13 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Seguro que han visto alguna despedida de soltero o soltera por la calle. Me refiero al modelo de despedida que hoy prolifera. De forma resumida, consiste en vestir a la persona que va a contraer matrimonio de algún modo ridículo y humillante e ir gastándole bromas y sometiéndola a pruebas hasta llegar a un pub donde apaciguar (o excitar) los ánimos con alcohol y alcanzar el momento cumbre gracias a un espectáculo.

Los organizadores u organizadoras de estas despedidas suelen acompañar esta liturgia con camisetas con algún mensaje machista, un reclamo sexual o quizás con un exhabrupto del estilo “bombero, en caso de emergencia tirar de la manguera“, “la última gran juerga“, “busco la salida, ¿eres tú?” o el clásico “game over“. Desde lo soez a lo ingenuo, pasando por lo ocurrente, todo cabe.

Estas despedidas, que suelen ser alborotadas y bulliciosas, se han convertido en un negocio enorme. Pensad un momento, ¿hay algún sector que el capitalismo no pueda explotar al máximo? No. Pues por eso en las grandes ciudades se cuentan por cientos las empresas que gravitan en torno a este tipo de despedidas.

Disfraces, tartas, pack de experiencias, conciertos, etc. Algunas empresas ofertan combinaciones ciertamente esperpénticas. Ojo a esta que encontré en la red: Dragqueen + enano a un precio de risa: 66 euros por persona. No está mal, pero hay para elegir: enfermeras, enfermeros, bomberos, stripper… la gama es variada y la gente puede elegir que espectáculo desea para divertir al novio o la novia y a sus colegas. “Risas aseguradas“, reza el eslogan.

Pero volvamos a la dinámica; hay una lógica perversa en estas despedidas. Parece que se tratara de humillar al novio o a la novia. Como si la diversión estuviera ligada al nivel de bochorno que fuese capaz de aguantar el homenajeado. En otras palabras, tiene un puntito de burla y sadismo. Como pueden imaginar, no son pocas las ocasiones, en las que la despedida ha acabado mal.

En las versiones más salvajes de este tipo de despedidas, la cosificación de los profesionales de los shows es más que evidente. Con frecuencias los invitados e invitadas cruzan el umbral de la diversión y, fruto del alcohol, manifiestan actitudes recriminables. Cosificación, machismo, mal gusto y, a menudo, falta de educación, acompañan a las despedidas, que sin embargo, es una industria en alza que no para de crecer. Si nos paramos a pensar, todo lo que rodea a una boda (antes, durante y después) es un tremendo negocio que, en parte, describe nuestra manera de ser.

Pero no trata este artículo de censurar la diversión, cada cual que se divierta como quiera, sino de plantearnos que modelo de fiesta nos están vendiendo. Estoy convencido de que nos podemos divertir eludiendo el escarnio, la chabacanería y el sexismo. ¿De verdad en pleno siglo XXI no hemos inventado nada mejor? Existen modelos sencillos infinitamente más divertidos. Se me ocurren muchos ejemplos: un concierto, un viaje, un cluedo, una experiencia tipo scape room, una cena de los sentidos. Las opciones son múltiples.

Por lo que a mi respecta, si algún día formalizara mi relación, espero que no me regalen una despedida así. Es lo más parecido al infierno.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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    Una Réplica

  1. Gustavo Bravo

    Pero si las personas están de acuerdo, estigmatizar estas prácticas de una moral progresista, o más bien moralismo (es lo más parecido al infierno), es decir, con etiquetas como: “sexista”, ¿no sería una práctica neocolonialista? ¿una forma de influir y direccionar las prácticas de cierto sector a algo moralmente más ad hoc a las expectativas de un ideología política progresista?… ¿si esto fuera un ritual africano sería vista de forma tan estigmatizante como lo hace el artículo, o caería en un folclor que adora el progresismo multiculturalista?. Ahora, si bien es cierto lo de la mercantilización que hay sobre los cuerpos, lo cierto es que un concierto o un viaje, también obedece a una dinámica consumista, prácticas en las cuáles subyace la lógica del mercado que enmarca el capitalismo que critica la propia nota. Una última duda: ¿esto no va en contra del slogan “mi cuerpo yo decido” que ha impulsado los críticos del sexismo y machismo?. Y no, no vale decir que la nota aclara que “cada cual que se divierta como quiera”, porque la nota cierra con una apreciación subjetiva: “lo más parecido al infierno”, que bien puede catalogarse como una estigmatización de vivir el cuerpo de cierta manera que atente a una moral específica. Lanzo preguntas para incitar el intercambio de ideas, no porque me parezca erróneo el artículo, pues si bien no concuerdo del todo con el autor, estas ideas me surgieron mientras lo leía.

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