17 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Que las prácticas mafiosas del Partido Popular superan en muchos casos la ficción (en forma de comedia negra y esperpéntica), es algo que ya sabemos todos. Para entender este artículo, debes leer antes esta noticia.


 

La mañana del 23 de agosto de 2014 un vehículo se detiene ante un pequeño establecimiento de la calle Emilio Tuya, en Gijón. Un rótulo en la fachada: “PV entre costuras”. Una ligera brisa marina alivia el paseo de los transeúntes y mece las plumas de las gaviotas, allá a lo lejos, en el puerto. Un hombre de expresión ratonil, gafas graduadas y ropa cara baja del vehículo, mira hacia los lados y entra en el comercio. La dueña, Patricia Vázquez, lo reconoce de inmediato: es Rodrigo Rato, brazo derecho del todopoderoso Aznar, exdirector de esa cueva de Alí Baba conocida como FMI, el hombre que configuró Bankia, ahora cercado por la prensa y por sus hermanos del clan de los Genoveses.

Quiere arreglar dos cojines hechos con alfombras turcas, sospechosamente descosidos por un lateral. Pide presupuesto. La dependienta se lo da: 20 euros. Don Rodrigo se lleva las manos a la cabeza. Le perece demasiado caro, pero acepta y se marcha. Minutos después, Patricia Vázquez sale a hacer unos recados, cierra el comercio y cuelga un cartel en la entrada: “Regreso en 15 minutos”. A la vuelta encuentra en la puerta dos enormes cojines, supone que son de Rato, a quien corre prisa el trabajo. Le parecieron demasiado sucios y pesados, un metro de alto por medio de largo. Los cose a mano.

Pero pasan los meses y el autor del milagro económico español no aparece por los cojines. Patricia da el encargo por perdido. Se los ofrece a amigas y clientas y nadie los quiere, son horribles. Aburrida, ya en diciembre, los dona a Cáritas. Días después, visiblemente nervioso, el señor Rato aparece en la tienda. Está desmejorado, ha estallado el caso de las tarjetas y sospecha que el clan de los Genoveses planea arrojarlo al mar con un bloque de hormigón en los pies, como ha hecho con Bárcenas.

¿Ha cosido usted mis cojines? ¿Dónde están? Patricia le dice la verdad: se los dio a Cáritas. A Rato le tiemblan las manos, un sudor frío recorre su frente preclara, diseñada para levantar economías, fondos monetarios y cajas de ahorro. Sufre un tic en el ojo como Pujol y estalla en cólera. Grita. Amenaza con demandas. Quiere sus cojines a toda costa. “Su recuperación es imprescindible”, exige, y se marcha del establecimiento. Esa tarde llama por teléfono varias veces e insiste en las amenazas y en las demandas. Quiere sus cojines ya, como sea. Según la representante de Cáritas en Gijón, Rato se persona en la sede “pidiendo la mercancía”.

Hasta ahí dice la prensa y sabemos nosotros. Cojines descosidos por un costado, pesados, grandes, viejos y sucios… ¿Qué esconderían? ¿Llegó a recuperarlos el exdirector del FMI? A esta hora, en algún despacho de Génova 13, música de violines de fondo, alguien estará fumando un puro de marca frente a una copa de Glenfiddich de 30 años y pensando en hacerle a Rodrigo Rato una oferta que no podrá rechazar.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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