16 de enero del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica

Sociedad

Recuerdo cuando era un crío, a principio de los años noventa, cómo nos bombardeaban con noticias y anuncios de prevención contra el SIDA. Aquella oleada de información, en la que incluso enseñaban al alumnado menor de edad cómo poner un preservativo o que si nos drogábamos (cosa que no debíamos hacer, decían) no compartiésemos agujas.

El 1 de octubre tenemos que llevar a cabo una demostración de fuerza. De poderío. Está claro que los catalanes no pueden salirse con la suya y destruir nuestra patria con un GOLPE DE ESTADO del estilo Venezuela. Lo voy a decir claro y no me avergüenzo: yo pienso igual que esa señora socialista, Rosa Díez, que decía que la estatua de la Justicia lleva espada. ¡Pues claro que sí! Espada y bazuca si hiciera falta.

Voy en el bus, camino de mi nuevo trabajo como dependiente en el Burger King del Área Sur. Es solo media jornada, pero al menos podré pagar el alquiler de mi habitación. Por la radio están narrando la revuelta ciudadana en Venezuela. Esa horrible dictadura tiene los días contados. Pienso en ello mientras doy gracias a Dios por tener una oportunidad en este gran país que es España, mi nación. Un país del que sentirse orgulloso aunque algunos, o menor dicho, algunas, quieran resquebrajarlo.

Se dice entre los humoristas que el humor negro se rige bajo dos condicionantes: distancia y tiempo. Si ha sucedido a miles de kilómetros, no tendrá grandes repercusiones (por eso hacemos humor negro con los africanos o los chinos), si ha sucedido hace mucho tiempo, tampoco (por eso nos reímos de catástrofes pasadas).

Las voces ausentes

29 enero 2015 Actualidad

No fue ayer precisamente el mejor día para el feminismo. Después de un esperanzador cambio en Grecia, el gobierno de Syriza se presentó en sociedad sus doce ministerios… sin mujer alguna al frente.

Hablar de África es hablar de las injusticias del capitalismo y del colonialismo. Y aun cuando la reconstrucción de su historia y de su cultura es, desde luego, patrimonio de los africanos, siendo ellos quienes ostentan la legitimidad de la lucha por la memoria

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