17 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Vaya dos semanitas que llevamos. No hay día en el que no salte la liebre, en el que no estalle un caso nuevo de corrupción, otra vergüenza más que llevarnos a nuestra rutina diaria. Da la sensación, cada vez más, de que súbitamente las novelas de Francisco Casavella o Manuel Vázquez Montalbán hubieran decidido hacerse visibles -que no reales, porque existir lo han hecho siempre, sólo que bien escondidas bajo la alfombra institucional- y el resto del mundo asiste asombrado, como lo hacían los lectores, a un espectáculo grotesco, oscuro y que no parece tener fin.

Hay un pequeño detalle, insignificante para algunos a los que las excusas y justificiaciones ya se les han terminado, que convierte toda esta ola de ruindad humana en algo todavía más grave -si cabe-: todos los casos destapados durante los últimos días atañen al partido que gobierna el país. Sí, el que toma las decisiones que afectan a nuestras vidas, las de nuestros hijos, padres, decisiones que afectarán nuestro futuro; esas personas, ese partido, se está hundiendo bajo la mierda de la corrupción.

Imaginemos que algo parecido sucede en Europa. No hablamos de un caso, dos o tres, que pueden llevarse el beneplácito de la duda y ser considerados como “aislados”; no, en el PP los casos no se pueden enumerar con los dedos de las manos, los imputados se cuentan por miles, todas las CC.AA. en las que han gobernado o gobiernan han sido saqueadas… ya sabemos todos cómo: malversación, concursos públicos amañados, sobrecostes de obras… y la lista podría seguir. Pues bien, si eso ocurriera en otro país estoy seguro de que el Gobierno se vería obligado, por simple moral democrática, a convocar nuevas elecciones y por consiguiente ejercer su dimisión. Eso en España no ha pasado, ni pasará. Nuestra clase política parece decidida a reírse en nuestra cara sin preocuparse en exceso por esa palabra extraña llamada decencia. Podemos ha intentado una moción de censura, movimiento que por lógico no deja de estar cargado de ciertas dudas sobre sus verdaderas motivaciones -aunque es cierto que llegados a ciertos puntos, como el actual, es menester aplacar ciertas actuaciones sean cuales sean las verdaderas motivaciones-, mientras que tanto PSOE como C’s quedan de nuevo retratados como partidos que, a priori, no parecen nada interesados en terminar realmente con la corrupción, o al menos dar ejemplo de ello. Lo hemos visto también en Murcia, lo veremos cuando los socialistas tengan de nuevo secretaria general -¿alguien duda de quién será?-.

Debemos romper una lanza a favor de nuestro sistema judicial, al que muchas veces machacamos porque ejerce de manera poco justa o independiente, pero que pese a todo todavía es capaz de luchar contra los propios poderes que tanto intentan controlarla y actúa como se debe actuar; jueces y juezas que ejercen su profesión con honorabilidad, enfrentándose muchas veces a las presiones brutales y el descrédito de quienes ven su privilegiada posición en peligro.

Sea como fuere, sigue siendo a día de hoy insuficiente, pues lo esencial para sancionar y controlar esas acciones, que no es otra cosa que las leyes, no están adecuadas a nuestro tiempo; robar dinero público sigue saliendo muy barato, y hasta que eso no cambie muchos políticos vivirán con esa sensación de ser intocables, lo que provocará que los abusos continúen sin fin.

A nosotros, humildes mortales, poco más nos quedará que seguir denunciando públicamente estos hechos. Hacernos oír, escribir, debatir, tratar de explicar al resto que este tipo de actuaciones no las podemos tolerar. Y cada cuatro años volveremos a hundirnos al ver que los que hunden a nuestro país siguen ganando y mandando.

 

La imagen de portada es de El Confidencial.
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Alejandro F. Orradre

¿Escritor? || Coleccionista de blurays (480) || Bolaño || Librópata || Miembro de la PAE || Escribo cosas raras en @murraymagazine y @Neupic

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