18 de octubre del 2017
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A fuerza de construir bien, se llega a ser buen arquitecto.
Aristóteles.

 

En el Barrio de Sants, en Barcelona y en enero, hace un frío que pela. Los días del año con temperaturas más bajas asolan el paisaje y lo dejan como el ambiente, gélido. Can Vies aparece en una esquina del paisaje con su rostro desfigurado (no en vano tiene 18 años y ha soportado y vencido un derribo), unas vallas cubriéndole el brazo y una fachada con el dibujo de una asamblea. Porque en Can Vies todo se decide por asamblea, todo se expone y todo se resuelve. Por ejemplo, quién forma parte del comité de comunicación y quién atiende a las peticiones de entrevistas. Irene Jaume supera el frío y viene directamente desde su trabajo hasta el centro social. Me atiende gentilmente.

Su apariencia no es la que los medios de comunicación tradicionales y los mossos catalogarían de antisistema. Hoy el debate está más en la mesa que nunca debido al documental Ciutat Morta, que ha causado un impacto social evidente. Basta echar un ojo a las redes sociales, mirar las portadas de los periódicos y leer artículos de opinión. El hábito no hace al monje, pero para el sistema jurídico que aterroriza a algunos de los habitantes de esta ciudad, sí. Si tienes rastas eres Okupa, antisistema… criminal.

Irene es de la isla de Mallorca y ha estado vinculada al periodismo toda su vida adulta. A Can Vies llegó a través de La Burxa, el periódico de comunicación popular del barrio, que comunica “lo que otros no quieren comunicar”. De ahí al comité de comunicación de Can Vies y después toda la vivencia del derribo, resistencia y reconstrucción del centro social, en primera línea de batalla. Se le notan las tablas en cada pregunta, máxime cuando voy al grano y pregunto, ¿cómo se vive desde dentro el derrumbe de Can Vies?

Es muy duro verlo derrumbarse, una imagen fuerte. Piensas en todo lo que pierde el barrio de movimiento vecinal y en lo importante que es la lucha.

Así te recibe Can Vies en Plaça de Sants

Así te recibe Can Vies en Plaça de Sants

Dice eso porque Can Vies recoge en sus entrañas a los movimientos vecinales, el colectivo feminista La Trama, el movimiento independentista Arran, los grupos de música que necesitan un local de ensayo, grupos de teatro y colectividades de muy diversa índole. Actúan mano a mano con la asociación de vecinos de Sants. El tejido asociativo del barrio es uno de los más poderosos de Barcelona. Lo constituye fundamentalmente la clase obrera, que han peleado desde las asociaciones para lograr equipamiento e infraestructuras públicas a lo largo de la historia.

Eso es lo que no se ve, lo que no sale en las televisiones. El trabajo diario y el proceso de construcción social. Can Vies propone que los barrios deben ser lo que la gente quiera y no lo que los políticos y otros actores con poder impongan. La autogestión conduce a la intervención y la implicación social, moviliza al barrio y constituye de alguna manera, un salvavidas para muchas personas que no confían en el progreso tal y como se ha planteado. También para otras que lo ven como oasis de autenticidad. Unos adolescentes le confesaron a Irene durante el proceso de demolición, “nosotros nos vemos aquí dentro de cuatro o cinco años”.

Los medios de comunicación

Como parte implícita del mundo comunicativo, Irene conoce los entresijos del oficio. Los medios oficialistas buscan alinear el discurso de Can Vies a sus patrones ideológicos y no pretenden contrastar la noticia, por eso están debidamente entrenados para aguantar todo tipo de preguntas. “Entrenamos para ello, nos hicimos todas las preguntas que creíamos que nos podían caer. Nos la contestamos en asamblea. Ante un discurso político sólo cabe responder con otro discurso político”.

Y el discurso se asienta sobre una base fundamental, Anticapitalismo. Luego otros vértices, feminismo, ecologismo, igualdad y sistema asambleario innegociable. Can Vies se sostiene, además de por los muros que levanta la reconstrucción, por la participación de sus miembros. Sin alma no hay Can Vies. Los nuevos son amigos de los participantes que van interesándose y se integran por inercia y afinidad. Al final son uno más.

El doble rasero de los medios tiene su parte positiva. Llegaron medios de todo el mundo, ingleses, franceses, rusos, que en muchas ocasiones informaban saltándose la versión oficial. Los medios nacionales críticos con el gobierno se interesaron por la parte humana del conflicto. En su registro, sirvieron de altavoz. La red funcionó como llamamiento a la resistencia, “Poder popular”, “Única solución. Reconstrucción”. Además, ha sido pieza fundamental para la reconstrucción. Casi 90 mil euros recaudados en un sistema de financiación en masa en Verkami, la plataforma más conocida de Crowfunding. El premio para el mecenas, desde una camiseta hasta un festival de conciertos, pasando por un DVD, hasta una piedra de las ruinas demolidas por el Ayuntamiento. 2266 mecenas dijeron sí a la reconstrucción.

La fachada derruida de Can Vies a las 19h de la tarde.

La fachada derruida de Can Vies a las 19h de la tarde.


Consecuencias políticas

La primera sorpresa que se llevó el alcalde de Barcelona durante el pulso con Can Vies fue el apoyo externo que recibió el centro social. Los vecinos estuvieron mayoritariamente con ellos, la CGT se puso de su lado, el resto de centros sociales okupados actuaron en la misma dirección. Aunque llegaron antisistemas de refuerzo de diversa procedencia, lo cierto es que parte del sistema se puso del lado de los antisistema, una paradoja que trasciende el conflicto “zona verde-zona comercial” y que se instala en el ámbito de la convivencia y el modelo de ciudad. La reminiscencia de Gamonal acobardó al Ayuntamiento y sus intenciones se fueron disipando.

La protesta tuvo eco en los diferentes barrios de Barcelona, que armaron sus portavocías con dardos envenados y el boomerang se le aceleró a Xavier Trias al tiempo que se hundía su reputación. Suspendido por los ciudadanos en las encuestas, en caída libre en cuanto a intención de voto, enfrentados a los vecinos de Poble Nou y Poble Sec a cuenta del turismo invasivo, en guerra fría con El Raval, en disputas por las licencias del barrio de Gracia, distanciados de centros de las mismas características que Can Vies y enrocado en un entendimiento autoritario del orden y un desprecio por la diversidad sociocultural de Barcelona, Trias huele a pasado y a herida en la memoria. Can Vies, que cumple su mayoría de edad respira el presente y se promete un futuro mejor.

La asociación colectiva en diferentes plataformas, la aparición en primera línea de partidos políticos de construcción y formación de la calle (aunque Can Vies evita posicionarse de una forma partidista), auguran unos meses movidos en una ciudad que pasará por dos elecciones de gran trascendencia a nivel local y que enfrentará los intereses del ciudadano a los intereses de los poderes fácticos, los mercados y las élites económicas. La guerra será cruenta, pero la sensación a pie de calle es que los tiempos están cambiando.

 

El centro cuelga todas sus actividades de manera pública.

El centro cuelga todas sus actividades de manera pública.

 

Cómo burlar las ruinas

Desde el centro se refrenda el lema que les ha llevado a sobrevivir tantos años: Autogestión. La autogestión trajo a Can Vies aquí y la autogestión salvará el centro. Tres días de trabajo semanales, con turnos e implicación en variados frentes. “Aquí puedes aprender albañilería”. Además, dos días de asamblea y varios comités funcionando como satélites garantizan el ordenamiento interno de la actividad. “Siempre están las puertas abiertas. Puedes hacer cualquier taller. Única condición: No se paga por él”.

Desde la marcha atrás del Ayuntamiento, impera la ley del silencio y una guerra sucia de baja intensidad. La guardia urbana suele patrullar los alrededores y pide la documentación de cuando en cuando. Ni un ápice de voluntad para acercar posturas. En los despachos, la fiscalía sigue sobrepasándose en la petición de penas y cometiendo abusos injustificables. Con el caso Ciutat Morta reciente, la defensa de los acusados pondrá en la mesa lo que ya es un secreto a voces en Barcelona, que la gestión de las fuerzas del orden necesita un giro radical que transforme a los mossos en un verdadero servicio público.

De los 90 mil euros recaudados, una buena parte se destina a la defensa jurídica para los procesados. El resto, para material de reconstrucción. La mano de obra será cosa de los okupas del centro. La idea de reconstrucción dejará Can Vies en el punto cero, pero con la piel más fortalecida. Derribarlo habrá sido como cortarle el rabo a una largartija que se cuela en los entresijos del sistema a gritar su inconformidad.

Sin poder evitarlo, antes de irnos, pregunto a Irene. ¿Y cómo era esto antes del derribo?

Pues imagínate. Un palacio.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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