16 de octubre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En el Evangelio según San Juan 8, 7, dijo Jesús de Nazaret: “¡El que esté libre de pecado que tire la primera piedra!

Leer estos días “La Urna Rota” me motivó a escribir estas líneas sobre la corrupción y fundamentalmente sobre cómo los españoles somos capaces de votar una vez tras otra a los políticos corruptos. Un país como el nuestro que se desangra con paro, desigualdad, pobreza, precariedad laboral, desahucios, pensiones miserables, jornadas interminables, colas para ser atendidos en la sanidad pública y un sistema educativo deficiente, ¿cómo puede seguir votando a los que nos han traído hasta este punto?

La corrupción salpica a los partidos tradicionales, a ejecutivos, empresarios, jueces, fiscales, policías, emprendedores, sindicalistas, profesionales… es decir, a una gran parte de la ciudadanía, en su pequeña, mediana o gran parcela de poder. Lo que queda claro es que la corrupción que más se persigue es la de los pobres, la otra, la de los ricos, se pierde entre los recursos judiciales, las trampas de aquellos que hacen la ley y las influencias de unos y otros. Al final nunca se devuelve lo robado.

Hay una anécdota curiosa en mi vida laboral, tan triste como real, que os voy a contar cambiando el nombre del protagonista. En una empresa donde trabajé apareció un compañero con un jamón serrano en Navidad. Se lo había regalado el jefe de personal: “¡Qué bueno es Don Matías, que me ha regalado un jamón para mis niños! Lo contentos que se van a poner. Me he llevado todo el fin de semana preparando, limpiando y arreglándole las cuadras”. Los que escuchamos aquello nos escandalizamos por haber hecho aquello gratis. Pero cuál sería nuestra sorpresa cuando nos enteramos de que ese jamón era regalo de otro compañero, que a su vez agradecía a Don Matías un puesto de trabajo en el sitio que anhelaba. Con mil fatigas le compró un jamón serrano, algo que no le gustaba a Don Matías, pues su paladar estaba acostumbrado al ibérico. Entonces compusimos una canción que solíamos cantar mientras trabajábamos: “qué tonto ha sido el Portugués // que le regaló un jamón al Gitano // al que no puede ver”. En aquel momento la corrupción nos la tomamos a broma y no la denunciamos. Ese fue, es y será el problema.

¿Quién no conoce a alguien que haya entrado a trabajar por enchufe?, ¿quién no ha escuchado que le hicieron las pruebas al momento porque tenían un familiar o amigo en el hospital?, ¿quién no entró en el colegio porque conocía gente en la junta directiva o le dieron una ayuda porque conocía a la trabajadora social?

Por amistad, conocimiento, influencia, apadrinamiento o mil calificativos más, escuchamos: “¡El que no tiene padrino no se bautiza!”.

Hay datos que confirman la teoría del padrinazgo. Cuando un candidato se enfrenta a una oposición a la carrera diplomática, si este tiene un familiar con dicha carrera sus probabilidades de aprobar son de un 222% más que otra persona, para abogado del Estado son de un 187% y para notario un 103%.

En una sociedad como la nuestra en la que la gente sigue votando a los corruptos y lo justifican, es la falta de valores la herramienta que utilizan los grandes partidos para perpetuarse y mantener a sus gregarios alimentando barrigas agradecidas que después los volverán a votar. Y así seguiremos en una espiral interminable que hace cada día que la gente sencilla manifieste con más contundencia que todos los políticos son iguales.

Luego la desgana los aleja de la participación a la vez que los hace seres más individualizados. Activar a las personas para que participen, cooperen y exijan sus derechos es una tarea difícil y compleja porque las personas hoy compiten con sus iguales y se olvidan de quién es el verdadero enemigo: las grandes empresas y los oligopolios, que son quiénes tienen recursos suficientes para influenciar a los políticos y los demás poderes del Estado a actuar pensando solo en clave económica.

Soy de los que piensan que esta situación no puede ni debe durar mucho, que no se puede aguantar tantas tragaderas, que no nos pueden convencer de que siempre han habido pobres y ricos como excusa para normalizar la desigualdad. Tenemos que convencernos de que otro mundo es posible. A mí, personalmente, no me importa que haya ricos, lo que no quiero que hayas son pobres. Son pasos indispensables que seamos capaces de cambiar las cosas con la denuncia tanto escrita, como manifestándonos en las calles —donde a los políticos no les gusta que estemos—, que apostemos por la transparencia como herramienta para evitar la corrupción, que separemos la judicatura de la política para que no se toquen.

Tristemente, en nuestro país es normal que la carrera funcionarial y la política estén ligadas o se crucen con asiduidad. En el Reino Unido, por ejemplo, esto es imposible por definición y en la Europa occidental existe un proceso público llamado: Public Service Bargaining, que es un acuerdo tácito por el cual los políticos respetarían la neutralidad y profesionalidad de los funcionarios (renunciando a la libertad a la hora de elegirlos y contratarlos) y el funcionariado renuncia asimismo a hacer política. La virtud de este sistema es que separa de forma clara la carrera —y por tanto los incentivos— de los funcionarios y de los políticos.

Como veréis herramientas haylas, existen, lo que no hay es voluntad política para implantarlas. Mientras el pueblo calla y se reprime, y la prensa habla de Cataluña y de mil cosas que no versan sobre el bienestar de las personas, la maquinaria del poder sigue triturando la democracia y convenciéndonos de que estamos en un Estado democrático porque nos permiten votar, porque no es pecado ver porno y porque podemos ser del equipo que nos dé la gana. Así la Marca España se instaura y se perpetúa, siendo siempre sinónimo de corrupción.

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Manolo Fernández

Representante ciudadano. Activista contrapoder. Concejal de Ganemos Jerez.

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    Una Réplica

  1. xavier

    El problema es cuando entramos en la normalización, hace unos años por trabajo me traslade a la delegación de Madrid de mi empresa, el delegado era de un pueblo cercano y me comentaba que las obras en su ayuntamiento se asignaban a dedo, si importar si el coste era mayor o menor, me decía “ es lo habitual” , gobernaba el PP pero cuando llegan los otros PSOE, “..hacen lo mismo”

    Se ha instaurado la normalidad y los comentarios del tipo “que roben menos los que entran…”, ¿es este país así?
    ¿ con iva o sin iva ?

    Saludos

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