11 de diciembre del 2018
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Leía el otro día, en un artículo crítico con las izquierdas, que la bandera de España, igual que muchas banderas, no es, pese a que se repita hasta la saciedad, solo un trapo, porque detrás se esconden -o se reivindican- los valores de una sociedad, su historia, sus valores compartidos, incluso la unidad del territorio.

Por tanto una bandera no es solo una bandera como un himno no es solo un himno. Precisamente, ese es el mérito de un símbolo. Convertir en único lo intrascendente.

Tomando como válido el argumento, la contrarréplica viene a decir que si bien los símbolos tienen su significado, usarlos sin el más mínimo contenido es lo que termina despegando a la gente de los mismos. Ese es el problema de la bandera de España, su uso torticero y demagogo de forma reiterada.

Valga como ejemplo la fotografía que ilustra esta opinión, la de Pablo Casado y Moreno Bonilla comiendo en un McDonalds mientras presumen de Andalucía, sus gentes y la posibilidad de un futuro mejor. 

Poco o nada hay detrás de la política patriótica del PP, gozosamente felices tras la bandera. Hubiera costado poco apelar a los comercios y restaurantes locales, eligiendo un establecimiento con algunas de las delicatessen de la gastronomía Andaluza. Un guiño a la economía de cercanía, a algún modelo de negocio local, a productos de la tierra. Una reivindicación de modelos de producción que generen una mejor distribución de la riqueza, basados en la cooperación, la economía de cercanía y las alianzas estratégicas. El líder popular prefirió mejor que un buen jamón de bellota, un salmorejo cordobés, un potaje andaluz o un pescaíto frito gaditano, una hamburguesa del McDonald. Mejor que papás de campo, uñas congeladas. Mejor que un mesón con solera, un establecimiento de comida rápida de una multinacional.

Hay poco que construya patria en el tweet marketiniano del político más patriótico de la actualidad. Hay visible, sin embargo, un modelo de negocio que fomenta la explotación del trabajador, los sueldos pírricos, la dependencia de multinacionales y el consumo de productos que poco hacen por la salud del consumidor. Sin embargo, Casado se pasea por las televisiones día sí y día también intentándonos convencer de que son ellos quienes más defienden España y sus símbolos, cuando llevan años vaciándolos de contenido.

A España se la defiende con empleo, sanidad y educación para sus gentes. Todo lo demás es lo que hace que nuestros símbolos compartidos necesiten una desparasitación urgente.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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