30 de marzo del 2017
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Se preguntará la opinión pública por Macri y qué demonios habrá hecho el inefable presidente argentino para que el protocolo de recepción de una visita oficial a nuestro país sea cambiado y se le reciba con honores de eminencia del brazo del Rey.

Muchos medios presentaron ayer al máximo mandatario argentino como una figura trascendente, al tiempo que reprendían la actitud de los diputados de Unidos Podemos, que no le aplaudieron como una tribu de hooligans. Tampoco abuchearon. Simplemente no dijeron nada.

Y si no lo hicieron es porque lo único que ha hecho Macri es aplicar en Argentina la doctrina Rajoy. No porque Rajoy marque tendencia en alguna parte del mundo, -más bien todo lo contrario, va a rebufo de cualquier tema-, sino porque Rajoy y Macri, Macri y Rajoy, son exactamente lo mismo.

Ambos llegaron al poder y no perdieron el tiempo en desmantelar lo público. Recortes y más recortes hasta acabar con una población con el agua al cuello y una situación de vulnerabilidad como hacía años que no veían en países de su significancia. La desigualdad y la pobreza son señas identitarias de la realidad social de ambos países. A España le avisa Bruselas de unos índices inaceptables, Macri tiene al país en porcentajes históricos de exclusión social.

Ambos tienen una palabra comodín que lo justifica todo, uno la inflación, otro, el déficit. Pero sus medidas no sirven para paliar una cosa ni la otra.

Ambos se han visto envueltos en escándalos intolerables de corrupción, Rajoy con la Caja B de Bárcenas, su partido imputado, los favores a la banca de su ex amigo Rato, la Gurtel y todos los casos de corrupción que recitó de carrerilla ayer Pablo Iglesias, Macri envuelto en los papeles de Panamá (¿se imaginan un caso así que afecte a un presidente en Europa y que no dimita?) o perdonando deuda con el estado a las empresas de su familia (¡! que sí, que sí).

Ambos han practicado gozosamente la represión, el PP y Rajoy con la ley mordaza, el caso Strawberry, los titiriteros, Zapata o la represión sindical, Macri con una oleada de represión ante las protestas a lo largo y ancho del país o el increíble caso de las tetas.

Que la bancada de Rajoy, la gestora y el partido bisagra del Íbex aplaudan a Macri no tiene que ver con una cuestión de admiración universal o respeto al pueblo argentino. Ni Macri ha hecho méritos que se le conozcan ni el pueblo argentino se merece semejante representación. Lo único que ha hecho Macri es pertenecer a la misma élite que, sin la menor vergüenza, usan los medios y protocolos a su alcance creando una posverdad como la copa de un pino: Que Macri merece que este país le reciba con algún tipo de honor.

Y no. Macri es de los malos.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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