20 de noviembre del 2017
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Ciudadanos ya se exhibe tal y como es. Ha echado cuentas y las cuentas le salen. En España hay mucha gente despolitizada, en el sentido más profundo del término. Gente poco leída, que no contrasta las noticias ni profundiza sobre las causas y razones de los acontecimientos políticos y sociales,personas que validan cualquier argumento a la primera, presas fáciles de leyendas urbanas y teorías populacheras que no aguantan un revisionado. En otras palabras, un caudal de votos nada despreciable.

Es el público potencial de Ciudadanos, que por desgracia, resulta amplio y decisivo. Si bien el 15M y la corrupción arrastró una parte de este a posiciones socialmente comprometidas, y porqué no decirlo, directamente a Podemos, es obvio que la crisis catalana ha volcado la situación. La intentona independentista ha despertado los más bajos instintos de este espectro social, espoleado por la prensa del régimen, especialmente manipuladora, incisiva y antidemocrática desde el 1 de Octubre hasta la fecha.

El partido naranja quiere atrapar, sin complejos, al electorado que está más preocupado por el continente que por el contenido. Ha abandonado las posiciones digamos, más teóricas —recordemos que en febrero eliminaron la palabra socialdemocracia de su ideario— y se ha entregado a un liberalismo mutante. Un liberalismo que transforma y moldea su discurso según los sondeos de opinión y las circunstancias, pero que mantiene intacto su espíritu oligárgico y su devoción por las estructuras que levantara hace cuatro décadas el Régimen del 78, es decir, el triunviratum monarquía, constitución más el grueso del Estado.

En este tránsito, los asesores de Albert Rivera lo han vendido estupendamente como hombre de Estado, como un político “capaz” de conservar España tal y como la conocemos, desde la “sensatez” y el apego a la identidad nacional. Pero el Procés ha sido duro para todos y Rivera no iba a ser una excepción: también ha despertado su faceta más hooligan.

Envuelto en la bandera española, ha defendido un discurso que lo podría haber firmado cualquier guardia civil casposo de la España profunda. No ha tenido miramiento alguno por la veracidad de sus afirmaciones ni la responsabilidad social. Rivera, con el aplauso de Girauta, jaleó como nunca la unidad de España, criticó a destajo el adoctrinamiento político en las escuelas catalanas, habló de hispanofobia, se cebó con los independentistas —para los que pidió mano dura desde los tribunales—, se alineó con las fuerzas de seguridad a las que dibujó como pobres víctimas de la disidencia y repitió hasta la saciedad que Podemos anhela la secesión y fracturar el Estado. Con Puigdemont fue especialmente beligerante: lo llamó terrorista, comparándolo una y otra vez con ETA e incluso con los nazis. Criminalizó cuando pudo a los mossos de esquadra y su twitter fue altavoz y escaparate de bulos nacionalistas que más tarde compartieron simpatizantes de Vox y del Hogar San Juan.

Esta versión desencadenada de Rivera —que no se cansó de pedir, cual papagayo, la aplicación del 155— lo hizo parecer aún más retrógrado que el propio Mariano Rajoy, sorprendentemente comedido debido a su responsabilidad al frente del Gobierno.

Ocultos entre piropos a la bandera e insultos a los independentistas, Ciudadanos tumbó en Madrid la ILP contra los desahucios y la pobreza energética, apoyó los Presupuestos de Cristina Cifuentes y de Susana Díaz y eliminó el impuesto de sucesiones en Andalucía (una increíble patraña neoliberal), entre otras estelares actuaciones. Ciudadanos lo hizo porque pudo, porque los temas sociales pasaron a un segundo plano de la agenda mediática.

Era mucho más importante para la formación naranja desviar el foco a Cataluña y frenar al independentismo, sea cual fuera el método, fuesen cuales fuesen las consecuencias. También les resultó más provechoso jalear consignas populistas, corear a la selección de fútbol u homenajear a Chiquito de la Calzada, Marc Marquez, Nadal, Bertín Osborne y Ángel Nieto. Porque, según las encuestas de los periódicos del Régimen del 78, su política tribunera otorga votos. A golpe de titular patriótico, Ciudadanos sube como la espuma en la infame agencia de estudios sociales Metroscopia (que ya lo colocó una vez como segunda fuerza), recibiendo el trato sedoso y favorable por parte de El País y El Mundo. Parece que dándose golpes en el pecho, ondeando la bandera y rebosando testosterona están satisfechos.

Y así, mostrando una alta simpatía hacia el votante despolitizado, ha camuflado el no disponer de un discurso político profundo y a la altura, de propuestas de enjundia ni actuaciones brillantes. Abrazado al cuñadismo Ciudadanos ha camuflado su oquedad y vive los días más felices de su existencia.

Triste pero cierto.

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    5 Réplicas

  1. TT

    En serio creo que magnificáis las cosas. Está claro que Ciudadanos es la marca blanca del PP, es más, lo crearon justo cuando el PP en Catalunya se empezó a desplomar electoralmente… la pregunta es: ¿en serio créeis que Ciudadanos tiene algo que ver con VOX, con el Hogar Social Madrid, con Falange o con la ultraderecha?

    En España nos podemos dar un canto en los dientes si lo más “facha” que tenemos es Ciudadanos. Rivera es un producto de marketing, como Macron o el nuevo presidente austriaco, con la diferencia de que allí tienen a extrema derecha de verdad: en Alemania, por ejemplo, ahora mismo tienen un eurodiputado de un partido como el NPD, que están hermanados con Democracia Nacional.

    En Alemania no solo hay un partido de ultraderecha en las instituciones, hay 2. En toda Europa. Desde partidos abiertamente nazis hasta partidos más “moderados”, como los suizos. En las manifestaciones de Barcelona han coincidido nazis con constitucionalistas, pero es que en las manifestaciones independentistas coinciden el fundador de Terra Lliure con Guardiola y nadie se rasga las vestiduras.

    A Ciudadanos lo están intentando hacer despegar desde medios peperos como Antena 3 o La Razón, siempre lo hacen. El 21D se llevarán muchos votos del PP, pero tranquilos, no viene el III reich a Catalunya; en lugar de hablar de “cuñadismo” y “franquismo sociológico”, quizá más de uno deba leer a Xavier Rius o a Xavier Casals, que hacen análisis bastante más lógicos de la situación política en Catalunya

    • La Réplica

      Sí, el autor cree que C´s tiene conexiones con la ultraderecha franquista. No son todos sus integrantes, obviamente, porque su electorado es amplio, pero teniendo en cuenta que en Cataluña se alió con Libertas y que cada vez que se habla de franquismo se ponen de perfil, creemos que hay indicios suficientes para pensarlo. Y sobre todo mucha simpatía por “el orden” y el concepto de “nación”, que da un poco de miedito.

      Por otra parte, el cuñadismo aparece cuando se conjugan ciertas leyendas urbanas y teorías populistas poco fundadas sin rigor y con testosterona. Eso también lo hace C´s. Entendemos que el término cuñadismo es peyorativo y pueda no gustar a todo el mundo. Pero bueno, hacemos periodismo (de opinión) incómodo.

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