13 de noviembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Uno podría estar tranquilo con mi trabajo precario, más o menos estable, tras casi 30 años de profesión, conforme con sobrevivir a una  “crisis” creada en los laboratorios neoliberales para restar derechos a la ciudadanía e instaurar un New Deal (nueva distribución) de la renta.Pero no puedo, por más que lo intente, abstraerme de buscar una explicación a lo que nos ocurre a los trabajadores.

Un experimento extractivo de la riqueza de los pueblos a manos de las corporaciones supranacionales y sus capataces gubernamentales, que otorgan a las teorías económicas liberales el estatus de dogma religioso: Lo que no es rentable en términos financieros se le endosa a los Estados, independientemente de su naturaleza, publica o privada, a la vez que los estados venden sus activos rentables a mayor gloria de los beneficios de las grandes corporaciones.

El resultado, paro, precariedad y, lo nunca visto tras la II Guerra Mundial: una generación que se adivina más pobre que la anterior.

El antagonismo soviético ha sido reconvertido por la oligarquía Rusa -heredera de la monstruosa máquina burocrática estalinista- en un capitalismo especulativo desvinculado de las conquistas sociales de la revolución socialista. El capitalismo global reaccionó a la revolución desmantelando el poder de los estados nación, diluyéndolos en entramados políticos como la UE o ALCA en América del Sur, siempre al servicio de los grandes poderes financieros. Hoy, caminan, sin exagerar y con la colaboración de los pueblos indignados, hacia regímenes autoritarios como no se conocían desde los años 30 del siglo XX.

La idea de una Europa justa y solidaria lleva lustros a la deriva.

 

El triunfo del Brexit, el auge de la extrema derecha xenofoba, con un discurso neofascista en Europa y la reciente victoria de Trump en las elecciones presidenciales en EEUU, a lo que sumamos la crisis de la socialdemocracia, cada vez más prescindible para el poder, ya que ni le sirve de freno a las luchas obreras como en la segunda mitad del siglo pasado, ni tan siquiera tiene un mínimo de apoyo social…  todos los acontecimientos recientes mandan la misma señal: en la actual polarización política, la población no es dada a las medidas tintas, sino a posicionarse en posturas extremas.

Es tiempo de analizar y de ser conscientes de que si permanecemos en el conformismo y la resignación, y no tenemos en cuenta lo anterior, más la destrucción progresiva de la biosfera por el mal llamado desarrollo económico, el planeta está dando señales de que ya no se sostiene. Es hora de pujar por, y difundir, las ideas de la economía ecológica y social, no basada en un crecimiento imposible e intolerable.

Con el realismo necesario, para comprender que lo urgente no es posible sin lo importante, ni viceversa. Habrá que seguir apostando, en nuestro entorno inmediato, por alguna clase de contracultura para movilizarnos y poder construir cohesionando a la sociedad civil y canalizando las luchas sociales. Es la única esperanza ante la dictadura global que nos amenaza.

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Jose María Rueda Santiago

Activista social y político. Cocinero de profesión. Pensador entre fogones.

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