15 de diciembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



A propósito del Black Friday no he podido evitar pensar en este objeto creado por Catherine Hettinger -una mujer norteamericana con una enfermedad autoinmune- a finales de los noventa para distraer a su hija pequeña de 7 años en casa. El año pasado estaba en cualquier tienda de barrio: un artilugio de plástico que podía mantenerse girando sobre los dedos durante varios minutos, también conocido como “Spinner” o “Fidget Spinner”. Después de ser patentado por Catherine, variaciones de este juguete fueron comercializadas y vendidas como terapéuticas para niños con ansiedad y autismo -sin apoyo en la evidencia científica-.

En resumen: un objeto de plástico sin valor alguno vendido con pretensiones terapéuticas y que, a día de hoy, estará probablemente apartado en algún cajón de juguetes roto u olvidado: una metáfora de los hábitos de consumo de la población actual que se representa con más fuerza todavía el Black Friday. Este día presenta, sin embargo, una oportunidad para valorar si todo lo que consumimos y adquirimos es necesario o no. Es uno de los pocos días al año donde el consumismo sube a la palestra y mucha gente tiene ocasión de reflexionar acerca de sus hábitos.

Modelo de Fidget Spinner.

Se ha debatido largo y tendido acerca de las bondades y desventajas de nuestro modelo de consumo y hemos llegado a muchos acuerdos: consciente o inconscientemente aceptamos que consumimos demasiado, o al menos mucho más que ayer; parece aceptado, asimismo, que consumimos por encima de los límites biofísicos de nuestro entorno, con consecuencias palpables en el cambio climático o la pérdida de biodiversidad, en la generación de residuos no biodegradables, etc.; sabemos, además, que se trata de un estilo de vida que no nos hace muy felices y que una buena parte de la población sufre patologías y desórdenes compulsivos consecuencia de los hábitos de consumo actuales (un círculo vicioso donde se busca en las compras el alivio a la sensación de vacío que el propio consumismo provoca); también es de sobra conocido que, a condición de que en nuestras sociedades podamos disponer de una gran variedad de productos a precios asequibles, la mayoría de productos que forman parte de este modelo se fabrican en países cuyos habitantes no pueden disfrutar de ellos y donde, en muchos casos, se trabaja en condiciones humanas y laborales paupérrimas.

En un día como hoy, sin embargo, creo que, deberíamos aprovechar para adoptar una perspectiva distinta. Desde el ecologismo político está muy manido ya el discurso de la contención, el peligro y la renuncia. Además, tal y como se señala en una de las conclusiones del Congreso Nacional de Medioambiente celebrado en Madrid en 2016 es que, si bien la sociedad actual tiene mayor conciencia medioambiental, ello no se corresponde con el grado de acción que está dispuesta a tomar. Desde la Red Equo Joven creemos, en consecuencia, que debemos convencer mediante la demostración de que cambiar los hábitos de consumo no solo nos evitará males mayores, sino que, además, a través de ello podemos aspirar a una mayor calidad de vida y una buena vida.

¿Necesitamos, de verdad, tanto consumo?

Pensemos, por ejemplo, en el tiempo libre que podemos ganar cuidando y preocupándonos de menos cosas materiales. Si rebajamos el consumo y lo hacemos de forma más racional, nos sentiremos menos dependientes del empleo y podremos recuperar tiempo de calidad que tan necesario es para nuestro bienestar. También estaremos menos expuestos a contraer deudas. No olvidemos tampoco el placer que supone que nuestros actos y pensamientos sean más coherentes entre sí mismos. Actuar en línea con lo que pensamos nos da una sensación de control que es muy grata. También podemos lograr la satisfacción mediante la creación de entornos que nos permiten incidir en qué queremos consumir y cómo hacerlo.

Autonomía, tiempo de calidad y salud. Cultivar la personalidad, la amistad y el ocio. La buena vida existe y podemos aspirar a vivirla. Démonos cuenta de que el sistema capitalista en que vivimos es un arma de doble filo: ha permitido mejoras en las condiciones de vida materiales de mucha gente (obviemos a los no beneficiados por el sistema), pero ha exaltado la codicia, la envidia y la insaciabilidad. Un sistema que hace abundantemente ricos a una parte del planeta a la vez que la priva de la conciencia de tener suficiente es incompatible con la buena vida.

¿Qué hacer, pues?, ¿cómo podemos cambiar nuestros hábitos de consumo?, ¿cómo pasar del Black al Green? Desde la Red Equo Joven somos partidarias de formas de producción y consumismo alternativas en coherencia con el objetivo nº 12 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas: “Garantizar modalidades de producción y consumo sostenibles”. Hay muchas formas de hacerlo, apuntamos las siguientes:

En primer lugar, mediante la reflexión personal: además de dar prioridad a un tipo de ocio menos consumista, reflexionar sobre la verdadera necesidad de adquirir productos y, una vez decidida su necesidad, reflexionar sobre su proceso de producción y los residuos que se generarán. Intentar reutilizar y reciclar antes de comprar; evitar los productos de usar y tirar, rechazar las bolsas de plástico que ofrecen en los supermercados, dar prioridad a los envases biodegradables, adquirir ropa de segunda mano, tender hacia comprar más el contenido y no el envase (compras a granel), intentar reducir la producción de residuos, etcétera.

Por otro lado, procurando consumir productos elaborados en un entorno más cercano, apoyando al pequeño comercio y las tiendas de barrio: favorecen la economía local y promueven las relaciones humanas, evitando en la medida de lo posible las multinacionales y las grandes cadenas, cuyos beneficios revierten en menor medida en el entorno local. Deberíamos dar prioridad, no solo a los comercios más cercanos, sino a aquellos que tengan estándares de sostenibilidad (al estilo de la Asociación Sueca que promueve el White Monday. Poco a poco, las nuevas tecnologías van aportando facilidades y soluciones: por ejemplo, en los próximos meses se lanzará la App “Ethical Time”, que pretende facilitar que las personas que quieran comprar productos con determinados estándares de ética y sostenibilidad encuentren el lugar más cercano para hacerlo.

Lo fundamental, sin embargo, para empezar, es darnos cuenta de que nuestras acciones, por pequeñas que sean, importan. Paremos, por tanto, el círculo vicioso del consumismo, tiremos el Spinner a la basura y luchemos por ganar verdadera calidad de vida.

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Carlos Serra

Carlos Serra

Jurista y Máster en Política Económica y Economía Pública por la Universidad de Valencia. Miembro de Joves Verds Equo de Valencia y Red Equo Joven.
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