21 de septiembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica

Cine Social

Siempre me pregunté por qué el barroco sevillano fue tan oscuro, siendo Sevilla una ciudad luminosa. Esto siempre me lo planteaba cuando observaba los cuadros de Valdés Leal en el sevillano Hospital de la Caridad. Me refiero a obras tan tétricas como In Ictu Oculi y Finis gloriae mundi (en un abrir y cerrar de ojos, el final de las glorias del mundo).

Varias disyuntivas emocionales, el factor del azar, la manzana prohibida, los sueños que dejamos escapar, el desaliento del desamor, el pulso al tedio, la pasión por el cine… una melodía ya escuchada en el sempiterno revival del maestro Woody Allen, de un tiempo a esta parte más reiterativo que nunca.

Cuando se empezó a fraguar Fe de Etarras a buen seguro que Borja Cobeaga no sabía que se iba a liar en España la que se ha liado a cuenta del independentismo. Con los nervios a flor de piel y media España lobotomizada por el relato de la derecha y su posverdad, lo que le faltaba al panorama era una película humorística sobre ETA.

“Esto es sólo para decirte/ que me comí las ciruelas/ que estaban en la nevera/ y que probablemente/ estuvieras guardando para el desayuno/ perdóname, estaban deliciosas/ tan dulces y tan frías”.

Este anodino poema de Willian Carlos Wiliams

En 1964, el guionista y realizador francés Jacques Demy gana la Palma de Oro en Festival de Cannes con Los paraguas de Cherburgo, película musical cuyo triángulo  amoroso entre los protagonistas Geneviève (Catherine Deneuve) vendedora de paraguas y Guy (Nino Castelnuovo) un mecánico que enfrenta su amor ante el rico joyero Rolando (Marc Michel).

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