17 de enero del 2019
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Análisis

Si estirem fort…

15 enero 2019 Actualidad

Hace poco tiempo escuchaba una de las canciones más emblemáticas de la Transición española: L’Estaca. Con letra y música de Lluis Llach, fue publicada en el emblemático 1968. Han pasado muchos años desde que la escuchara por primera vez: y aquí seguimos…

Aquí seguimos, con un sentimiento agridulce: dulce por haber reencontrado a una compañera de viajes; de muchos viajes en espacios compartidos cantando esa canción frente a un tocadiscos –sí, los tocadiscos hace muchos años que desparecieron, pero no la necesidad de escuchar y cantar esa canción- o en la calle como un grito, también compartido, de rebeldía.

Aquí seguimos, con un sentimiento amargo. Han pasado muchos años, pero aquella canción sigue siendo necesaria.

Aquella canción, en una lengua que apenas conocíamos, nos hablaba de una identidad silenciada en aras de un españolismo, de un patriotismo castrense y castrarte, que nunca resolvíó las demandas identitarias de una parte importante del país y aún se niega -no ya a resolver, ni siquiera a escucharlas- siendo su única respuesta: primero la policía, después la judicatura y por último la cárcel. La misma secuencia de aquellos tiempos de L’Estaca; de “las estacas”. La pequeña diferencia es que en esos tiempos vivíamos en una dictadura. ¿Y ahora?

Aquella canción, nos hablaba de unidad, de una unidad necesaria en estos tiempos inciertos, donde, una vez más y como siempre, la izquierda se presenta divida; enzarzada en disensiones internas que no hacen otra cosa que mostrar una imagen y una realidad -una realidad electoral, que es la realidad que se impone en política- de fragmentación. ¿Cuándo aprenderemos…?

En la canción, la estaca se presentaba carcomida: ben corcada deu ser ja. Si embargo, la estaca a la que seguimos atados hoy en día está cada vez más fuerte y mejor asentada. Recodemos las últimas resoluciones judiciales poniéndose, sin lugar a dudas, al lado del poder económico y en contra de la ciudadanía, demostrando una vez más lo que decía Eduardo Galeano: La justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos. Recordemos la Ley Mordaza, que sigue en vigor. Recordemos…

Una canción que en estos tiempos continúa siendo imprescindible en un país donde, más de 40 años después de la muerte del dictador y otros tanto de supuesta democracia, continúa, habiendo represión política y respuesta judicial contar aquellos y aquellas que manifiestan ideas divergentes al pensamiento dominante. No estoy hablando de los políticos catalanes presos, que también son presos políticos, pues a día de hoy no han sido juzgados y por lo tanto no pueden estar en prisión por los hechos que se les imputan pues judicialmente no son hechos probados, estándolo entonces por sus ideas independentistas. Me refiero a periodistas, raperos y tuiteros, juzgados y sentenciados por “delitos de opinión”.

Que hoy, 50 años después de publicado aquel tema, continúe reivindicándose la libertad de expresión, no puede otra cosa que entristecernos a la vez que hacernos pensar en lo poco que hemos avanzado.

            Como decía la canción:

Però, Siset, fa molt temps ja, les mans se’m van escorxant, i quan la força se me’n va ella és més ampla i més gran. ¡ Pero, Siset, ha pasado tanto tiempo así ! Las manos se me están desollando, y en cuanto abandono un instante, se hace más gruesa y más grande.

Quizás ya no nos queden las mismas fuerzas para seguir cantando, gritando, la letra sencilla pero contundente de L’Estaca. Quizás ya no tengamos fuerzas para cantar, pero sí las ganas y la energía suficiente para, a través de estas líneas, seguir llamando a la unidad; a reflexionar juntos sobre aquella estaca a la que estamos, a la que seguimos atados, pues los “tiempos felices” de la Transición no han hecho otra cosa que transformar el paisaje de la dictadura en un decorado de democracia que, en realidad, no es más que eso; un decorado; una ficción; una quimera…

Quizás, no para cantar pero sí para seguir diciendo una vez y otra que, si estiramos fuerte, esa estaca caerá; ese sistema corrupto como la estaca que describe l’avi Siset, el viejo Siset, sustentado en una Constitución a la que apela de manera continua y de manera sistemática incumple, también caerá y ens podrem alliberar; podremos liberarnos para vivir en una auténtica democracia.

Mientras esperaba en la parada de autobús, escuché a dos señoras hablando sobre los móviles y la televisión. Una de ella dijo: “Yo apago la televisión y dejo el móvil al otro lado de la casa. Me obligan a ser un juez todo el tiempo. A sentenciar sobre todo lo que veo y leo. Y me niego, no quiero que me tomen más el pelo, quiero pensar por mí misma“.

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