue al alumnado en dos grupos L y ML, pero los bilingües son tan buenos, que el paso final programado en ese MARAVILLOSO PROGRAMA BILINGÜE ESPAÑOL, no se llevó a fin cuando la PAU nunca hizo su examen de bilingüe porque se demostró que el nivel de lengua extranjera, aplicada durante NUEVE O MAS horas semanales durante 12 años (incluido bachillerato) no pasaría nadie el examen hablado previsto para es prueba de acceso a la Universidad (bilingüe).
    Un programa quite no nació pobre de recursos, sino que sirvió para crear diferencias entre la personas y con eso la desunión de las mismas a la hora de obligar a cualquier gobierno a mantener una ley de educación echa por educadores para educar y no para dividir, luego el tema de aprender un segundo idioma, nos sentamos y lo programamos, pero para todos los alumnos sin distinciones.

  5. Francisco de Asís

    Totalmente de acuerdo con el artículo. Entendemos que no tiene por qué darse en todos los centros bilingües, pero el hedor a decisión política es más que patente. Y que se usa, en la pública, más para segregar que para otra cosa. Por desgracia, en la escuelas concertadas y en alguna otra privada (en la que trabajo) se lo toman de otro modo, pero con resultados más bien mediocres.

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