24 de mayo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Estimados padres,

Llevo tiempo queriendo tratar lo nuestro. Lo de tu generación con la mía, lo de mi generación con la tuya. Lo que ha sido otra de las herencias de esta crisis-estafa, la distancia que nos separa.

Es como si se hubiera abierto un abismo en medio de nosotros. Partimos de puntos equidistantes. Tal vez fuisteis la primera generación ingenua y nosotros la primera generación totalmente descreída. Ustedes vivisteis la apertura de las libertades y nosotros estamos viviendo la involución de las mismas.

Tengo la sensación de que aún estamos huyendo, impresionados tras descubrir todo lo que había detrás del escaparate de la transición (dirigentes que aprovecharon la lógica evolución de los tiempos para colgarse medallas que les dieran derecho a todo) o asombrados ante la avalancha de miseria que nos cae encima, hacia direcciones opuestas.

Andamos muy lejanos, haciéndonos reproches que están de más. Nos preguntamos cómo os dejasteis engañar así, mientras os concedían el espacio justo para perpetuarse en el poder, haciéndoos creer que os habían conseguido lo que habíais ganado ustedes mismos. Os preguntáis quién nos ha inyectado tanta rabia, por qué nos vamos haciéndole una oda al desarraigo, por qué muchas veces, hablamos de nuestro país como un territorio enemigo.

No creáis que todo es rencor. Entiendo que desde pequeños os acostumbrasteis a aceptar las cosas como venían dadas, a adaptaros a cualquier circunstancia, a sacarle el máximo provecho a coyunturas extremas. Si hay algo que admire de vuestra generación es cómo os sobrepusisteis a los peores traumas, porque si nuestra herencia es complicada, mucho más difícil es la herencia de la guerra civil, el trabajo de cicatrizar las heridas un país roto. Que haya quienes se han aprovechado del dolor de la memoria para construirse su palacio, muestra cuán ruin puede llegar a ser el ser humano.

Para entendernos hemos de reconocer nuestras faltas. Reconozco que es nuestra rabia contenida la que nos separa, las consecuencias de ver caerse las promesas, una a una, hacia un océano de espejismos. Reconozco que eso nos nubla y que, a veces, nuestras flechas apuntan hacia la escala moral de una generación incapaz de mantenerse íntegra, tomando la parte por el todo. Reconozco que algunas de las mejores lecciones las imparte la derrota.

En el fondo, deberíamos estar orgullosos de ustedes. Si somos capaces de discutir la realidad, es porque nos enseñásteis a hacerlo.

Ayer, caminaba por la ciudad y vi un padre y un hijo cogidos de la mano. El padre intentaba adaptar su lenguaje al crío, y éste le contestaba según sus códigos, a su manera, centrado en sus vivencias. Me pregunté si no andaba estos tiempos como aquel crío, ensimismado en su concepción del mundo. Comprendí que el esfuerzo comunicativo es responsabilidad de ambas partes.

Puede que sea el momento de hacer un esfuerzo para comprendernos. La hora de dejar de hacernos preguntas para formular las respuestas que construyan el futuro. Pero esta vez, juntos.

 

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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