19 de noviembre del 2018
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Me cuesta recordarlo pero, superando el sentimiento de vergüenza ajena, lo voy hacer. Me refiero al día que el Capacochinos F.C. jugaba en su campo la semifinal del trofeo Valle de la Victoria contra el Matalascabrillas. Un partido de máximo riesgo.

Por aquellos años Borjita Sotomayor aspiraba a la alcaldía de Cerroseco del Caudillo por el Partido Nacionalpopulista Cerrocense. Sufría incontrolables y frecuentes ataques de exaltación patriótica.

Conocida es la rivalidad atávica y mesetaria que se profesan los pueblos de la comarca, especialmente Cerroseco del Caudillo y Capacochinos del Obispo, donde se jugaba el partido. Tratándose de fútbol, la rivalidad se trasforma en odio africano. Y Borjita, para hacerse el mártir, buscando la adhesión y el voto de sus paisanos, anunció a bombo y platillo su asistencia al campo capacochinense vistiendo la equipación del Cerroseco, que ni jugaba. Con bandera, gorrito, bufanda y cornetín. “¿No hay libertad de expresión?” Decía, “¿no es libre la entrada en los campos? Ya se guardarán los radicales, ya.”

Y allí se plantó el día del partido. La semana anterior, la Gaceta de Capacochinos del Obispo había publicado el artículo de un hincha anónimo titulado: “Crónica de una hostia anunciada”, con eso doy una leve idea del ambiente creado en el pueblo por la patriótica y legítima decisión de Borjita. La Policía local le abrió paso hasta el centro del gol norte, territorio ancestral de la Peña Ultra-Bakunin, de ideología anarquista, dispuesta a morir por la gloria del Capacochinos F.C. Y allí lo dejó, con su gorrito, su equipación y su banderita del Cerroseco.

En el minuto 15:54, el Capacochinos encajó un gol por la escuadra… Insultos, pataletas. chiflidos en el gol norte… Borjita enarbola la bandera del odiado Cerroseco: “¡Viva Cerroseco! ¡Abajo Capacochinos! ¡Cerroseco Akbar!” Fue admirable y estoica la contención de los Ultra-Bakunin. Pero llegó el segundo, esta vez de penalti fantasma. Y Borjita otra vez: “¡Cerroseco Akbar! ¡Abajo Capacochinos! ¡A por el tercero, que no valen un duro!”. Los radicales de izquierda empezaron a abuchearlo, sin razón, naturalmente. Y de repente… ¡Gol! Llegó el tercero. Borjita no cabía en sí. Gritaba dando saltos de alegría, agitando la bandera, tocando el cornetín, ¡Cerroseco Akbar! ¡Arriba Cerroseco! ¡Abajo Capacochinos!

Desde algún lugar de la grada, un anónimo ultra del Capacochinos F.C., enemigo sin duda de la libertad de expresión, le arrojó una boñiga de kilo y medio. Y le dio. ¡Madre mía! La que se formó en la prensa de Cerroseco al día siguiente. Borjita salió en todas las portadas clamando justicia, pidiendo la aplicación del 155 a Capacochinos del Obispo, acusando de fascistas a todos los capacochinenses… Los radicales llamaron al incidente “provocación”, pero Borjita Sotomayor, el niño pitongo de Cerroseco del Caudillo, como toda la prensa oficialista, lo tenía claro: Libertad de expresión. Y aquel día ganó 25 votos.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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