21 de septiembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica

La ventolera

Volvió Aznar a la vida pública y trajo consigo viejos demonios, los peores vicios de la política en la joven democracia Española.

En medio de una comisión de investigación repasó, a su modo, todos y cada uno de los lugares comunes de la derecha panfletaria, como si de un portavoz de OkDiario se tratara. Daba igual cual fuera la pregunta, el expresidente salía por la tangente con argumentos Ad Hominen y visible arrogancia. Mintió casi tanto como habló, despreció a todos sus interlocutores, flirteó con Ciudadanos y esquivó, de paso, toda su responsabilidad a cargo del Partido Popular durante la Gürtel. Además, se enorgulleció de su gestión y resucitó la lucha contra ETA como gran comodín de su intervención. Venezuela e Irán también salieron a la palestra.

Su socarronería de macho alfa aplaudida por sus hooligans recordaba a esas viejas estampas donde toda la bancada del Partido Popular aplaudía a sus corruptos en los parlamentos de la Comunidad Valenciana o la Comunidad de Madrid. Las risas, la prepotencia, esa camadaderia propia de un clan mafioso que, como Toni Soprano y sus secuaces, te perdonan la vida desde su privilegiados sillones.

Nada ha cambiado en el instigador de la “derecha sin complejos”, el gran ideólogo del saqueo a las instituciones del país. Ni un ápice. Había pocas dudas de la catadura moral del personaje que nos llevó a una guerra ilegal, pero quizás porque se prodiga poco de cara a la opinión pública -y mucho entre bambalinas- ver al ex presidente español en televisión fue especialmente revelador, pues invita a echar la vista atrás. Entender de dónde venimos para saber a dónde vamos.

Hubo un tiempo en España en el que gobernaba Aznar, Almunia renunciaba a liderar la oposición y Llamazares se hacía con el control de una Izquierda Unida con el 5,4% de los votos. Casi veinte años después, Aznar tiene que responder ante una comisión de investigación en sede parlamentaria, se han añadido colores al espectro político y cualquier rastro de su presencia trae un olor fétido, tan asfixiante que no lo quieren ni en su casa. Algo hemos avanzado.

Aznar no va a cambiar. Vino como símbolo, a recordarnos que los cambios no son fáciles ni llegan todos al mismo tiempo, y quizás también, a recordarnos que es lo que ya no queremos como representante público, el poco valor que se puede sacar a uno de los peores presidentes que ha conocido nunca una democracia moderna.

 

La dimisión de la ya exministra de sanidad Carmen Montón tras otro flagrante caso de trato de favor a la hora de realizar su máster, pone de manifiesto la red clientelar existente entre algunas personalidades de la vida política y la cúpula de la Universidad Rey Juan Carlos, una universidad marcada como ninguna otra por la corrupción y que va a tener que trabajar muchísimo en cuestiones de transparencia para renovarse y así recuperar el prestigio que sus dirigentes han dilapidado.

El caso de La Manada ya tiene -siempre los tuvo, en realidad- su reproducción en otras zonas del país. Nadie está a salvo de que unos descerebrados actúen, pero se pueden trabajar las bases de una sociedad donde cualquier tipo de violencia contra las mujeres se censure y penalice, e invertamos en recursos para educar en perspectiva de género, reduciendo los nichos en los que aparecen casos similares.

Un rey sin máscara

11 julio 2018 Editorial

Os confieso una cosa con todo el pudor del mundo: Yo fui de los que, siendo adolescente, le caía bien el Rey de España, un rey campechano y cercano al pueblo, el Rey Juan Carlos I.

A partir de este artículo de Ana Domínguez Rama y Quique Madrid donde reflexionaban en torno a la normalización de la precariedad, he escrito un manifiesto con diez aspectos sobren los que vale la pena trabajar para combatir la precariedad y vencer a medio plazo esta lacra social.

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