13 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



El día que iba a nacer ya se esperaba el cambio climático. Será por eso que siempre sueño con bosques de higuerones donde una llovizna tierna, me hace llegar el olor de las cagadas de pájaros. Siempre sueño con árboles, ha sido así durante los más de cincuenta años que tengo de historia.

Mi vida es paralela al fenómeno del calentamiento global. Soy testigo, porque tengo memoria, de que la temperatura media ha aumentado y que ese aumento se está acelerando en los últimos diecisiete años. Hemos cambiado el delicado equilibrio de la biosfera en la que desarrollamos nuestra vida y no hacemos casi nada para detenerlo. Y digo casi, porque nos revestimos a nivel gubernamental de una capa de decisiones que después no llevamos a la práctica, pero en nuestra vida cotidiana, afortunadamente somos capaces de presionar y de tomar decisiones que pueden llegar a salvarnos.

El efecto invernadero, ese que hace que la radiación solar sea absorbida en lugar de reflejarse y volver al espacio, se produce por nuestro irresponsable estilo de vida occidental. Y frenar este peligroso cambio climático se logrará solo revirtiendo las emisiones; y la posibilidad de hacerlo se alcanza por dos vías que son complementarias, aunque puedan parecer contradictorias: Volver a la vida sencilla y confiar en la tecnología. Seamos justas, no todas aportamos lo mismo al calentamiento global. China y USA, que son el 4% de la población global, son quienes ocupan el 1er y 2º puesto en emisiones de CO2; Europa y La India somos las siguientes más contaminantes. De modo que en este calentamiento nuestro debemos decir sin temor a equivocarnos que están pagando justas por pecadores, porque es en África y en centro y sur de América donde más se padecen las consecuencias de fenómenos extremos como sequías y huracanes.

La comunidad científica nos advierte que las crecientes temperaturas alimentan las olas de calor y sus efectos. Incluso en el “time-line” de nuestro Facebook, podemos comprobar cómo los mensajes sobre lo poco que llueve o la sequía son más frecuentes. En lo cercano, nos encontramos con que el descenso de lluvias primaverales se sitúa un 23% por debajo de la media este año, siendo especialmente seco el mes de abril con una caída del 60%. Esto nos sitúa ante la primavera más seca desde 1965, y hay tres cuencas hidrográficas especialmente afectadas, Júcar, Segura y Duero. Pero una sequía no es solo falta de agua, es también un golpe en la economía del estado; hay que implementar una moratoria en el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social, hay que condonar el canon y la tarifa correspondientes al año en curso, o pedir créditos presupuestarios para paliar el descenso de ingresos en las confederaciones hidrográficas. Ustedes ya lo saben, Hacienda somos todas.

Este calentamiento anunciado afecta a la agricultura a nivel mundial, y aunque solemos olvidar que somos animales, coincidirán conmigo en que comer sigue siendo importante. Pero no quiero ser catastrofista, no se preocupen, antes de morir de hambre habremos sufrido alergias, asma o enfermedades infecciosas. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París, 195 países acordaron medidas de reducción de la contaminación con el objetivo de evitar que la temperatura global media subiera más de 1,5 grados por encima de los tiempos preindustriales. Sin embrago, no vemos que esto se concrete de forma urgente en las decisiones gubernamentales.

Por eso cuando nos hacemos la pregunta, ¿cómo detener el calentamiento global?, hay muchos artículos que ofrecen una lista detallada de todo lo que puede hacer una persona en el día a día para cambiar sus hábitos. Sin embargo, a veces olvidamos algunas otras cosas que podemos añadir a la lista:

1.- Tomemos conciencia y hagámonos responsables; no pongamos más excusas.

2.- Apoyemos decisiones políticas valientes, aunque nos roben nuestra actual comodidad, lo importante es que garanticen el futuro.

Guárdense este dato que es muy valioso: “De cada diez litros de agua que se van para el regadío sólo un litro vuelve al río”. Es hora de ir variando nuestra política agraria, y nada de aceptar olivares y vides de regadío tal como proponen las últimas tendencias macroeconómicas. Es tiempo de adaptarnos a la sequía, podemos hacerlo, conocemos mucho de la sabiduría ancestral. ¿Quieren datos para argumentar? Según la última encuesta del INE (2015) sobre el uso del agua por sectores, el regadío acapara el 84’3% del agua de España, mientras que el abastecimiento a la población y el consumo industrial ocupan el 15’7% restante. Guárdense este otro dato: “el agua para el abastecimiento humano devuelve ocho de cada diez litros”. Gracias a que las idealistas hemos llegado a las instituciones ahora sabemos cosas como que “Solamente un tercio de lo recaudado va a la mejora de las cuencas de los ríos. De los 194 millones obtenidos a través de un impuesto, sólo se destina a calidad de las aguas 64 millones. No sabemos cuál es el destino de 134 millones y se está incumpliendo la ley porque no se destina el 98% de la recaudación a la mejora del dominio público hidráulico como marca la Ley de Aguas”, Juantxo López de Uralde averiguó esto gracias a una sencilla pregunta parlamentaria.

3.- Rompamos mitos políticos. No son los embalses los que nos salvarán de la sequía, es la preservación de los acuíferos. La liberalización de los mercados del agua nos lleva a un futuro Mad Max y no es eso lo que deseamos.

Y luego sí, todo lo demás que ustedes y yo sabemos y practicamos. Bajo consumo energético, reducir nuestros electrodomésticos, más transporte colectivo, dieta vegana/vegetariana o casi. Más frutas, verduras y legumbres de cultivo biológico (no son tan caras si nos apuntamos a un grupo de consumo responsable, y el presupuesto se equilibra si  reducimos el consumo diario de carne y pescado), y mucha paciencia con nosotras mismas y con el prójimo, porque cuando aumenta la temperatura, nos volvemos más irascibles.

Podemos cambiar el final de nuestra historia, aunque estemos tres veces heridas de muerte podemos mirar los problemas de frente y darles solución. Pero debemos hacerlo ahora, para no derrumbarnos de bruces en la cocina.

 

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Carmen Ibarlucea

Escritora, narradora oral y activista animalista. Participa en EQUO en Extremadura.

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