19 de octubre del 2017
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Vietnam, como toda Asia, es tierra de mercados a flor de piel, a flor de tierra, a flor de agua. En los puestos atomizados de cada uno de ellos se puede percibir el intercambio diario y rutinario de vida. Unos compran, otros venden y para todos ellos es la base de su vida, el lugar donde se fragua su alimentación, su vestimenta, el futuro de sus vidas.

Se podría recorrer Vietnam a través de los mercados como si el país fuera un río lleno de nenúfares, que hubiera que cruzar. Cuando el viajero ha satisfecho todos sus deseos de olores y sabores y el nenúfar comienza a hundirse, aparece otro en el que apoyarse y en el que encontrar nuevas sensaciones.

Desde Ho Chi Min City, es ligero llegar hasta el delta del Mekong. La leyenda habla de nueve cabezas del dragón en las que el longevo río, procedente del Tibet  tras 4.500 kms  de recorrido, se abre al mar  de la China del Sur. Cada una corresponde a una lengua de agua y  éste mítico dragón proporciona una riqueza natural indescriptible. Inacabables campos de arroz donde los campesinos se afanan en cultivar el preciado producto. Vergeles de frutas impensables.  Jardines de bonsáis cuidados con paciencia y amor. Una tierra donde es difícil diferenciar lo húmedo de lo seco y donde la vida se hace más en el agua que en suelo firme. Para el río, atrás han quedado China, Myanmar, Laos, Tailandia y Camboya.

La carretera sube y baja por los pequeños afluentes del poderoso caudal hasta llegar a Vinh Long. Allí se madruga para aprovechar el relativo frescor de la madrugada tropical y tomar un frágil barquito para llegar al mercado flotante de Cai Be. Todo se comercia en el agua. Los botes portan una larga percha donde se exhibe el producto a vender. Siempre frutas y verduras. Piñas, rambutanes, papayas, cocos y toda suerte de delicias del trópico que se llevan organizando durante la noche y que los barqueros llevarán a vender a mercados en tierra firme en el transcurso del día.

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Más al sur, en Can Tho, capital comercial de la zona, también hay que madrugar para ver los impresionantes mercados de Cai Rang  y sobre todo Phong Dien. Tras tres horas de suave navegación a través del ancho Mekong, se agradece un desayuno de sopa de pollo con fideos mientras se observan las transacciones entre los lugareños. Con increíble habilidad acercan sus livianas barcas entre sí y mascullan incomprensibles sonidos con los que se ponen de acuerdo en precios y mercancías. Prestos, salen hacia sus destinos en tierra firme para acabar  el proceso de venta. Mañana volverán y todos estarán en el mismo sitio.

De vuelta a Ho Chi Min City. Una  marea de motocicletas inunda las calles de la antigua Saigon. Aún se huele un recuerdo del paso de los americanos. Los neones, los clubs nocturnos y alguno de ellos que aún queda por ahí.

El mercado de Binh Tay, en el barrio de Cho Lon, provee a la ciudad de todo lo imaginable. Ubicado en un gran edificio de dos plantas ofrece por riguroso orden gremial productos textiles, para el hogar, artilugios de ferretería, zapatos… Se notan las diferentes necesidades de la gran ciudad con el campo. Allí llegan pequeñas motocicletas sobrecargadas para entregar el género constantemente. Y todo en mínimas y similares paradas donde es difícil saber donde acaba una y empieza la siguiente, pero donde la alegría del intercambio está presente en cada esquina. A  veces incluso es complicado encontrar al vendedor entre el abigarramiento de mercancías que parece que se les van a caer encima.

Siguiendo hacia el norte, en el Vietnam Central, aparece Hoy An. Importante puerto antaño, se respira en ella la influencia del comercio. Felizmente la guerra contra los americanos respetó este paraje y lo que se aprecia  es una preciosa ciudad de casitas bajas coloniales en múltiples y vivos colores. Y es famosa por su gastronomía. El viajero puede hacer un breve e interesante curso de cocina que comienza a primera hora en el mercado de la ciudad. Allí se pueden reconocer los ingredientes, frutas y verduras de vivos colores. Citronella, coriandro, jengibre, menta de agua y un sin fin de hierbas aromáticas que se ofrecen en pequeñas bolsas de plástico.  Pescados grandes y pequeños, cangrejos, anguilas y demás frutos de mar se mantienen vivos en grandes palanganas a la espera de que la certera mirada de alguna vietnamita, indefectiblemente tocada con su sombrero cónico, se lo lleve a su casa. La carne de cerdo, pollo o buey se despieza en breves trozos que serán cocinados en cualquier variedad de Poh, la omnipresente sopa vietnamita que se va haciendo durante todo el día en una marmita. Son tierras de agua y de agua son los platos. Tras esta visita, durante el curso, se aprenderá a mezclar todo ello y envolverlo en húmedas hojas de arroz para degustar su sabor mojándolas en salsa de pescado.

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Y llegamos a Hanoi. Orgullosa ciudad donde la influencia colonial francesa de las amplias avenidas se entremezcla con las callejuelas repletas de tiendas del Old Quarter. Las casas son estrechas, espigadas y delgadas como los propios vietnamitas.

Hace cientos o miles de años, el caprichoso Río Rojo navegaba por estos parajes. Un día decidió cambiar su rumbo y de su recuerdo quedan unos espectaculares lagos en el centro de la ciudad. En las profundidades de uno de ellos, el Hoan Kiem, una inmensa tortuga dorada guarda la espada que, llegada del cielo, el emperador Ly Thai To utilizó para expulsar a los invasores chinos en el siglo XV. Antes del alba, por sus riberas y antes de que el sofocante calor apriete, los nativos aprovechan para practicar Tai Chi y jugar a Bádminton  en las pistas pintadas en el suelo.

La parte antigua de Hanoi, el Old Quarter, es propiamente un mercado organizado en calles gremiales donde es imposible encontrar nada que no pertenezca a ellos. Una maraña de calles ocupadas por ruidosas motos donde se puede encontrar ropa, joyas, cosméticos, bebidas, instrumentos musicales, ofrendas religiosas, lámparas, medicinas naturales. Incluso hay una calle, Pho Hang Quat, donde se trabajan las lápidas funerarias y todo lo relacionado con el otro mundo.

Por supuesto hay un mercado de comida, Don Xuang, donde los alimentos adquieren un cálido color  por la luz de los tejados de tela que cubren la calle. En muchos de ellos se cocina y se pueden comer sabrosos platillos allí mismo, sentado en diminutas sillas de plástico azul o rojo. En uno de sus extremos, la zona de venta de flores le da el contrapunto de color.  Y las mujeres, las hawkers, cubiertas con sus sombreros cónicos caminan rápido con sus mercancías en equilibrio sobre sus hombros. Piñas, papayas, mangos, verduras, platos y cubiertos…

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Tras una noche en tren se llega a Lao Cai, punto fronterizo con China desde donde tras una hora de autobús se llega a Sa Pa. Son 1.650 metros de altitud y se agradece el clima seco de la montaña. Este es el territorio de las tribus provenientes de China Dzao y H´mong. Las primeras visten de negro, azul y verde y las otras de vivos colores en los que destaca el gorro rojo, símbolo de la sangre vertida por sus hombres en guerras pasadas. Cuantos más dientes de oro luzcan, mayor estatus social poseen.

Son tribus que viven muy alejadas de la ciudad y los sábados bajan al mercado de Sa Pa. En sus espaldas portan una cesta cilíndrica a modo de mochila, donde van ubicando todo lo que necesitan para la semana; alimentos, bebidas, hilo y seda para sus vestidos…Y todo ello hasta acumular cantidades que resulta difícil pensar que sus frágiles y diminutos cuerpos puedan soportar. Quienes tienen algo que vender montan sus paraditas en los bordes de la calle: fundamentalmente frutas, verduras, hierbas, aguardientes, bisutería y tejidos de unos coloridos impresionantes. Quienes necsitan algo que comprar, simplemente buscan los puestos pertinentes.

A tres horas de carretera desde Sa Pa se encuentra Bac Ha. Llegar allí supone botar y saltar por una estrecha carretera donde el conductor negocia cada curva al límite del precipicio. Las laderas de las montañas son interminables escalones de arrozales y bosques de bambú, además de otros árboles de finos troncos y finas ramas. Se mastica China ya.

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA

Es domingo, día de mercado. A este pueblo acuden las tribus Flower H´mong, que así se denominan por sus gorros cosidos en vivos motivos florales. Se dividen luego H´mong Verdes, Azules o Rojos. Pero también hay otras tribus como los D´zao, N´hang, Hoa Xa Fang, Lachi, Xa Fang, Nung, Pula, Thai y Thulao. Son de una estatura brevísima y con unas edades indefinidas, de piel curtida por el viento de la montaña. Todas ellas viven en los lejanos alrededores y se reúnen este día para sus intercambios en el mercado. Es lo más parecido al mercado medieval que un occidental puede imaginar. Se comercia con madera, caballos, búfalos, perros, gallinas, cerdos y además de carnes y verduras, unas preciosas telas de los colores propios de cada una de sus tribus.

Se convierte en un acto social importante, especialmente en los momentos de descanso en los que madres e hijos reponen fuerzas en los puestos de comida aprovechando para conversar con vecinos y familiares. Los hombres aprovechan para comprar el tabaco local que se fuma en unas largas pipas de agua hechas de caña de bambú y hacer acopio del vino de arroz. Un aguardiente que sólo se fabrica en esta zona de Vietnam y que se convierte en un potente reconstituyente en casos de frío.

Nenúfar tras nenúfar, mercado tras mercado la vida prosigue en este país, Vietnam, principalmente agrícola, en donde gran parte de la vida gira en torno a estos hervideros de actividad. Como los nenúfares, hay más mercados, pero estos son los que yo he vivido.

 

 

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Pei para lo amigos. De Bilbao, inquieto, curioso, emprendedor, cocinero, cautivado por la belleza. Es periodista, publicista, fotógrafo y viajero. Tiene 2 proyectos. Uno fotográfico sobre el nacimiento de seres humanos y las mujeres que como diosas, nos traen a este mundo (www.peibolpicaza.jimdo.com). Su otro proyecto trata de dar comida en mi hogar, de manera diferente, colaborativa y personalizada (www.facebook.com/cenasencanpei). Para pequeños grupos. Se come, se bebe, se habla sin prisas de la vida, de la cultura, del arte, de los viajes... Dirige un programa de radio sobre música y literatura en Contrabanda FM.
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