23 de septiembre del 2018
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La prensa tiene que vender periódicos o, en su defecto, conseguir los clicks” me aseguraba una amiga en torno a una absurda polémica surgida hace algunos días sobre los días festivos en mi tierra. Y tenía razón. El tema no daba para tanto. En plena crisis de la industria periodística, el clickbait ha avivado las polémicas de usar y tirar, esas falsas disyuntivas que alimentan periodistas, opinólogos y tertulianos buscando el click, la controversia, la agitación de la opinión pública y el enfrentamiento chusquero.

La polarización en torno a la cabalgata de Reyes ha sido la última de estas ficticias polémicas, tan metida con calzador que nos brindaron escenas esperpénticas. En un primer lugar, debatiendo si era conveniente o no el desfile de una carroza drag en Vallecas, y en segunda instancia, situando el debate en el horario y/o la fecha de varias cabalgatas, cuyo programa se vio alterado como respuesta a la previsión de lluvia que se cernía sobre algunas localidades.

En una semana inaguantable hemos sufrido ríos de tinta y horas de tertulia sobre estos temas, asuntos que en una sociedad más racional y menos altiva daría, si acaso, para una vulgar columna de opinión. Pero en Españistán no. En Españistán se ignora los temas importantes y salen los fascistas en la radio y en los periódicos, con el machete entre los dientes, insultando al personal e incitando al odio, y la gente se ofende porque, de repente, se han vuelto insoportablemente tradicionalistas y la fecha y la hora en la que llegan sus majestades deben ser inamovibles. Porque claro, todos sabemos que los Reyes debieron llegar el día 5 por la tarde sí o sí porque en algún lugar de la cultura popular se grabó esa fecha sobre piedra y nunca jamás se discutió.

Pero resultó que al final el 5 de enero no llovió y las cabalgatas se desarrollaron con agradable normalidad. Ocurrió que la carroza drag pasó totalmente desapercibida, como una más, para los niños y las niñas de Vallecas, que la aceptaron sin el menor problema, pues sabemos que ellos no entienden de racismo ni homofobia ni nada por el estilo. Todo esos prejuicios se los contagiamos los adultos. En definitiva, y este es el punto divertido del asunto, no sucedió NADA.

Los hechos caricaturizaron al mundo adulto como si los infantes lo hubieran planeado y quisieran darnos un escarmiento.

Como epílogo, durante el día de ayer los periodistas pasaron a otro tema, escurriendo el bulto mirando hacia otro lado, ofreciendo crónicas llenas de tópicos y ciertamente pobres sobre el desfile, como si no hubiera sucedido nada. Al tiempo, los fascistas y los homófobos quedaron retratados como lo que son: la calaña más indeseable de nuestra sociedad, desafortunadamente numerosa, bullanguera, más imbécil que nunca.

El año que viene, los periodistas más amarillistas y los macarras de la moral inventarán otra estúpida polémica para implantar en el imaginario colectivo que la gente de izquierdas y los podemitas quieren abolir nuestras tradiciones y cargarse la ilusión de los más pequeños. Es veneno, humo, la nadería, el absurdo: el regalo de Reyes perfecto para aquellos cascarrabias que solo son felices increpando.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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