11 de diciembre del 2018
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Cada vez me interesa más la derecha. Pienso que es necesario interesarnos por ella para poder cambiar el mundo. Igual que la derecha es egoísta, la izquierda es egocéntrica y poco nos detenemos en mirar cómo funciona el otro lado que, por cierto, es el que conserva en España el poder político, mediático y económico desde 1995,año en el que tuvo lugar el asalto del PP al poder en las municipales y las autonómicas (Zapatero no fue capaz o no tuvo la suficiente voluntad para frenarlo, y después vino lo que vino: la burbuja inmobiliaria siguió creciendo y la agenda mediática fue dominada por las élites: “España se rompe”, “los problemas del botellón”, “la memoria histórica reabre viejas heridas”, “la traición a las víctimas del terrorismo”, etc). Ojo, esto no quiere decir que antes de 1995 el poder económico fuese de la izquierda, pero estaba más repartido.

Llegó entonces el 15 de mayo del 2011 y las plazas y las luchas volcaron esa agencia mediática, el sentir ciudadano se volcó sobre las cosas importantes. Y nos afectamos más por el desahucio de nuestra vecina que por el ruido de un botellón, y miramos hacia arriba para ver al enemigo en lugar de al lado, en lugar de enfrentarnos al compañero de trabajo o a las personas migrantes. Entonces fuimos compañeras y compañeros frente a las oligarquías. La derecha se encontraba descolocada y Soraya Saenz de Santamaría lloraba lágrimas de cocodrilo hablando sobre los desahucios mientras se veían obligados a cambiar leyes y decretos por el empuje de las plataformas de [email protected] por la hipoteca y Stop Desahucios.

En 2014 la derecha seguía descolocada, como señalaba el meteórico ascenso de Podemos, que llegó a ser primera fuerza en el CIS. En 2015 fue incapaz de articular una respuesta fuerte contra los “ayuntamientos del cambio” (hicieron el ridículo con “los Kichi quitará la Semana Santa, lo de los Reyes Magos, las farolas no encenderán y los funcionarios no cobrarán…“). En fin, la derecha seguía a la defensiva.

Pero el 2016 lo cambia todo.

En la lucha por el poder, con la ayuda de las patrias y el “Tribunal Constitucional”, izquierda y derecha emprenden estrategias opuestas. La derecha se separa en el discurso (“no haremos presidente a Rajoy porque es el presidente de la corrupción, incompatible con la regeneración“, decía Albert Rivera) mientras se unía en las cosas importantes. Ciudadanos votaba sí a Rajoy, sí al pacto antiterrorista, reclamaban la unidad de los “constitucionalistas”, se sometían ante la monarquía, pedían el 155, lanzaron una ofensiva penal ante la disidencia, etc. Mientras, la izquierda se unía en el discurso (“Iglesias con ministrables proponiendo el cogobierno con el PSOE en aquella rueda de prensa, Pedro Sánchez ganando las primarias girando hacia Podemos, Iglesias en un debate a cuatro diciendo “no Pedro, el enemigo es Rajoy“, y Pedro hablando de un bloque, una alianza de la izquierda social y política) mientras que se separaba a la hora de asaltar el poder.

La idea no es que habría que haber cogobernado con el PSOE ni ignorar la apuesta de PRISA y el IBEX por alejar a Podemos del gobierno, la idea es la relación frente al poder: el egoísmo de la derecha hace que aparezca diversa en el discurso y unida en el poder, la izquierda aparece muy parecida en el discurso y separada en el poder.

La derecha se diversifica: Ciudadanos intenta seducir a la audiencia urbana y a la gente joven y el PP al ámbito rural y a la gente mayor. El PP es derecha pasiva, como Cánovas, Ciudadanos la derecha activa, como Franco o Aznar. Mientras, el PSOE se quiere parecer a Podemos y Podemos se quiere parecer al PSOE, de una manera tan irreal y tan impostada que no se lo cree nadie. El resultado es 185 escaños frente a 140. Brutal y triste.

La izquierda no entiende el poder. La voluntad de poder de Podemos no aparece, la del PSOE no existe por mucho que se una al PP en los asuntos del poder. El contrapoder de los movimientos ahora no existe y el antipoder del 15M es tan difuso que solo queda en el imaginario y en hábitos dispersos (que no es poco). Reconstruir las posibilidades de cambiar el mundo es reconstruir la voluntad de poder, la fuerza del contrapoder y los afectos del antipoder. Fácil en verdad.

PD: El PSOE más que una organización de izquierda, hoy por hoy es un instrumento del régimen para integrar a las clases populares, pero por eso mismo necesita de una serie de discursos, estrategias y acciones, reales o simuladas, que se encuadren en la izquierda.
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Daniel Galán

Activista desde aquel 15 de Mayo del 2011 que cambió todo. Participa en movimientos sociales y vecinales de El Puerto de Santa María.

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