16 de octubre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Le tengo especial cariño al pasodoble ‘Era un 4 de diciembre’ de la comparsa ‘Los Piratas’ porque es el primero que tengo constancia de haber escuchado en mi vida. Fue utilizado por Podemos para el comienzo de la campaña de las elecciones generales del 20-D, que coincidió con el 38º aniversario del 4-D y que tuve la suerte de vivirlo en el Palacio de Congresos de Cádiz, donde el alcalde José María González ‘Kichi’ lo cantó con el único acompañamiento del golpeo de sus nudillos ante un millar de personas.

Aún recuerdo cómo se me puso la piel de gallina cuando escuché aquellos maravillosos versos de la pluma de Martínez Ares.

El 4 de diciembre de 1977 dos millones de andaluces salieron a las calles para pedir las mismas cotas de autonomía que Euskadi, Galicia y Cataluña, a través del artículo 151 (vía rápida) y no por el 143 (vía lenta). Aquel día la Policía asesinó en Málaga a Manuel José García Caparrós, joven de 17 años militante de CCOO. Ese mismo día, diversas organizaciones, partidos y sindicatos salieron a la Plaça Catalunya de Barcelona en solidaridad con el pueblo andaluz.

En el referéndum andaluz del 28-F de 1980 para iniciar el proceso de autonomía, las herederas del franquismo UCD y Alianza Popular pidieron la sonrojante abstención. Mientras que el Gobierno permitió a Euskadi y Cataluña pedir el sí en sus respectivas consultas a través de Televisión Española, al presidente de la Junta de Andalucía le impidieron salir en antena. Para colmo, en la pregunta de las papeletas de aquel referéndum del 28-F no aparecían ni las palabras “Andalucía” ni “autonomía”. La pregunta, totalmente enrevesada, fue la siguiente: “¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?”

No olvidemos que hace 40 años el centralismo españolista pisoteó a Andalucía. Hoy lo hace con Cataluña. ¿Os imagináis si el resto de España hubiese pedido participar en el referéndum de autonomía de Andalucía? Dejemos al pueblo catalán que decida su futuro. Yo, como quiero construir un proyecto de país junto a ellos, no los insulto ni los ninguneo, los trato con respeto y exijo que se les consulte. Es, cuanto menos, curioso, que los que están totalmente en contra de que Cataluña pueda decidir su futuro, aplauden como goles de su equipo de fútbol las lluvias de porras provenientes de la Policía y de la Guardia Civil. Inteligentísima táctica para calmar al movimiento independentista. Claro que sí, guapi.

Decía la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que “no olvidemos nunca quiénes somos ni por qué estamos aquí”, y eso he hecho. He vuelto a ojear el manifiesto ‘Mover ficha: convertir la indignación en cambio político’, aquel documento que salió a la luz en enero de 2014 para reclamar una candidatura amplia y rupturista que se presentara a las elecciones europeas de ese mismo año. De aquello nació Podemos.

Este manifiesto ya advertía de la crisis territorial que estaba viviendo nuestro país, un manifiesto que reconocía el carácter plurinacional y pluricultural de España, que defendía la soberanía de los pueblos y el derecho a decidir su futuro libre y solidariamente, por lo que apoyaba la consulta catalana convocada el 9 de noviembre de aquel año 2014.

Lo que más me gusta de este manifiesto, además de todas las políticas a favor de la mayoría de la población, es que equipara a PP y a PSOE, como acertadamente señaló el 15-M con aquello de ‘PSOE y PP la misma mierda es’. La solución a los problemas que actualmente padecemos no pueden ir de la mano de ninguno de estos dos partidos, ni aún con la victoria de Pedro Sánchez ante Susana Díaz, la candidata del establishment, en las primarias del pasado mes de mayo, ya que el PSOE no ha mostrado síntomas de cambiar sus políticas, como pudimos ver, por ejemplo, en junio con su abstención en la moción de censura de Unidos Podemos para desalojar al PP del Gobierno y en la votación sobre el tratado comercial del CETA, o en las recientes declaraciones de Pedro Sánchez comentando que apoyaría al Gobierno español si aplicase el artículo 155 contra Cataluña en el caso de que se anuncie una declaración unilateral de independencia.

Gracias al 15-M y a Podemos, la indignación se canalizó en una apuesta política que señalaba a los verdaderos culpables, a los de arriba, y no a los más débiles. Pero no seamos ingenuos y no aseguremos que en España no existe la ideología de la extrema derecha. Tan solo hay que ver lo ocurrido en las últimas semanas: aumento de la catalanofobia, presencia de colectivos y cánticos fascistas en la manifestación del pasado domingo en Barcelona, palizas en Valencia a partidarios de la independencia de Cataluña… Actualmente, la extrema derecha está viviendo su particular 15-M. Vienen tiempos oscuros y debemos estar preparados para ello.

Estuve todo el fin de semana del referéndum catalán del 1-O fuera de casa y apenas estuve atento ni a las redes sociales ni a los medios de comunicación. El domingo por la tarde pude ver algunas imágenes de lo ocurrido, me sentí impotente y profundamente indignado.

Después de horas de debate sobre cómo construir juventud andaluza organizada y rebelde, mientras mis compañeros y compañeras de Anticapitalistas y yo charlábamos en la Alameda de Hércules y bailábamos en Sevilla a altas horas de la madrugada, ya había personas encerradas en colegios electorales de Cataluña para que al día siguiente todo transcurriese con normalidad en una votación levantada a pulso por la gente sencilla y corriente.

Vi decenas de banderas de España en los balcones. Algunas con el águila franquista. Vi a polícias nacionales y a guardias civiles atacando como si acabaran de desembarcar en Normandía. Vi a Mossos y a bomberos unidos con la ciudadanía para hacer frente a las represiones policiales (tampoco alabemos a los Mossos, recordemos que fueron los mismos que desalojaron violentamente la Plaça Catalunya en aquel 15-M). Vi a personas mayores con la cabeza ensangrentada. Vi a gente arrastrada por los suelos. Vi a policías tirando a personas por las escaleras de un colegio. Vi a padres con sus hijos en las movilizaciones. Vi a mujeres sufriendo agresiones sexuales mientras las desalojaban. Vi a un hombre con una bandera española votando en una urna y saliendo aplaudido del centro electoral. Vi a Mossos llorando observando la unidad de la ciudadanía para abrir los colegios.

Rosa Parks, mujer negra, acabó en la cárcel por hacer algo ilegal: sentarse en la parte delantera del autobús y no en la trasera, donde debían sentarse las personas de raza negra. Cuando la gente de la PAH se encerraba en las casas para que no les desalojaran, estaban haciendo algo ilegal. Las sufragistas inglesas ponían bombas para protestar porque era ilegal que las mujeres pudiesen votar. Por favor, no confundamos la legalidad con la legitimidad. La legalidad emana de la legitimidad y no al contrario. Y Cataluña merece desde hace años un referéndum porque el 80% de los catalanes es favorable al derecho a decidir.

Con su actuación represiva, el Estado español y el Gobierno del PP firmaron el 1-O la independencia de Cataluña. No sé para cuándo, pero si seguimos este camino no hay vuelta atrás ni entendimiento posible. El 3 de octubre hubo huelga general en Cataluña para protestar por la situación surrealista que se vivió y que ha visto medio mundo mientras se ruborizaba. Hoy, 11 de octubre, el Gobierno  ha iniciado los trámites para la aplicación del artículo 155 sobre Cataluña, con el apoyo explícito de PSOE y Ciudadanos. Error monumental del Estado español ante un régimen del 78 que se cae por su propio peso.

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Salvador Moreno

Estudiante de Ingeniería Electrónica en la UCA. Secretario de comunicación en Podemos Jerez, militante de Anticapitalistas y activista en Marea Joven Jerez.
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