30 de abril del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Pese a contar con mucho más apego e interés por el medio natural que nos rodea, el ecosistema político nacional está viviendo tiempos emocionantes. La actualidad se ha acelerado desde hace tiempo y últimamente, el amplio espectro político ha obligado a un entendimiento histórico. Algo ya casi olvidado para nuestra joven e inmadura democracia.

La vorágine política, ahora más que nunca, recuerda a una inmensa colmena a punto de ser castrada. De igual forma que existe un revuelo que sobrevuela mesas y sillones señoriales a lo largo de consistorios, asambleas y partidos políticos. Parece que algo puede cambiar y el concejal o diputado ibérico común empieza a encontrarse en peligro de extinción. En un primer momento nunca hubiera tenido el valor de comparar la inesperada situación de nuestro político de manual, de discurso cómodo y opaco con la complicada situación que sufre la abeja común en el mundo. Aunque puestos a comparar existen más similitudes entre lo político y lo entomológico de lo esperado. Es cierto que la eficiencia demostrada por estos representantes alados de la Clase insectos parece tener poco que ver con la imagen que hoy día se han forjado una gran mayoría de los políticos en las cabezas de sus conciudadanos. El derroche de dinero público, tratos de favor, amiguismos y un discurso fácil parecen marcas de la casa que cada vez se antojan más esperpénticas a los ojos de la mayoría. De todas formas no es cuestión de tomar la parte por el todo. Y es que no son todos los que están, ni están todos los que son. Aunque, hasta en la colmena más humilde y proletaria existen zánganos y realeza.

El brusco descenso los últimos 15 años de las colonias de abejas a lo largo del mundo presenta una de las mayores preocupaciones para la comunidad científica. Tanto por la dificultad de encontrar sus causas como por la magnitud de una problemática de valor incalculable. En nuestro mundo político los cambios parecen ser parecidos aunque más bruscos, si cabe. Frente a la sosegada vida política de las últimas décadas, el escenario actual va más allá de lo que muchos pudieron vaticinar. Nos encontramos sobre arenas movedizas donde el repetitivo eslogan de partido, la consigna y la foto de turno con el pobre votante últimamente no parecen funcionar tan bien, incluso en esta campaña electoral sin fin que es 2015. No es fácil encontrar todas las causas de este frenético y fatal destino compartido entre abejas y abejorros políticos, aunque algunas se dejan intuir fácilmente. La desconexión con la realidad ciudadana o una probada corrupción ha infectado muchas instituciones.

Tras el pánico frente a la pérdida de sillones a todos los niveles administrativos por parte de los grandes partidos se intuye un sálvese quien pueda. Sin olvidar que el descenso ha sido menor del esperado, ya son muchos los profesionales de la política que empiezan a temer donde se sentarán tras este año. Se cierne un ERE que va a llevar a muchos de estos profesionales al desempleo o lo que puede ser aún más traumático, a tener que trabajar responsable y eficientemente. En un contexto con una puerta giratoria que va perdiendo inercia y una ciudadanía que observa cada vez con mayor detalle los movimientos entre políticos y empresarios. La gran pregunta es imaginable ¿Qué será mejor? Abandonar el barco a tiempo o aguantar la tormenta pese al alto riesgo de hundimiento. La disyuntiva se hace complicada pero quizá ésta sea la mejor forma de depurar y reformar a un sector de políticos totalmente desvirtuado de la realidad. Y es que las mayorías absolutas pocas veces trajeron algo bueno a los ciudadanos.

Frente a la perspectiva fatalista que se predica a los cuatro vientos, todos deberíamos ver el momento actual como la gran oportunidad pedagógica para la política. Ya que de igual forma que los insectos antófilos, aquellos que rondan por nuestras flores, permiten la indispensable polinización. Los políticos son una pieza clave que debe tomar parte activa y solidaria en la cohesión de la sociedad y vertebrar el entendimiento constructivo frente a lo destructivo. Hay que dejar de una vez el afán de protagonismo, la oportunidad de negocio, la ideología de tweet o el discurso barato de barra de bar frente a un análisis profundo y toma de decisiones sobre una realidad económica y social que aplasta a una mayoría de los ciudadanos.

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Alberto Roldán

Ingeniero de cuerpo y espíritu inquieto apasionado por el mundo de las letras y los viajes. Creo en el análisis y el debate como elemento reflexivo creador de conciencias.
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