21 de julio del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Sobre la izquierda obsoleta, la lucha de las clases populares y su exasperante inmovilismo táctico.

A los sindicatos y a la forma partido tradicional habría que borrarlos  del mapa. O conservarlos en un museo de historia antigua.

Existe una sociedad emergente, una nueva forma de capitalismo, nuevos modelos de producción, el neoliberalismo global evoluciona y los obreros continuamos en organizaciones arcaicas, patriarcales, jerarquizadas y  verticales. Incluyo a IU y  Podemos, que han pasado de la frescura al envejecimiento súbito en forma de control por parte de las respectivas vanguardias (CQP, Pablistas, Anticapitalistas en Andalucía…), son vieja política, viejos métodos que conducen a una excesiva burocratización que cambia creatividad por hiperliderazgo y encorsetamiento.

Nace una nueva época: «El postobrerismo»; en que las relaciones de producción y todo su adlater se han vuelto líquidos e inabarcable por la rigidez de las formas convencionales de organización. Es necesaria una actitud distinta para definir y encauzar las luchas y las ganas de cambio y superación.

Las mareas, que se han zafado de este lastre de rigidez organizativa, son hoy día y a falta de sofisticación, las que han demostrado capacidad de movilización, exenta de los viejos vicios de la política. Es necesario confederar todas las  luchas de raíz común (todas tienen el mismo origen: la desigualdad y el criminal reparto de la riqueza). Hay elementos potenciales para desafiar al sistema, claro que la hay, pero no merece la pena agarrarse a un bote que se hunde irremisiblemente. Las viejas vanguardias no han sabido nunca dejar ser a los movimientos por la obsesión de control. Toca reinventarse. El patriotismo de siglas, el apego a las estructuras organizativas, es ese bote condenado a descansar en el fondo del basurero de la historia, por la mezquindad y el acomodo de burócratas y paniaguados dirigentes.

Entiendo que muchas personas no estén dispuestos a cambiar de método. Pero si el adversario muta continuamente, si a cada crisis cíclica del capitalismo éste se adapta, no es lo correcto continuar la tarea contra hegemónica con métodos obsoletos. Es como tratar nuevas cepas de un virus con la vacuna de hace 30 años. El virus ya no es el mismo. Por eso, necesitamos nuevas fórmulas organizativas mas liquidas, menos encorsetadas. Una confederación de mareas con liderazgos colectivos, en busca de crear sentido común hegemónico. La revolución no es la toma del poder solamente, más bien sería que las multitudes tuvieran la intención, la decisión, el convencimiento y la creatividad suficientes como para instaurar una nueva sociedad, con unos valores distintos a los de las clases dominantes.

Paul Lafarge, en su ensayo «El derecho a la pereza» dio con algunas claves, en un modo satírico y muy agradable de leer. Incluso fue mas allá, tratando de convencer de que había que superar ese culto al trabajo y a la producción, en que basar una nueva sociedad postcapitalista. Al igual que hay que basar la lucha del anticapitalismo, en sus distintas formas, de una manera menos encorsetada en las viejas estrategias de entrismo y de vanguardia, sino agitar y dejar que las mareas fluyan sin tratar de canalizar ni direccionar en exceso.

 

La fotografía es de Sara Fisher

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Jose María Rueda Santiago

Activista social y político. Cocinero de profesión. Pensador entre fogones.

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