24 de mayo del 2017
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Érase que se era, hijo mío, hace poco tiempo, en un reino de cuyo nombre no quiero acordarme, durante un mes de mayo cualquiera, que muchos vasallos, poseídos por la cólera, se echaron a las plazas, indignados, a turbar la paz del prójimo y la prosperidad de los días.

¿Y qué pretendían aquellos feudatarios, te preguntarás inquieto, hijo mío, si andaban por las calles vestidos y calzados, yantaban a diario -a veces hasta caliente-, dormían en colchones y hasta fornicaban con jolgorio? ¿Qué razón tenían para la infelicidad, si algunos hasta malgastaban el salario en libros? Yo te lo diré: la avaricia, la vanidad, el postureo.

Hete tú aquí que el populacho, los eternos tiesos, concibieron la absurda idea de subir socialmente diez escalones, así de pronto, como si fueran yernos de rey o presidentes de comunidad autónoma, y soñaron con tener una casita en la playa, salir una vez en semana, ver a sus chavales en la universidad y estudiando másteres, a sus nietos con más calidad de vida… Ya ves tú, hijo mío, qué desatino, siendo de izquierdas, en vez de agradecer a Dios y a los padres de la patria el privilegio -que ya disfrutaban sin derecho-, de lavarse a diario con jabón y agua corriente.

Y como aquellas mamandurrias no fueron posible, se cabrearon, se indignaron, llenaron las plazas de pancartas, gritos y malas formas, y quisieron hundir al reino. Qué tristeza, recordad aquellos días de bolcheviquismo y locura, hijo mío, qué espanto, aquellas turbas anárquicas pidiendo lo que nunca podían tener, queriendo ser iguales, quejándose de robos y latrocinios, exigiendo cambios, afilando guillotinas…

Durante años, los vasallos se preguntaron por qué se rompió la paz sin hallar una respuesta convincente, y hoy, hijo mío, gracias a una madre de la patria, simpar pensadora, hemos sabido la causa: porque las turbas quisieron vivir por encima de sus posibilidades. Toma nota, hijo mío, y confórmate siempre con un poco menos de lo que tienes. Ah, y paga siempre y vota sin falta. Colorín colorado, este cuento no ha acabado.

foto: El País

 

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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