26 de abril del 2018
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Opinión

Hace unos tres meses, al terminar un juicio de incapacidad permanente, la mujer que solicitaba la pensión me increpó deseándome todas las enfermedades del mundo. No contesté, ni me sentí intimidado, ni acudí a quejarme a ningún organismo.

Javier nació en Valladolid y ha estudiado historia del arte,  trabajó como obrero y en una impresa de limpieza. Está en la calle desde hace un año porque se quedó sin trabajo y ya no pudo permitirse el alquiler de una habitación. Duerme en la puerta de Caritas en Portal del Ángel, le gusta hablar de pintura y es fan de Leonardo da Vinci.

En el enésimo episodio represivo de esta legislatura, la Casa Real y el gobierno del Partido Popular, con la inestimable complicidad de las fuerzas de seguridad del Estado, castigaron y censuraron anoche, en la final de la copa del Rey de fútbol, el color amarillo, los silbatos y las esteladas, símbolos del independentismo catalán.

Es cierto que vivimos en un contexto donde la mediocridad triunfa y campa a sus anchas. El oportunismo de quienes pretenden arrimarse a los centros de poder y decisión forma parte de esa tan abyecta mediocridad, definida certeramente por mi amiga Aldara como «garrapaterismo».

Pero vamos a ver, ¿alguien conoce a un alumno que haya suspendido un máster? Seamos sinceros, los másteres constituyen, además de un suculento negocio para quienes los organizan, el último escalón que han inventado las clases dominantes para expulsar a las clases trabajadoras del ejercicio profesional de actividades bien retribuidas.

Se está llevando a cabo en Jerez una potentísima campaña mediática a favor de los centros de educación privada, concertada y/o diferenciada. Es una ofensiva propagandística a golpe de talonario que busca realzar los beneficios de estas escuelas para que el modelo crezca e implantar en la ciudad un sistema de educación privado-concertado, dirigido en la mayoría de casos por la Iglesia Católica

Si al Partido Popular no le gusta lo que dicta la justicia, cambia a los jueces. Si no le gusta lo que indican las urnas (como el último resultado en Cataluña, donde quedó reducido a la irrelevancia) manda al poder judicial y a los cuerpos de seguridad a perseguir adversarios políticos. Y si no le gusta lo que expresan los artistas, los manda a la cárcel o intenta censurarlos.

El gran Jiménez Losantos, ese portentoso humorista español especializado en política, ha calentado a España con el asunto del amigo Puchi. Y amenaza, sugiere o propone, no sabemos, pero en todo caso dice que “en Baviera pueden estallar cervecerías”. Tal cual. Y plantea acciones: “Hay que reaccionar”, chilla, arrebatado, como obispo en púlpito de catedral gótica, señalando con dedo inquisidor hacia tierras heréticas.

El eterno retorno

7 abril 2018 Actualidad

En una noche de finales de junio de 1954, cuando hacía apenas algunos meses que militaba en el Partido Socialista de Uruguay, Eduardo Galeano fue testigo de un acontecimiento que marcó para siempre sus ideas y su literatura. Aquella fue una noche de rabia en las calles de Montevideo.

España, un guion ruinoso

5 abril 2018 Opinión

España tiene eso, no nos engañemos. En el momento álgido de la trama, cuando en cualquier serie norteamericana aparece el superhéroe, surge el prototípico salvapatrias, el Quijote cabalgando sobre su Rocinante blandiendo su espada sobre gigantes que no son sino molinos de viento.

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