25 de septiembre del 2018
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Hace tan sólo unos días Raúl Romeva fue entrevistado en la BBC, la prestigiosa cadena de televisión británica. El presentador puso a prueba el discurso soberanista de Romeva y de Junts pel sí, poniendo en evidentes dificultades al número uno de la lista de Artur Mas. Fuera de lecturas partidistas, si dijo algo verdaderamente importante en toda su intervención, fue el hecho de corroborar que si Junts pel sí consiguen 68 escaños, la coalición proclamaría de forma unilateral la Independencia de Cataluña.

Sería otro error democrático, o al menos una tremenda anomalía, que vendría a certificar el fracaso de unos y otros a la hora de buscar un emplazamiento idóneo a Cataluña dentro del estado español. Para bien, o para mal, el discurso ahora no es cómo se entendería una hipotética nación catalana dentro del estado español, sino si se van o se quedan dentro del mismo. La deriva nacionalista es lógica para un grueso social que ha crecido en un 20,7% con Rajoy siendo presidente. Los antecedentes históricos de sus reivindicaciones son nefastos, desde el paralizado Estatut de Catalunya, al concepto de nación o el tan solicitado referéndum, también llamado “derecho a decidir”. Fuera por un marco legal, por el terreno sentimental o a pie de urna, las propuestas de la sociedad catalana por conseguir avances en su consideración por parte del estado siempre encontraron una respuesta negativa. No, no y no. Y precisamente lo que sucede en el seno de la sociedad catalana es que sí. Que es obvio que algo se mueve, que hay mucha gente insatisfecha. Por cobardía o por propia convicción, ni Zapatero ni Rajoy encontraron un espacio de consenso.

SigmaDos

Los sondeos realizados otorgan a Junts pel sí una amplia mayoría (que irían desde los 59 de un medio tan “objetivo” como La Razón  hasta los, aparentemente inflados, 76 de Mediaset), siendo lo más probable que Junts pel sí dependa de La CUP para sobrepasar esa barrera de 68 escaños que ellos mismos se han marcado como objetivo. La media de las encuestas dan 64 escaños, y nuestra apuesta sería algo parecido a lo que Sigma Dos ha publicado estos días.

Ahora que las sensibilidades están a flor de piel, la campaña puede ser más providencial que nunca a la hora de disputarse ese 16,5% de indecisos del que todo el mundo habla. Cualquier error de los candidatos, podría decantar la balanza hacia un lado u otro, si se entienden las elecciones como plebiscitarias (quizás por eso el Partido Popular no quiere que Margallo debata con Oriol Junqueras).

El hecho de que Antonio Baños desde La Cup considere clave que más de un 50% del electorado apoye el independentismo para realizar la declaración y que se alejen radicalmente de los planteamientos socioeconómicos de Artur Mas, no parecen impedimento para que terminen apoyando la independencia según los parámetros de Junts pel sí. Esto dejaría a las fuerzas independentistas en una proporción real parecida a la suma de todas las fuerzas no separatistas y abstencionistas. Es decir, una sociedad verdaderamente dividida.

Y en esta tesitura, se nos ocurre echar la vista atrás. Si las fuerzas independentistas pedían un referéndum vinculante cuando no tenían mayoría parlamentaria, ¿por qué ahora si lo tuvieran no hablan de un referéndum en los mismos términos? Abierto, con una o dos preguntas y que convoque a toda la sociedad catalana. Que Junts Pel Sí hayan esquivado el debate social de una Cataluña con numerosos problemas y tremendas diferencias entre ricos y pobres planteando unas elecciones plebiscitarias nos parece una trampa para quiénes priorizan la lucha social. Todo lo que no sea una consulta oficial y exclusiva para esta cuestión, será cimentar el estado catalán con pies de barro. Las elecciones votan programas y proyectos, no se circunscriben a una sola cuestión.

 

Candidatos Elecciones Catalanas La Replica

Para quienes no nos creemos ni una palabra del dúo Mas-Junqueras, la sola imagen de un país catalán alzando a Mas a la categoría de santo (y con una deuda moral infinita) y afrontando bajo su tutela una durísima etapa de reconversión estructural (con una nula complicidad de Europa y el rencor característico de España), nos da pavor. Significaría, qué duda cabe, una losa pesadísima para las clases bajas, que verían acrecentadas las diferencias económicas y sufrirían en primera persona las dificultades del proceso. Porque si algo nos ha enseñado Mas en todo este duro y fatigoso tiempo, es que siempre pagan los pobres y se llevan el dinero los mismos. Que hable sin pudor de impulsar mejoras sociales, con el cadáver de la corrupción descansando en el trastero y habiendo aplicado las mismas recetas de Rajoy durante su mandato, parece una broma de mal gusto. Tampoco parece probable que en un nuevo país catalán, Oriol Junqueras se acuerde de la justicia social y se descuelgue la etiqueta de subordinado, cuando ha dejado en plena crisis olvidados a quienes más necesitaban aferrarse a los valores de la izquierda en pos del soberanismo. Digan lo que digan desde Esquerra, sólo La Cup ha defendido las clases populares sin necesidad de aparcar su discurso independentista y atacando de manera frontal el problema de la desigualdad.

En un momento en el que la tercera vía llega tarde y comandada por un partido acostumbrado a llegar tarde y mal a lo que la sociedad le exige, el PSC, con Ciutadans sin disputar el espacio de la derecha liberal de CDC más allá de las identidades, que parece contentarse con su puesto y rehuir del cara a cara, y con un Catalunya si que es pot que no ha conseguido un candidato aglutinador de peso tipo Carmena o Colau, obligando a Pablo Iglesias a hacer horas extras en Cataluña, al otro lado del discurso soberanista la fragmentación parece jugar a favor de Mas.

Si el sudoku catalán ya estaba complicado, con el enroque de unos y otros, se acerca a lo irresoluble. Y las necesidades de la población no pueden esperar más tiempo la resolución de un conflicto eterno. Por ello, la mejor manera de hallar una respuesta a corto plazo, es poner las cartas sobre la mesa y consultarle de una vez a la sociedad catalana. Una consulta sobre la independencia similar a la que se produjo en Escocia en el año 2014. Lo mismo que decíamos en noviembre del año pasado. Al final, será la democracia parece la mejor solución para quienes se han empeñado en ignorarla, menudo descubrimiento.

 

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    2 Réplicas

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  2. ANTONIO

    Noo.
    En primer lugar, consultarle sólo a los catalanes, no. A todos los españoles.

    Y el objetivo, la “cura”, no es “alcanzar la independencia”. Independicia no es igual a felicidad; fíjate, España es independiente, pero ¿y qué?

    La CURA es juzgar y castigar a los administradores corruptos, empezando por los del PP y de CDC.
    Continuando por recuperar todo el capital posible que, a estas alturas, sea posible localizar.
    Y después, elegir un gobierno español que se dedique a gobernar buscando el INTERÉS PÚBLICO.
    Y un gobierno catalán con esta misma característica.

    Esta es la CURA, con mayúsculas. Todos lo sabemos.
    La “cura”, la solución que propones, ¿qué consecuencias tendría?
    Tú mismo lo dices al comienzo de tu artículo: la ruina para Cataluña a corto plazo, para España, a medio y largo plazo. Odio, desórdenes civiles, violencia. Y nada más? Quiás una guerra civil en el horizonte: es así como empiezan.
    Demasiada gente tiene demasiada rabia acumulada y poco que perder.

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