27 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Han sido varios los subsectores productivos que se han venido especialmente abajo tras la llegada de la crisis económica y la subsiguiente explosión de la burbuja inmobiliaria. Entre ellos están, por ejemplo, las industrias de cerámica y ladrillos, de muebles y puertas, y las cementeras.

A nadie se le escapa que, si no queremos volver a crear una nueva burbuja inmobiliaria depredadora de nuestro entorno y nuestros bolsillos, es necesaria una reconversión industrial que genere empleo alternativo para la gente trabajadora que antes curraba en la construcción y actividades relacionadas. Esta creación de empleo alternativo debería aprender de los errores del pasado reconcentrados en el sector de la construcción y su burbuja: acumulación de riquezas en unas pocas manos, destrucción de nuestro entorno, especulación explosiva, altas tasas de accidentes y enfermedades laborales, etc.

Debemos generar un empleo basado en condiciones laborales dignas, conservación y restauración ambiental, reparto de las riquezas, asentamiento local y gestión económica democrática, por ejemplo, mediante el fomento de energías renovables, el mantenimiento y la expansión de bosques y usos forestales asociados, el impulso de cooperativas agropecuarias con transformación in situ de sus productos, el turismo verde o industrias de democracia tecnológica como la del software libre. Sin embargo, desde el gobierno central y los gobiernos autonómicos del PPSOE se rema, de nuevo, en la dirección equivocada, abriendo las puertas a macroproyectos de infraestructuras o a explotaciones mineras a cielo abierto que dibujan una salida falsa a la crisis estrechando sus lazos con la crisis ecológica.

incineradora

Un ejemplo paradigmático de esta salida falsa e insostenible de la crisis económica es la conversión de cementeras en incineradoras de residuos (como neumáticos, plásticos, textiles, productos agrícolas, residuos sólidos urbanos, cartón y papel, etc.), en territorios como Castilla y León, Castilla-La Mancha, Catalunya Valencia y Andalucía. Esta estrategia trata de favorecer a las industrias cementeras, golpeadas por la crisis de la construcción, para que ahorren costes en combustible al quemar residuos, al tiempo que reciben ingresos como plantas gestoras de estos desechos.

Muchas de estas explotaciones cementeras están situadas cerca o incluso en el interior de núcleos urbanos, como la cementera Cosmos de Córdoba o la cementera de Cementos Portland-Valderrivas en Alcalá de Guadaira (Sevilla). A nadie se le escapa lo que esto conlleva para la calidad atmosférica y la salud pública: las emisiones contaminantes producto de la incineración de residuos sólidos urbanos y plásticos generan, una vez que salen de las chimeneas, una contaminación difusa (metales pesados, hidrocarburos aromáticos policíclicos y dioxinas, por ejemplo[1]) que provoca enfermedades cardio-respiratorias y cáncer[2]. Además, no se han realizado, hasta el momento, estudios epidemiológicos  bien diseñados para el estudio de las consecuencias de la incineración de residuos en la salud de poblaciones cercanas[3], por lo que poner en marcha este tipo de actividad contraviene el principio de precaución, una de las bases principales del proceder y la legislación ambiental.

Al mismo tiempo, sectores productivos como el agropecuario, la construcción y el turístico, se ven directa y gravemente afectados por la merma de la calidad ambiental derivada de la incineración de residuos, hipotecando el futuro productivo en la zona.

3Rs3

La quema de residuos choca frontalmente la estrategia de las 3 Rs, base de una gestión adecuada de los recursos naturales (Reducir, Reutilizar y Reciclar). Hay que generar menos residuos, y una vez generados hay que ponerlos en valor, reutilizándolos y reciclándolos, lo que se imposibilita con su incineración. De esta manera, las grandes posibilidades de creación de empleo relacionadas con la valoración de residuos se convierten en cenizas tóxicas difíciles de gestionar[4], al tiempo que aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del Cambio Climático.

Todos estos impactos socio-ambientales están siendo ignorados, y convertidos en externalidades[5] invisibles, en los estudios actuales para la aprobación de cementaras como incineradoras de residuos. Externalidades que pagaremos entre todas, monetariamente y con nuestra salud, y que de ser incluidas en los cotes de producción posiblemente no los harían rentables. Además, la apuesta por la incineración de residuos en cementeras se trata de decisiones políticas mal informadas sin base técnica razonada de calidad[6], cuando el reciclado, la fabricación de compost y la digestión biológica de los residuos son los modos de gestión de residuos sólidos urbanos más seguros y con mayores rendimientos ambientales[7].

Frente a la irresponsabilidad política de quemar residuos en cementaras, han nacido muchas plataformas ciudadanas que se movilizan y plantean alternativas reales de desarrollo social realmente sostenible. Estas plataformas están formadas por grupos ecologistas, asociaciones de vecinos, asociaciones de padres y madres de alumnos, productores locales, algunos partidos políticos y sindicatos alternativos. A su vez, estas plataformas se unen en la Coordinadora Estatal contra la Incineración de Residuos en Cementeras .

Como nos muestra nuestra historia reciente, es posible parar este tipo de proyectos contaminantes impuestos desde arriba. Baste mirar a Tierra de Barros (Extremadura) donde la Plataforma ‘Refinería No’ frenó recientemente la construcción de una refinería de hidrocarburos pesados. Para ello es clave crear plataformas ciudadanas lo más amplia posibles que unan a pequeños y medianos productores locales (agricultores, ganaderos, empresarios turísticos), movimientos ecologista y vecinal, asociaciones locales, partidos políticos y sindicatos alternativos. Plataformas que apuesten por presionar a todos los niveles, desde el jurídico a la acción directa en calles y centros de trabajo, al mismo tiempo que informar y formar a la ciudadanía sobre lo que nos jugamos y cómo conseguirlo. Solo así, mediante una movilización amplia y desde abajo es posible frenar este tipo de proyectos monstruos que en una salida falsa de la crisis económica perpetúan la depredación del ser humano y su entorno.


[1] Waste Management (2015) 36: 106–118.

[2] Environmental Health (2009) 8: 60.

[3] Waste Management (2009) 29: 2227–2239.

[4] Resources, Conservation and Recycling (2005) 43: 313–336.

[5] Waste Manage Res (2005) 23: 487–504; Resources Conservation and Recycling (2006) 46; 335–364.

[6] Waste Management (2004) 24: 297–308.

[7] Waste Management (2007) 27: 562–571; Waste Management (2010) 30: 2354–2361.

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Profesor de Ecología, delegado del S.A.T. en la Universidad de Sevilla y miembro del círculo Macarena y miembro del Colectivo Acción Anticapitalista.
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