16 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Hace 10 años, se estrenó con gran éxito de taquilla una película con este título donde se narraba la invención de un conflicto bélico para desviar la atención de la opinión pública sobre el escándalo en el que se encuentra envuelto el Presidente de EEUU,  aparecido días antes de la reelección. Como “la realidad supera la ficción” y “las casualidades no existen”, estos días de grave crisis política estamos viviendo envueltos, una vez más, en una cortina de humo.

Durante años, Venezuela ha proporcionado el humo necesario para desviar la atención. Tanto es así que, en ocasiones, los informativos han dedicado más tiempo a Venezuela – hasta un 3% más, según datos facilitados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas para mayo del 2016-  que a los problemas de casa. Se trataba de invocar al miedo de vernos sumidos en  una  crisis similar para lograr que ciudadanos y ciudadanas apoyaran la opción política correcta. Daba igual que se fabricaran informes para acusar a un grupo político emergente de vinculaciones con aquel gobierno o que las pruebas esgrimidas ante los tribunales fueran calificadas de poco o nada consistentes, obligando al archivo de las causas hasta en cinco ocasiones. Daba igual. El objetivo era extender una cortina de humo que escondiera la propia financiación ilegal y otras miserias domésticas.

Hoy las cosas han cambiado y el humo caribeño ya no sirve. ¿Será porque ahora existen en ambos países personas en la cárcel o bajo arresto domiciliario por manifestar y promover ideas contrarias a las del gobierno? ¿Será porque que las comparaciones entre España y Venezuela son ahora utilizadas por quienes antes recibían las mismas como arma arrojadiza para hablar del totalitarismo de ambos países? Represión policial de manifestantes, instrumentación de la justicia, presos políticos… Será necesario buscar entonces humos nuevos.

Un humo virtual informativo pretendió tapar el humo real de los incendios con el que se intentó ocultar la ciertos “problemillas” referente a estos. Nos referimos a la mala gestión por parte de la Xunta de Galicia -privatización, precariedad, reducción de efectivos, por citar algunos aspectos- de  los recursos humanos destinados a la extinción,  o a la relación de causalidad entre el fuego, una política forestal basada en el monocultivo de eucaliptos y la demanda de este tipo de madera por la empresa de celulosas Ence que posee una fábrica de pasta de papel en la Ría de Pontevedra. Para esconder esta realidad se inventó algo llamado “terrorismo incendiario” como reponsable de los incendios. Este concepto no solo fue proclamado en la declaración institucional del presidente de la Xunta, si no que el mencionado organismo se gastó 77.000 € en propagarlo a través de publicidad en los medios.

Imagen de los últimos incendios acontecidos en Galicia aparecida en La Voz de Galicia.

Mientras la opinión publica seguía con preocupación la evolución de los acontecimientos en Cataluña, la independencia judicial en el país se sitúa al mismo nivel de Botswana; la Seguridad Social muestra un patrimonio negativo; en su informe final de conclusiones, la Fiscal del caso Gürtel asegura que está plena y abrumadoramente acreditada la existencia de una “caja b” en el Partido Popular  con la que se habría financiado actos electorales o repartido sobresueldos. Pero de todo ello, la Prensa no se hizo eco alguno y el partido que avaló y se benefició de la trama de corrupción se autoproclamaba –eso sí, con el apoyo de PSOE y Ciudadanos- garante de la legalidad. Pero lo anterior son minucias: lo importante es la situación en Cataluña, y el “Golpe de Estado” que se estaba produciendo con la declaración, o no, de la Independencia; o el calificado igualmente como “Golpe de Estado” con la aplicación de art. 155 de la Constitución.

El caso es, que mientras los medios estaban ocupados y preocupados en los cómos y los porqués del citado artículo, el Senado se reunía con alevosía y nocturnidad -ya se sabe que en otoño anochece antes y eso que aún no habían cambiado la hora- para aprobar el  acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá, conocido por sus siglas en inglés como CETA, que introduce un más que dudoso mecanismo de arbitraje al margen de los tribunales nacionales, permitiendo incluso denunciar las leyes del país que frenen dicho comercio. Es decir, la desregulación total.

No sabemos como acabará el tema de Cataluña, que -según recogíamos en nuestro artículo publicado en este medio y titulado Insula– es una manifestación de la crisis del modelo de Estado mantenido desde 1978. Lo que sí sabemos es que el mismo ha resultado muy oportuno para esconder otras vergüenzas y, ya puestos, para amenazar a otras comunidades autónomas en caso de desvío sobre camino trazado. Si bien, hoy por hoy no sabemos en que quedará el “affaire catalán”, parece evidente que ha sido utilizado como cortina de humo para difuminar una realidad. Y es que, ya estamos acostumbrados, las casualidades no existen. Y en política, menos.

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Antonio Ureña

Antonio Ureña García es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como escritor, ha publicado ensayos y relatos en diferentes revistas y medios electrónicos. Es coordinador del Proyecto Internacional Leer es un Derecho y editor de la revista Tiempo de Poesía. En sus escritos persigue hacer una reflexión critica sobre la cultura y sociedad actuales a modo de herramienta que colabore a hacer frente a la impostura y el letargo en los que pretenden sumirnos.

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    3 Réplicas

  1. TT

    Enhorabuena por el artículo, me parece muy acertado.

    Es curioso que ayer descubriese un artículo del blog de Marat y hoy otro de Javier Barraycoa que van en la misma dirección: un pacto “Puig-Rajoy”… Si hasta las llamadas extrema derecha o extrema izquierda coinciden en el análisis, es que aquí huele a CLOACAS del estado

    La semana pasada, por cierto, nos aprobaron el CETA, y nadie se enteró…

  2. Pello's World

    Y los palmeros posicionándose de un lado u otro , como si de un partido de fútbol se tratara, mientras nos cuelan decisiones y leyes entre tanto humo. Que pena.

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