16 de octubre del 2018
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Cayó Zaplana, uno de los rostros principales del aznarismo y enésimo ejemplo de la podredumbre con la que el Partido Popular contaminó la Comunidad Valenciana y la vida política española.

Político de actitud arrogante y la sensibilidad de un cactus cuya caída ya era vox populi en las diferentes redacciones de los medios. Lo increíble es que un nombre asociado tantas veces a la vida corrupta no hubiera caído antes. Zaplana era escurridizo como una lagartija (fue parte del caso Naseiro, está en el punto de mira por la Púnica, le salpica la operación Lezo y tuvo relación con la mafia de la CAM), pero al final ha sucumbido por cohecho y blanqueo de capitales, dando la razón a los que presagiaban: al final, irán todos a la cárcel.

Y sí, el PPCV de entonces está casi íntegramente entre rejas o apartados de la vida política. Y Zaplana a partir de ahora estará solo, como los estuvieron Cifuentes, González, Granados, Soria, Camps y Barberá cuando llegaron a su callejón sin salida y como lo estarán todos aquellos que se caigan de la maquinaria corrupta que gobierna el país. Su detención en el marco de la operación Erial pisotea, aún más si cabe, la pésima credibilidad y fortaleza del Partido Popular, obligado a apartarle de militancia al tiempo que infla las expectativas de Ciudadanos, que protegerá a los de Rajoy hasta que se pudran y puedan ejercer de sustitutivo.

Paradójicamente, el partido naranja copió este fin de semana la españolidad aznariana, tan efectiva como sonrojante, el patriotismo de pelo en pecho y llamadas a la épica que caracterizó al presidente del ladrillo, la corrupción, la manipulación y las armas de destrucción masiva.

De aquella lluvia ácida este lodo inaguantable, pero a la ciudadanía dos punto cero, cuya memoria apenas llega al 15M, no parece dispuesta a un cambio real que le aleje de los peligrosos senderos que abren la política de banderas.

Al otro extremo del espectro político, el efecto Zaplana ilumina una salida al laberinto donde Podemos se había metido, alejando la mirada del chalet de marras hacia lo verdaderamente urgente. Sanear las instituciones de este país y librarse de personajes como Zaplana, cuyo bronceado se va a perder igual que se ha perdido el destello de sus años de gloria.

 

La imagen apareció en El Economista.
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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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