21 de noviembre del 2017
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Os voy a contar una historia muy macabra de uno de mis artistas favoritos: Dante Gabriel Rossetti (1828-1882). Este pintor y poeta fue uno de los fundadores de la escuela pictórica inglesa conocida como “Hermandad Prerrafaelita”. Pero como este artículo no va sobre arte, sino sobre un siniestro suceso de la vida de este pintor, os recomiendo que indaguéis por internet y miréis cuadros de los prerrafaelitas y en especial de Rossetti, ya que de seguro no os dejarán indiferentes.

Rossetti era un pintor bohemio, irreverente, mujeriego y libertino, en una época como fue la moralista sociedad victoriana inglesa del siglo XIX. Pues bien, uno de los primeros amores de Rossetti fue una joven llamada Elizabeth Siddal, conocida afectuosamente como Lizzie. Lizzie era una chica de 19 años hija de un cuchillero de Sheffield. Un día fue descubierta por otro pintor de la Hermandad Prerrafaelita y la convenció de que posara como modelo para sus cuadros. Lizzie en principio se negó (en la época victoriana, posar para los artistas se consideraba un oficio análogo a la prostitución), pero finalmente aceptó ser la modelo del pintor. Lizzie era una bella muchacha: alta, esbelta, de largo cuello, ojos verdeazulados y melena rojiza (su rostro puede verse perfectamente en el cuadro llamado “Sancta Lilias”), por lo que rápidamente se convirtió en la modelo “oficiosa” de un gran número de pintores prerrafaelitas, entre ellos de Rossetti, el cual se enamoró perdidamente de ella. Rossetti convenció a Lizzie para que posara sólo para él, y la joven se mudó a vivir a su estudio, primero como modelo y más tarde como amante. Durante una década vivieron juntos, prometidos aunque no casados, ya que Rossetti abominaba del matrimonio. Fue la suya una relación tormentosa, marcada por altibajos. A esto hay que sumar que Rossetti era alcohólico y adicto al cloral, una mezcla mortífera. Además, Rossetti tuvo varias amantes, entre ellas Fanny Cornforth, una muchacha muy sensual, de cabellos rubios, que trabajaba indistintamente de modelo y prostituta. Rossetti no veía contradicción alguna en el hecho de tener dos amantes al mismo tiempo ya que, según decía, Lizzie era el “amor del espíritu” y Fanny “el del cuerpo”.

El caso es que tras diez años viviendo juntos, Lizzie enfermó, y ante el temor de los médicos de que no le quedase mucho tiempo de vida, Rossetti accedió a casase al fin con ella. Su vida continuó con cierta tranquilidad hasta el 2 de mayo de 1861, en que Lizzie dio a luz a una niña que nació muerta. Presa de una grave depresión, Lizzie empezó a comportarse de manera errática y a tomar láudano, un poderoso narcótico. La noche del 10 de febrero de 1862 ambos salieron a cenar, pero tuvieron que regresar enseguida porque Lizzie comenzó a sentirse mal. Sin embargo Rossetti, en cuanto la dejó en casa, volvió a salir para encontrarse con Fanny. Cuando regresó al hogar, halló a Lizzie en coma. Había ingerido una dosis letal de láudano, diez veces por encima de la dosis prescrita, y falleció a los pocos días. Atormentado por el sentimiento de culpa y el remordimiento, Rossetti enterró con ella la única copia de sus poesías de juventud, un gesto romántico que, sin embargo, no fue suficiente para tranquilizar su conciencia.

Sancta Lilias

Rossetti entró en los años siguientes en una espiral de alcohol y drogas. Ya en 1869, la fama de Rossetti como poeta superó a la de su faceta como pintor. Su editor decidió entonces publicar una colección inédita de sus poemas. A Rossetti le entusiasmó la idea, pero la única copia que tenía la había enterrado siete años atrás en la tumba de Lizzie. Supongo que ya estaréis imaginando lo que ocurrió, ¿verdad? En efecto, la única forma de recuperar el manuscrito era profanando la tumba de Lizzie y exhumando el cadáver. Después de algunas vacilaciones, Rossetti consintió en esta acción indigna e ilegal, pero se negó a presenciarla y confió la tarea a su agente literario, quien se encargó de la misión, infiltrándose de noche en el cementerio y desenterrando a la pobre Lizzie a la luz de una hoguera. Tras recuperar el manuscrito y dejar el ataúd en su lugar, el editor comentó a Rossetti que, a pesar de los siete años transcurridos, el cadáver de Lizzie se hallaba en perfecto estado de conservación y los cabellos le habían crecido hasta envolver el cuaderno de poemas.

El libro se publicó en 1870 baja el título de “Poems” y tuvo una calurosa acogida por parte de la crítica. Pero la macabra forma en que había sido recuperado no contribuyó a detener la creciente locura de Rossetti, que pasó la siguiente década con una depresión crónica, aislado, dependiente del alcohol y las drogas, medio sordo y semiparalizado hasta su muerte en 1882.

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Antonio Romero

Doctor en Psicología por la Universidad de Sevilla. Profesor en el departamento de Psicología de la Universidad de Cádiz. Es autor y coautor de diversos libros académicos, a destacar “Psicoterapia” (Absalon ediciones, 2010) y Psicología del ciclo vital: desajustes y conflictos (El gato rojo, 2012), así como de diferentes artículos en revistas especializadas.
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