18 de abril del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Cuando una persona se siente intocable en el ejercicio de un poder que afecta al resto de la población, esa persona puede convertirse en alguien muy peligroso. La fuerza para corromper que viene innata en el ese poder, sumado a la indefectible facilidad para que quienes lo poseen no sean juzgados, ha conjugado a lo largo de la historia una pequeña clase de seres luminosos que se creen por encima del resto de los mortales, cuyos problemas no les afectan y, por ende, les traen sin cuidado.

Si intentamos analizar el verdadero problema que conlleva un exceso de poder, más allá de las consecuencias hacia los oprimidos por ese poder —que se basa principalmente en el propio desequilibrio entre sometidos y dominantes—, tal vez el factor que más ayuda a perpetuar ese poder sea la impunidad que rezuma de su uso y disfrute. No hay consecuencias, no existen los juicios a posteriori; quienes abusan de ese poder saben que no habrá letra pequeña que pueda perjudicarles. La distancia que les separa de la plebe es la del mismísimo Olimpo, desde cuyas alturas juegan con los designios de los mortales para satisfacer sus propias necesidades.

En España esa tradición histórica se cumple a rajatabla. Especialmente en la clase política, poseedora de los más altos niveles de escapismo en cuanto a responder ante sus actos políticos ya sea por la vía popular —eso significa votaciones, y de ellas somos en parte culpable— o por la vía judicial, un sendero que todos conocemos y sabemos inútil en la mayoría de los casos, al menos los que de verdad importan. La burbuja olímpica desde la que toda la gente que vive del poder, o se alimenta directamente de él, tiene un grosor impenetrable y es muy opaca, especialmente desde el interior hacia afuera. Ellos, los chupópteros del poder, ni ven ni quieren hacerlo, no porque puedan tener algún tipo de remordimientos sino más bien porque no les han enseñado a hacerlo. Es inútil, ¿de qué sirve mirar para abajo cuando hagas lo que hagas el suelo que pisas no va a temblar o quebrarse?

Y así llevamos… toda la vida. La nuestra, la de nuestros padres. Abuelos, tatarabuelos… y así hasta el principio de los tiempos. Podría parecer que, si queremos cambiar eso, si queremos eliminar esa impunidad con la que nos machacan sin remordimientos, esa batalla contra una ola titánica es inútil es imposible de ganar. La inercia del tiempo es demasiado poderosa como para intentar hacerle frente. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy, susurran algunos desde hace demasiados años.

¿Realmente hay algo que podemos hacer? Pues tal vez sí. La impunidad de los de arriba se basa, recordamos, en un juicio popular nulo o con poca capacidad crítica y unos poderes judiciales que son por lo menos sospechosos de actuar según los mandatos de los mismos a los que juzgan. Lo segundo no está en nuestra mano, de momento; pero puede estarlo si nos convencemos, si por fin nos atrevemos a participar en lo primero, en los juicios populares. En las votaciones. En las elecciones, que hoy por hoy es la única herramienta que nos dan los de arriba para poder juzgarlos y que todavía no hemos sabido utilizar bien. Porque no somos capaces de analizar de manera fría las gestiones políticas sin entrar en guerras de trincheras, en venganzas que tienen demasiadas décadas a sus espaldas y a nadie puede beneficiar. No hay que olvidar, pero tampoco centrarse en un pasado que no resolverá nuestro futuro ni mucho menos el presente. Por eso hay que estar en el hoy, hay que hacer pagar a quienes hacen gala de su incompetencia política, de su mala gestión, y a través de esas votaciones mandarlos al rincón de pensar. ¿Puede que lo que esté por venir sea igual? Puede ser, pero la posibilidad de que no sea así es mayor que si seguimos apoyando a quienes ya sabemos de qué pie calzan.

Hemos de echar a los dioses del Olimpo. Tal vez, con el tiempo, sea ocupado por gente como tú y como yo.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr

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