24 de junio del 2017
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Señor Leguina,

Le admito una cosa, escribo estas líneas desde el enojo. Me enojo como ex-parado, como pobre, como ignorante de tanta cosas. Es también la excusa que voy a utilizar si me contradicen, ya le aviso.

Su discurso sobre el consejo consultivo de Madrid, estrechamente ligado al discurso de la casta política y condescendiente con los parados no es para menos. Voy a empezar diciéndole algo que no le va a gustar: Usted es un ejemplo representativo de los problemas que este país ha sufrido en los últimos tiempos y parte implícita del desprestigio de la vieja política.

No sé en qué momento le dijeron que con sus impuestos se sufraga el paro de los demás o que usted se lo pagaba directamente a otro señor. Supongo que en el mismo momento en el que por ser (ex)presidente de una comunidad se creyó usted por encima del bien y del mal, y ya de paso, por encima de la verdad.

Joaquín Leguina con otros "ilustres" miembros del consejo consultivo.

Joaquín Leguina con otros “ilustres” miembros del consejo consultivo.

Lo primero es que cabría decir es que su sueldo proviene del erario público, luego es lógico que revierta en beneficios para la sociedad. Proviene, para ser exactos, de los impuestos que pagamos todos. Hasta ese parado que no sabe lo que es un reservado en un restaurante y compra una barra de pan para poder comer le está pagando su sueldo. Así que como mínimo, estamos desequilibrados, usted nos paga tres mil euros y nosotros pagamos ocho mil. Todo debería quedar en el siguiente axioma: Nosotros le pagamos mucho a usted comparado con lo que usted paga a los demás (por no hablar de la calidad de su trabajo, que se podría someter a debate).

De su sueldo, ha de rendir cuentas no para pagarle a un ser específico y malintencionado su paro, sino para construir un espacio común, un estado donde se cubran las necesidades de todos los individuos, incluso las suyas propias. Para bien o para mal, usted y yo compartimos un espacio común y tenemos que intentar entendernos.

Por eso, el estado utiliza nuestros impuestos, los suyos y los míos, para generar espacios de convivencia que asuman las necesidades generales: que usted tenga un hospital donde ir, sus nietos una escuela donde estudiar, para fomentar inversión que traiga más prosperidad al país, para generar un estado de las cosas que propicie que sean necesarios órganos consultivos como en el que usted trabaja. También se usa, muy a su pesar, para ayudar a los más desfavorecidos. Para ayudar a una persona que no tiene empleo durante el tiempo que no trabaja, para pagar comedores sociales, para que existan albergues donde los sintecho puedan alojarse. Pero eso no lo consigue usted sólo con sus tres mil cochinos euros que le arrebatamos al mes, lo hacemos entre todos con los millones que pagamos entre el 21% de IVA, el IRPF y otros impuestos que pagamos con el sudor de nuestra frente. Esta idea se llama principio de solidaridad, o si lo prefiere, construcción de un estado social. Pero de eso usted no entiende o ha debido de olvidarlo. Entiendo que prefiere los postulados del IBEX 35 que es lo que prefieren los ricos, pero mire, la mayoría preferimos algo así. Se llama democracia.

Leguina

¿Qué ha sucedido para que haya gente que estimen prescindibles los consejos consultivos?

Pues ha sucedido que ustedes han fulminado el pacto de confianza que habían llegado con el pueblo, lo han pervertido, traicionado como si fuera una vulgar promesa en una noche de borrachera. Han accedido a sus puestos por puertas giratorias (como usted a este órgano consultivo o su amigo Felipe a Gas Natural) y han hecho de sus trabajos un trabajo interesado. Interesado porque piensa más en los tres mil euros que le retienen que en el servicio que deben prestar a la sociedad, interesado porque antepone sus ideas partidistas (¡y las suyas propias!) antes del bien general, interesado porque se parapeta detrás de su puesto y lo defiende de cualquiera manera con tal de mantenerse en el cargo. Esa no era la idea de un consejero que sirva al pueblo y por eso, los votantes, que exigen transparencia y ética en el desempeño de los puestos, se lo están haciendo pagar. Quieren que se vaya quien no es un activo útil para la sociedad sino un elemento tóxico y perjudicial. Pero no se equivoque, no son los parados los que le echan señor Leguina, no son los perroflautas que generaron el 15M ni el Coletas que abandera un partido político infecto de radicales, quienes le echan no es la deriva de una sociedad confundida con nacionalistas incluidos, ni son los enemigos de UPYD ni los que odian a Ciudadanos, lo que definitivamente le echa, señor Leguina, es su egolatría, su egoísmo, su propia y definitiva ruindad.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    4 Réplicas

  1. Aurea

    Totalmente de acuerdo con lo expresado. Basta ya de mantener personajillos que solo defienden su propio bienestar material e ideas retrógradas. Hace falta una buena escoba que los barra a todos, a los que como este señor, llevan años ocupando un lugar en el espacio público, creyéndose que son necesarios para la subsistencia de la sociedad. Todo lo contrario ahora cada vez se respira mejor!

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